Quarta-feira, Março 07, 2012

Piripidpit

 Piripidpit, una joven con ideas claras y mucho carácter, tenía que casarse con el guerrero Moroiá, pero no lo soportaba”. Así comienza un cuento de los indígenas tupari del Amazonas. Como otras muchas en el mundo, la chica de esta historia pagó muy caro ese desprecio. “En cierta ocasión, al ser rechazado de nuevo, Moroiá no se contuvo y, lleno de odio, juró vengarse. Después invitó a sus amigos a tender una trampa a la joven”. Y como muchas otras mujeres, Piripidpit cayó en la trampa, y la mataron. Después de asesinarla, encendieron un fuego y asaron el cuerpo de la chica. “Mientras la asaban, cantaban canciones feroces alrededor del fuego. La carne chisporroteaba como la de un animal grasiento asándose lentamente”. Después, comieron el cuerpo de la joven. Un cuento duro. La mujer que cuenta la historia explica que esta historia se les contaba a las chicas que no querían casarse.
        Es un cuento, del Amazonas; desgraciadamente hay muchas Piripidpit en el mundo y fuera de los cuentos. El universo de los cuentos nos traen el imaginario y la realidad de las personas a través de narraciones crudas o, supuestamente, “inocentes”. El narrador, la narradora se convierte en una suerte de intermediaria entre la historia y el público. La narración nos cuenta una historia, pero quien la narra decidirá cómo colocarse ante ella. La historia de Piripidpit es la de muchas que han sido y son. Quien la narre debe decidir si la hace suya. Como en la vida en los cuentos también tendrás que decidir desde dónde miras, y aquí también, si colocarte las gafas violetas o no; ser guerrero, o una mujer de ideas claras y mucho carácter.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

Segunda-feira, Fevereiro 27, 2012


¡Ni siquiera el sueldo mínimo!


         Las sesiones de cuentos no resultan muchas veces tan placenteras como la gente cree. Algunas veces nada más acabar mandarías todo al carajo y de regreso a casa un pensamiento te ronda en la cabeza: “¿Cuánto habría que cobrar por este trabajo? ¿Merece la pena?”
         La respuesta la encuentro en la presentación de la programación de este año del Auditorium de Barañain en Navarra: “(…) cobrarán lo que el público decida con la compra de entradas: más entradas vendidas, más cobrarán”. Lo he copiado palabra por palabra. Pero se puede entender de otra manera; el ayuntamiento de Barañain no pagará nada por la programación cultural del auditórium. Quizás piensen que el trabajo de los creadores no vale nada, o el público, público potencial, decidirá si el artista come o no. ¿Qué exagero?: “¿Riesgo? Todo. Nadie les asegura los viajes, ni los hoteles… ¡ni siquiera el sueldo mínimo! Están en vuestras manos, en tus manos.”
         Pongamos por caso que el sueldo del responsable del auditórium de Barañain fuese en función de las entradas vendidas; o el del diseñador del cartel; o el de la imprenta… ¿Qué pensarían? Y además si el ayuntamiento eso lo presentara como un número de circo: “Señoras y señores, estimado público, ¡más difícil todavía! ¡Quizás no cobren!” Pues eso mismo pensamos nosotros cuando muchos ayuntamientos nos plantean trabajar a cuenta de las entradas vendidas, dejando la supervivencia de los creadores en manos del azar, quitándose de encima su responsabilidad de sostener y potenciar la cultura. La Reforma Laboral hace tiempo que la aplican con nosotros, y en silencio; como si un sueldo mínimo y digno fuese un capricho de artistas. Y todavía tenemos que escuchar muchas veces eso de “¿hacéis lo que os gusta y encima queréis cobrar? ¡Vosotros sí que sabéis vivir bien!”. Y tú, ¿qué piensas?

Quarta-feira, Fevereiro 08, 2012

Los lugares de los cuentos


         Lo vi hace poco en una grabación. Me lo enseño un colega. En un mercado de abastos de Quebec entra una troupe de gente. La mayoría son músicos, tocando violines, acordeones, guitarras y distintos instrumentos de percusión, componiendo entre todos un hermoso pasacalles entre los puestos del mercado. Uno de los violinistas se sube, entonces, encima de una mesa que hay en mitad de una pequeña plaza que hay en mitad del edificio del mercado, y comienza a relatar una historia, mientras los músicos le acompañan. Cada vez más gente se arremolina en torno a la mesa, atendiendo al narrador que cuenta en rededor, con la voz y con el cuerpo, agitado, brioso. Cuando la historia está llegando a su fin, un mundo rodea la mesa, escuchando, bailando, observando. Al finalizar el relato el narrador se coloca una larga chistera desde la que sale un humo blanco cual chimenea de tren, y uniéndose al resto de los músicos continúan el pasacalles. Ese día el mercado más que un lugar de compra-venta, se transformó en una fiesta, por un momento siquiera.
         En estos tiempos en los que la privatización de los espacios públicos cada vez es mayor, ocupar la calle con alegría es hacer partícipes a los ciudadanos y ciudadanas del devenir de la ciudad que habitan y viven. Y contar cuentos es ayudar a llevar la imaginación a los espacios urbanos. Pero los cuentos necesitan también de otros espacios. Un espectáculo de narración creado por un narrador, una narradora, necesita de otros espacios. Relatar cuentos no es, sin más, maravillar a quienes escuchan con historias bonitas, y hasta interesantes. En condiciones inadecuadas se pierde el encanto de la narración. Un espectáculo de cuentos necesita espacios adecuados, para que la narradora, el narrador, puedan exponer su propuesta de manera digna, para que el público esté cómodo ante el espectáculo. Es precioso contar a la gente que transita de puesto en puesto, en mitad de un mercado, subido a una mesa, ya que ayuda a humanizar los espacios públicos; pero para humanizar los espectáculos de narración hace falta otros espacios, también. ¿Los teatros quizás?

Artículo publicado originalmente en euskara en el diario GARA

Quinta-feira, Janeiro 26, 2012

¿Quién es narrador?


He admirado siempre a aquellas personas que se dedican a definir el significado de las palabras, confeccionando diccionarios. Me parece que hay que tener una gran capacidad de conceptualización. Muchas definiciones, en cambio, no se ajustan a las expuestas en los diccionarios, ya que se construyen en función de otros intereses.
Tenía interés en cómo aparecía la definición de narrador/a en el diccionario. Veamos qué nos ofrece la Real Academia de la Lengua Española:
Narrador, ra: adj El que narra.
Bueno, no especifica mucho. Veamos otra cosa:
Narrar: 1. Contar, referir lo sucedido, o un hecho o una historia ficticios.
No me sirve para lo que busco. Quizás con...
Cuentacuentos: La palabra cuentacuentos no está en el Diccionario.
Veamos una última opción:
Cuentista: 1. adj. coloq. Dicho de una persona: Que acostumbra a contar enredos, chismes o embustes.
2. com. Persona que suele narrar o escribir cuentos.
3. com. colq. Persona que por vanidad u otro motivo semejante exagera o falsea la realidad.
         Bueno parece ser que esto ya se ajusta más a lo que busco, sobre todo la segunda acepción. Aunque en ninguna logro encontrar aquella definición que trata la narración oral como oficio.
         Pero yo en realidad quería saber, simplemente, quien es narrador, cómo definir a quienes tienen esta actividad como oficio, ya que últimamente andamos perdiendo el tiempo en estas cuestiones. Y todo por la necesidad de definir el oficio en función del mercado. De todas maneras, ¿Quién dicta quien es narrador, cuentista, cuentacuentos, cuentero? Quizás sea el precio a pagar por enredar en este maldito mercadeo cultural donde lo único que importa son las cuentas, más que los cuentos.


Pintura de Mariana Sellanes
Artículo publicado originalmente en euskara en el diario GARA.

Quarta-feira, Janeiro 11, 2012

La historia del niño que quería dibujar una raya


         Jo sabi un conte.

         Una vez un niño estaba extrañado por no ver la línea de la frontera en el suelo, tal y como aparecen en los mapas. “Si no hay rayas, ¿cómo sabes dónde está la frontera?”, preguntó. En lugar de recibir la respuesta demandada, tuvo que escuchar toda una perorata sobre los mojones fronterizos. Pero, seguramente, no iba tan descaminado, ya que si en la realidad no existen esas líneas imaginarias que diferencian dos territorios, ¿cómo podemos saber en cuál de ellos estamos?; sobre todo si quieres contrabandear, o escapar, o, quizás, hacer más interesante el interesante país de esa amante tan interesante.
         El niño no quería saber, en realidad, dónde estaba la línea sino él mismo. Entonces podría decir: “¡He estado en el extranjero!”; y sus compañeros de clase escucharían boquiabiertos las historias de las gentes y los lugares allende la frontera. Por eso quería dibujar una raya en el suelo, para hacer un viaje maravilloso.
         Acaso, para eso están las fronteras, para que contemos historias maravillosas. Pero dejemos ahora al niño dibujando su raya.
         El monte Urdaburu no es un monte alto, es más bien pequeño, de unos 600 metros, fácil de ascender. En cambio, nada más llegar a su pequeña cima una hermosa visión nos rodea. A nuestros pies el bosque de Añarbe, extenso, extraordinario, mágico. Hacia el sur montes hasta el horizonte, salpicados de caseríos, prados y frondosos bosques. Al girarnos, al norte, podremos ver a lo lejos San Sebastián/Donostia y los pueblos de la cuenca del Urumea, rio que bordea el Urdaburu. A la derecha el valle del Oiartzun, alternando lo rural y lo estrictamente urbano; más a la derecha las poblaciones del valle del Bidasoa. Y como fondo de todo ello el mar. En la misma cima del Urdaburu existe un mojón fronterizo, que marca los lindes de tres poblaciones: Donostia, Hernani y Errenteria. Y sentándote encima reflexionas sobre dónde te encuentras en ese momento. No ves líneas divisorias en el suelo. Y piensas: ¿Será este mi mundo? ¿Habrá otro mundo más allá de las montañas y la mar? ¿Cómo se señala nuestro lugar en el mundo?
Escuchemos la historia de esta chica.
         Una joven quiso saber hasta dónde llegaba el mundo. Había oído que allí, a lo lejos, había un precipicio gigantesco, desde el cuál caía el mar al infinito. Decían que aquello era el fin del mundo.
         Se despidió de los de casa y se fue. El viaje era largo, muy largo. Atravesó los montes que veía desde la ventana de su casa, los lindes de su mundo. Desde allá arriba se extendían ante sus ojos verdes prados infinitos. Cruzó bosques y ríos, desiertos y selvas. Conoció lugares y gentes extraordinarios. Y cuando preguntaba sobre el final del mundo le respondían: “Más adelante, más adelante”.
         Recordó la historia de las ovejas.
         Cuando todos los seres vivos hablaban, las ovejas andaban buscando frescos y sabrosos pastos. Pero cada vez que agachaban la cabeza para probar la hierba, esta les decía: “Más adelante mejor, más adelante mejor”. Y seguían adelante sin probar bocado. Pero más adelante recibían la misma respuesta: “Más adelante mejor, más adelante mejor”. Al final la ovejas decidieron: “Aquí mejor, aquí mejor”. Y desde entonces podemos ver en nuestros montes a las ovejas disfrutar de los verdes pastos.
         ¿Dónde acababa el mundo? ¿Más adelante, más adelante? Iba ensimismada en estos pensamientos cuando vio una vieja cabaña. Estaba en mitad de un claro que se abría en el bosque. A la puerta de la cabaña había un hombre sentado, un hombre anciano. Plácidamente sentado.
         Mientras la chica se acerca al anciano os contaré una cosa.
         Una vez, mientras cuidábamos las ovejas, o las ordeñábamos o les dábamos a comer avena, ya sabéis para que se “calentasen” antes de enviarlas a los prados estivales de montaña, Manex me dijo, sin ninguna razón previa, a mi entender por lo menos: “Sigue así, hablando euskara, ya que sin eso no somos nada”. Y siguió con su trabajo. Nacido en aquel caserío de Azkarate, cerca de Saint Jean Pied de Port/Donibane Garazi, estuvo de pastor emigrante en Estados Unidos, en Nevada, y regresó para hacerse cargo del caserío, con sus ovejas y sus viñas. Ese mundo suyo casi exclusivamente sólo existía en euskara, siendo el francés un idioma algo extraño en su boca.
         Cada quince días cruzaba en tren la frontera en Hendaia de regreso al caserío. Allí montaba en otro tren hasta Baiona, y después, en un tercer tren, llegaba hasta Garazi/ St Jean Pied de Port. Cada vez, en el puente internacional la policía me sacaba de la fila y me hacía esperar mientras hacían “comprobaciones” con mi documento de identificación. Después me dejaban seguir. Cruzar la frontera no era tan libre. Cuando llegaba al caserío, la única documentación era el idioma, ya que la existencia no estaba en un número de un documento de identificación.
         Dejemos estas cosas y sepamos qué le ha ocurrido a la joven, la que hemos dejado acercándose a la cabaña del anciano.
         El anciano estaba sentado a la puerta de su cabaña, plácidamente. Ha visto acercarse a la joven. Al llegar a su lado, se han saludado. El hombre invita a la joven a sentarse y le pregunta qué le ha llevado hasta aquel apartado lugar. La joven le responde: “Estoy haciendo un viaje para saber dónde acaba el mundo”. El hombre, después de un silencio vuelve a preguntar: “¿Por qué?”. “No sé, por curiosidad quizás; pero querría conocer lo que existe más allá”. “Yo –dijo el anciano-, no conozco más que estos lugares. Esta cabaña mía, los prados de alrededor, el bosque y esos montes. Ese es mi mundo, pero me gusta sentarme aquí, tranquilamente y observar, descubrir a cada momento nuevos detalles, el constante cambio de la naturaleza. Y conocer cada día algo nuevo o alguien. Tú, por ejemplo. Seguramente el mundo será extenso, inabarcable para mi imaginación, la pregunta en cambio es: ¿qué lugar tengo yo en ese mundo? ¿Tú has encontrado tu lugar en el mundo haciendo ese viaje?”
         La joven no supo qué responder. Sentada al lado del anciano observó los alrededores, los prados, el bosque, los montes, escuchó sus sonidos, miró el riachuelo.
         ¿Qué estará haciendo el niño que hemos dejado dibujando una raya? Veamos. En el parque cercano a su casa comenzó a pintar una raya; fue continuando esa línea hasta darle la forma de una casa. Al final había dibujado una preciosa residencia. Después se colocó dentro y dijo: “Esta es mi casa”. Alguien, seguramente una persona adulta, le dijo: “Pero no le has puesto puerta a tu casa, sólo el hueco, si te descuidas entrarán los ladrones”. Entonces el niño respondió: “La casa no tiene puerta para que venga de visita quien lo desee; una casa sin amigos ni visitas es una casa triste y aburrida”.
E cric cric
Mon conte es finit
E cric crac
Mon conte es acabat
Passi per mon prat
Ambe una culhèra de favas que m’n donat.

Escrito leído en los Encontres Literaris 2penents. Rencontres litéraires des deux versants pyrénéens, celebrados en Pau (Bearn-Occitania), con el lema "Fronteras"
http://www.hestivoc.com/Rencontres_Litteraires.99.2.html

Terça-feira, Janeiro 10, 2012

El hombre que perdió la memoria

La memoria es un barco que navega. Entre tormentas y mares en calma. Y cuando arriba a un puerto recuerda la navegación.
Y aquel hombre perdió la memoria.
Era un náufrago en la vida. No recordaba nada de lo que vivió, por lo que inventó su vida. Y contaba  todos lo que ocurrió sin haber ocurrido.
Un buen día llegó un joven que lo reconoció. Conocía sus recuerdos olvidados y su memoria perdida. Y se la contó.
El hombre que había perdido su memoria pensó. Valoró su vida anterior. Valoró sus recuerdos traídos por aquel joven. Y decidió.
El hombre que perdió su memoria decidió prescindir de ella. No amaba navegar por mares procelosos ni océanos interminables. Prefirió aquel puerto donde un día atracó.
Y el hombre murió. Y aquel joven recordó su memoria. Pero nadie le creyó.

Quarta-feira, Dezembro 28, 2011

Inocente


         Un cuento tradicional nos explica la procedencia del dicho “la verdad de Getaria” (en castellano algo así como “verdad de perogrullo”). Esperando no levantar demasiadas iras entre los getariarras, la expondré por encima siquiera.
         Parece ser que en Getaria (Gipuzkoa) no conocían la verdad y teniendo la necesidad de ella enviaron a tres personas a Iruñea (Pamplona), con el encargo de pedírsela al obispo. Al llegar a la ciudad tres estudiantes tunantes viendo en ellos la oportunidad de sacar unos cuartos para la merienda de ese día, les engañaron convenciéndoles que ellos trabajaban para el obispo y que se la pedirían en su nombre. Al cabo de un rato y tras el pago de unas monedas, les entregaron una sopera tapada, diciéndoles que allí dentro se encontraba la verdad del obispo, pero que no abrieran el recipiente hasta llegar al pueblo. Y los tres paisanos tomaron el camino de regreso. Al llegar al pueblo, todos los habitantes se agolpaban en el salón de la casa consistorial, ávidos de conocer la verdad. Cuando depositaron la sopera enseguida se percataron de la pestilencia que surgía de aquel recipiente. El alcalde, queriendo comprobar si el gusto se complementaba con el olor, introdujo un dedo en la sopera y después de llevárselo a los labios, exclamó: “¡Esto es mierda!”. Se acercó el cura y, efectuando la misma operación, confirmó: “¡Es verdad!”. Y en Getaria todo fue alegría y alborozo.
         Son muchos los relatos populares a lo largo del mundo que nos hablan de la búsqueda de la verdad. La misma Biblia nos presenta a Dios como la única y verdadera Verdad. La búsqueda de la verdad es un camino interminable para las personas humanas; y en nombre de esa verdad se han dicho grandes mentiras y cometido atrocidades enormes. Pero a quien todo lo cree lo tenemos por una persona inocente; en cambio, al mentiroso lo tomaremos por lúcido, despreciable acaso, pero alguien que sabrá abrirse camino en la vida. Habrá quien se ría a costa de los de Getaria por ser tan inocentes, sin caer en la cuenta que no es más que un cuento, y, quizás, sin percatarse de que sus verdades están envueltas en la pestilencia de sus mentiras.

Publicado originalmente en euskara en: http://www.gara.net/paperezkoa/20111227/311961/eu/Inuxente

Sexta-feira, Dezembro 16, 2011

El teatro desnudo


         “Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro lo observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral. Sin embargo, cuando hablamos de teatro no queremos decir exactamente eso”[i]. Con estas palabras abre Peter Brook su conocido ensayo “El espacio vacío”. Por supuesto esto no es más que el principio, a partir de aquí nos ofrece una hermosa lección sobre el arte teatral. Pero por ahora quedémonos con esa reflexión, es decir, ¿de qué hablamos cuando hablamos de teatro? Comencemos por la simplicidad, por el hecho teatral en su concepción básica, como hicieron Eugenio Arozena y Xabier Lete en su trabajo dramático “Antzerkia deuseztik izatera” (El teatro de la nada a la existencia”, obra escrita para el grupo teatral Intxixu. En este trabajo escénico planteaban un recorrido por distintas expresiones escénicas y teatrales desde las representaciones prehistóricas hasta la época contemporánea.
         Esa concepción vacía de la acción teatral que plantea Brook quizás pueda entroncarse con aquellas representaciones prehistóricas, cuando aquella simplicidad era suficiente para expresar las preocupaciones y reflexiones sobre la existencia humana y su lugar en el mundo. Con la evolución de la Historia, el teatro evolucionó también. Se fue llenando aquel espacio vacío. El escenario se cubrió con un edificio. Ese edificio se convirtió en un espacio elegante. Y con ello, el hombre que cruzaba el escenario perdió importancia en beneficio del continente. Asistir al teatro se convirtió acudir a una estructura arquitectónica. Aun espacio lleno, lleno de cosas. “Decimos que el cine mata al teatro tal como era cuando nació el cine, un teatro de taquilla, salón de descanso, asientos con bisagra para permitir libremente el paso del público, candilejas, cambios de decorado, entreactos, música, como si el teatro fuera por propia definición esto y poco más”.
         Ya hace años que el escritor inglés publicó ese importante trabajo y propuesta teatral. Hace años, también que la pareja Arozena-Lete propusieron ese viaje escénico para salir de la inexistencia. En estos momentos que presentan los presupuestos institucionales se vislumbran también viajes de retorno, hacia la nada, el vacío. El teatro se está convirtiendo en un escenario vacío. Ahí están los edificios, con sus ventanillas, asientos reclinables, telones y decorados; pero si uno se coloca en mitad de la platea no escuchará los pasos del hombre que cruza el escenario. Ni el juego parateatral de Xelemon. Percibirá el teatro desnudo, ya que los actores están en la calle, fuera del edificio, representando la nada.

Artículo publicado originalmente en euskara en la revista ARGIA: http://www.argia.com/argia-astekaria/2302/antzerki-biluzia


[i] El espacio Vacío. Peter Brook. Edit Nexos Barcelona 1986

Terça-feira, Dezembro 13, 2011

¿Qué contar? ¿Cómo?


         “¿Las personas hacen la sociedad, o la sociedad las personas?”, se preguntaron hace tiempo en la sociología. Al contar cuentos suelen aparecer de vez en cuando reflexiones y dudas del estilo, es decir, ¿Es el cuento el transmisor de ideas, actitudes o valores, o lo es el narrador? En ello estábamos Bea y yo, charlando sobre el tratamiento de la mujer en los cuentos tradicionales. Discusión tan vieja como enredada, ya que, añadido a las reflexiones y discusiones que podamos tener los narradores y narradoras sobre el tema, hay que tomar en cuenta la acogida y respuesta por parte del público en relación al tema que nos ocupa. ¿Contar los cuentos tradicionales tal y como los recibimos o cambiarlos? ¿La creación en función de las ideas, o las ideas en función de la creación? Del mismo que Brecht puso a un obrero preguntándose ante la historia, los narradores y narradoras, como sujetos creadores, tendremos que hacernos preguntas ante los cuentos.
         Los cuentos tradicionales me encantan y soy un ferviente defensor de ellos. Los cuentos de tradición oral, a diferencia de los escritos, no son relatos acabados, fijos, estáticos; por el contrario, son relatos comunitarios que viven en constante transformación. Son creaciones que han ido adaptándose a través de los tiempos y culturas. ¿Qué se puede, entonces, cambiar y qué dejar? He ahí la cuestión. Para responder, o intentarlo al menos, a tal cuestión es imprescindible y necesario conocer los cuentos tradicionales, así como sus evoluciones temporales y culturales. El narrador, la narradora, tendrá que reflexionar sobre ello, pero, al mismo tiempo, reflexionar en torno a la sociedad que habita, sus posiciones, actitudes, contradicciones. Quien cuenta cuentos no puede ser un creador que viva aparte de la sociedad. Pero, ¿sólo los narradores?


Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20111213/309451/eu/Ze-ipuin-kontatu-eta-nola

Sábado, Dezembro 03, 2011

Los viajes soñados


“¿Dónde está propiamente el que duerme?” Maria Zambrano


         Los sueños tienen su propio tiempo. Cuando dormimos el tiempo transcurre a otra velocidad, no más rápido, ni más lento, sino en el tiempo del sueño. Y en ese devenir todo es posible. Entraremos en otra dimensión de nosotros mismos; que nos trasportará fuera de nuestra cotidianeidad. Podremos ir al lugar más lejano y conversar con la persona más extraña. Viviremos momentos espantosos y gozosos. Andaremos de taberna en taberna por aquel pueblo, con esa amistad que no veos hace años, y cumpliremos con lo incumplido entonces. Y lloverá en un día soleado, y pasearemos por el Himalaya en bañador, con un mojito en la mano, bailando sala con los sherpas.  Y los relojes se derriten en los sueños, pues el tiempo es elástico en los sueños.
         “Entrar bajo el sueño es por tanto desprenderse, sin perderlas, de las envolturas temporales que caracterizan la vigilia, irse despojando de todo lo que a ellas corresponde”. La filósofa María Zambrano nos alecciona sobre la relación que se da en las personas entre el tiempo y el sueño. Nos habla de la conciencia del tiempo y su importancia en la vida humana. El dormir y la vigilia analizados desde esas percepciones temporales; investigando y reflexionando sobre la misma existencia humana condicionada por la temporalidad. La importancia del tiempo en nuestras vidas comienza en el momento mismo que tomamos conciencia de nuestra existencia; no en el tiempo que marca el reloj, sino en la división del día y la noche, de la luz y la oscuridad, tomados ellos dos como dos espacios. Y en esos dos espacios dividimos nuestra consciencia y nuestra inconsciencia. El soñar no es simplemente una acción, según Zambrano, es también un espacio, donde ocurren cosas que escapan a nuestro control, sin tiempo, o, si lo preferimos, fuera de un tiempo que no conocemos. Quizás por eso mismo soñemos despiertos. Ese espacio, ese acontecimiento que ocurre mientras dormimos, que escapa a nuestro control, deseamos repetirlo desde la consciencia. Rompemos entonces con nuestro tiempo cotidiano y queremos partir hacia otra realidad. Y soñamos lugares desconocidos, lejanos, viajes deseados y gentes extraordinarias. Situaciones gozosas, tranquilos atardeceres y fiestas con desconocidos. Imaginamos playas paradisíacas y montañas inexpugnables; selvas insondables y desiertos interminables. Y organizamos un viaje. El viaje de nuestros sueños. El viaje no será lo que está aconteciendo, sino lo imaginado con antelación y lo rememorado después. Entonces el viaje existirá en otro tiempo, no será presente, ni pasado ni futuro, sino que, como en los sueños, existirá en su propio tiempo; reflejará otra realidad, que no ocurre mas que en nosotros mismos y que, a menudo, existirá fuera de nuestra control consciente. El viaje será el lugar que nos ayuda a escapar de nuestra cotidianidad, de la rutina, del trabajo, de los problemas. A través del viaje imaginaremos otra vida, donde todo es posible, donde el tiempo será otro tiempo.
         Pero, al mismo tiempo, es necesario terminar el viaje, regresar, para así tomar consciencia de él, ya que sólo así existirá. Como en los sueños, donde es imprescindible despertar para poder tomar consciencia de ello. Necesitamos de estos dos espacios para tomar conciencia de nuestra existencia, ya que de no discernirlos se nos haría incomprensible esa  misma existencia. Pero, al mismo tiempo, necesitamos socializar esa experiencia, compartirla con el otro, fortaleciendo de este modo el recuerdo de aquello que queda fuera del tiempo y, al mismo tiempo, reafirmaremos su presencia. Y sentiremos el placer de viajar.
         Qué ocurre, en cambio, cuando para alguien el viajar se convierte en obligación, una obligación nada placentera. Cuando el sueño no es conocer territorios maravillosos, o culturas desconocidas. A quien el sueño del viaje se convierte en pesadilla, ¿deseará pasar a ese tiempo desde el cotidiano? Da la impresión que el viajar, conocer el mundo, los viajes aventura, los de placer o los alternativos, se hayan convertido en imprescindibles en nuestra sociedad occidental, norteña. Y quien no viaja no conoce los placeres de la vida. Pero para la mayoría de los viajeros que atraviesan el planeta, el viajar no es ningún placer, sino una condena. Y sus sueños quedaron en aquel lugar que dejaron atrás, o robados por las mareas marítimas, o en una espalda mojada. Quizás los que sueñan esos mundos maravillosos, sean los familiares y amigos que, en aquel lugar del mundo abandonado y lejano, esperan el relato de un viaje extraordinario.
         ¡Ay!, pero estos no son viajeros o aventureros sino emigrantes. Los viajeros son poseedores del tiempo de los sueños, los emigrantes, en cambio no tienen nada, ni derecho a soñar. Son despojados del tiempo de sus sueños. “…decir persona es decir libertad y disponibilidad de tiempo”, nos señala María Zambrano, por lo que al negarles ese tiempo, les negamos de esta manera la libertad. Soñar un mundo nuevo, es soñar un nuevo tiempo, donde todas las personas tengamos ese derecho, es decir, derecho a nuestros sueños y a nuestro tiempo. Viajar debería ser adentrarse en esos territorios, y acoger a los viajeros en nuestra casa en hacernos partícipes de sus sueños. Para entrar en un tiempo nuevo de la Historia.

Sexta-feira, Setembro 23, 2011

Había una vez en...Legutiano

El surgimiento del habla será, seguramente, una de las evoluciones más importantes del ser humano. El cambio que supuso la concreción física del pensamiento en la comunicación entre los seres humanos, marcó, sin duda, el posterior devenir de la humanidad. A partir de entonces, los idiomas pasarán a ser uno de los instrumentos más importantes de dicha inter-comunicación, tanto personal como colectiva; siendo ese ímpetu comunicativo, esa necesidad de contar, una de las características más claras de la complejidad intelectual humana. De esa necesidad de decir, de contar, surgirán los cuentos, los relatos, las leyendas, los mitos; convirtiéndose todos ellos en una de las particularidades más determinantes de las culturas en constante evolución.

Durante el s. XIX, principalmente, comenzó en Europa un movimiento de recopilación de cuentos tradicionales, considerándose a estos como una muestra identitaria de las culturas asentadas y desarrolladas en cada lugar. Siendo como era la mayoría de la población analfabeta (y no digamos las pertenecientes a comunidades con idiomas no oficiales), la transmisión oral era determinante en la difusión cultural e identitaria. El País Vasco no fue extraño a esa corriente, comenzando las recopilaciones primero en la parte continental (Cerquand, W. Wester…), continuando después en la peninsular (Azkue, Barandiaran…). La importancia de los cuentos populares en la cultura de una comunidad no se ciñe únicamente a su valor lingüístico o literario, ya que a través de ellos también se difunden cosmovisiones, valores propios, conocimientos, particularidades y evoluciones para entender dicha cultura. Pero contar cuentos es también una actividad artística, es decir, una utilización creativa y bella del lenguaje, decir sin hablar, jugar con quien escucha, adentrarse en territorios imaginados. El valor de los cuentos en las sociedades tradicionales ha evolucionado con los tiempos, al mismo tiempo que la sociedad que los acoge, pero sin perder el valor de ese importante momento cuando se escucha una historia. Dicen que dios creo a las personas porque quería escuchar historias; así es de divino ese acto. Y quizás por eso mismo ha habido siempre personas que convirtieron esa necesidad en oficio, relatando cuentos de pueblo en pueblo, no sólo como un medio de transmisión cultural, sino como parte de su oficio, como artista creador, del mismo modo que los actores, cantantes o pintores.

En la sociedad moderna, con todos sus adelantos tecnológicos, aunque parezca mentira, no se ha perdido la importancia del habla. La gente quiere escuchar cuentos, quiere escuchar a alguien contar historias maravillosas; al margen de la velocidad cotidiana, tomar aire y perderse en un relato fascinante. El escuchar por boca de otra persona un bello relato, quizás, nos hace tomar conciencia de nuestra existencia humana. Seguramente en ello radicará la importancia de contar una historia a viva voz. Y esa actividad que nos llega desde la tradición tiene continuidad hoy en día.

La divulgación de los cuentos ha pasado de manos de los folkloristas al arte de los narradores orales. Aunque mucha gente siga pensando que escuchar cuentos es una actividad infantil, lo cierto es que cada vez abundan más los espacios donde se programan sesiones de cuentos para adultos y jóvenes. La narración oral ha pasado de los hogares a la escena, saltando al terreno de las artes escénicas. Y los narradores y narradoras vascas caminamos junto a ese movimiento que comenzó en Europa ya hace bastante más de veinte años. Eran pocos al principio, tres o cuatro, pero hoy en día los narradores y narradoras vascas ofrecen sus propuestas narrativas en bibliotecas, casas de cultura, teatros, bares y demás lugares. La narración oral vasca ha atravesado nuestras fronteras presentando sus espectáculos tanto en distintos lugares de Europa como en otros continentes, llevando a esos lugares cuentos tradicionales y modernos.

Queriendo mostrar esa realidad a la sociedad vasca, hace seis años la asociación Kontalariak organizó la primera Fiesta de los Narradores vascos en Getxo (Bizkaia). Después vinieron más, Aramaio, Pasaia Donibane, Etxalar y Bermeo; siempre con la idea de la palabra festiva e itinerante, de la que participan tanto los narradores como los que se acercan a ella. Este año la palabra viajera llega a Legutio, en Araba, donde se extenderá por todos sus rincones, demostrando que aún siendo una actividad remota, la narración de cuentos sigue hoy en día felizmente viva. Para demostrar que los cuentos no tienen edad. Porque el ser humano gusta de escuchar cuentos, pero, sobre todo, porque necesita escuchar por boca de otros relatos maravillosos. Este año Legutiano será la capital de ese reino.

Contando en Legutiano

Lo hicimos un par de veces. De la mano de la Asociación cultural Mikelazulo juntamos a un grupo de niños y niñas y los llevamos a conocer la parte vieja de Errenteria, para enseñarles la historia de aquellas calles. Pero en vez de perderles en daos históricos, pensamos que era más interesante contarles las historias de la historia, conocer la historia de nuestro pueblo a través de la fantasía y la imaginación; de este modo aquellas viejas calles serían lugares narrados. Y nos adentramos en ellas, contando.

Desde que llenamos de cuentos las calles de Getxo, los narradores y narradoras vascas, hemos recorrido unas cuantas poblaciones. Con nuestra fiesta itinerante. Aramaio, Pasaia Donibane, Etxalar y Bermeo llegaron después. En todos esos lugares la idea era simple: ofrecer nuestros cuentos en sus salas, bares, calles, plazas y rincones. Los narradores que formamos parte de la narración oral vasca, con nuestros cuentos pretendemos así, completar de alguna manera el mapa de la narración en nuestro país. Y queríamos darle un aire de fiesta, la fiesta de la palabra dicha. Sacar la palabra a la calle de una manera artística, a través de la imaginación, comunicándonos frente a frente. Andar contando por los bares, los rincones, las calles, las plazas, es también una manera de reivindicar los cuentos contados.

Los narradores y narradoras vascas dando a conocer de este modo nuestras propuestas artísticas, estamos también ligando los cuentos a la vida de un pueblo, a su cotidianeidad, a sus lugares, a su imaginario colectivo. Este año nos vamos a Legutiano, en Araba. Ocuparemos sus bares, sus plazas, sus calles. El último fin de semana de septiembre Legutiano será la capital de la narración vasca. ¿Quién se apunta?


Artículo publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20110920/291907/eu/Legution/kontari/

Quarta-feira, Setembro 07, 2011

Las Antípodas

“Oye, hace poco supe que las antípodas no es un país. Me lo aclaro mi tío; que si haces un agujero a través del mundo, pues… allí; en la Antártida o por ahí, Pero no es un país”. Antes de comenzar a contar cuentos en la Romería de Eskolunbe, en Araba, me lo aclaró en la cantina Pedro. Muy simpático, aún más después de trasnochar y tomando un café con “unas gotas”. Claro, alguien pensará: ¡Qué incultura!”; pero hablando del cuestiones de la huerta, ¿quién es el inculto? Pero más intrigante se me hizo lo que comentó después: “Yo también sé un cuento, pero no te lo voy a contar porque me pongo triste, ¡es tan bonito!”.

El andar de un lado para otra se hace cansado muchas veces, pero otras muchas tenemos encuentros bonitos. Conocemos gentes y lugares que, seguramente, de otra manera no conoceríamos, y nos cuentan cosas que no sabríamos, quizás, nunca. Contar cuentos no es ir de un lado para otro sin más y echar lo nuestro. Así como pedimos que se nos escuche, debemos, del mismo modo, saber escuchar. Contar cuentos no es, simplemente, relatar algo; es más que eso. Contar cuentos es buscar la comunicación, interactuar con quien escucha. Y la cantina de una romería, con una cerveza en la mano, es un buen lugar para interactuar. De lo contrario estaremos en las antípodas de la narración, pensando que es un país; sin adivinar que las antípodas es un territorio imaginario que cambia según dónde te halles y que, para vislumbrarlo, hay que agujerear el mundo. Entonces aprenderemos a contar cuentos. Quizás.

Y, probablemente, entonces, sabremos esa historia tan bonita que pone triste a la gente. O podemos ir a la romería de Eskolunbe, en Araba, el año que viene.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20110906/289163/es/Antipodak/

Terça-feira, Agosto 23, 2011

Gargantúa



Gargantuam n’èra pas de nòste païs; pr’aquò dison que passèc entà nosauts. Dison que venguèva deu costat de Bordèus, e que se n’anava entà l’Espanha.

Era un òme haut sèt còps coma lo cloquèr de Sent-Gervasi. Gran coma èra, n’avèva pas sonque a draubrir la boca ende envalar los ausèths deu cèu.

Así comienza la historia de Gargantúa que cuentan en Gascoña. Un gigante siete veces más grande que las campanas de la iglesia de San Gervasio; quien, abriendo la boca, se tragaba todos los pájaros. Del cielo. Cuentan en Gascoña que no era de allí, que venía de Burdeos camino de España, haciendo una parada en sus tierras. En el País Vasco sabemos que camino de España hizo otro par de paradas más en Gasteiz/Vitoria y en Bilbao, para acudir a sus fiestas. Y allí lo podemos encontrar abriendo su gran boca mientras engulle un niño tras otro. Y los niños y las niñas en fila deseando ser engullidos por el monstruo, para salir después por sus posaderas, allí donde despierta más de uno y una, tras una larga noche de divertimento

Muchas veces los cuentos tradicionales se ven como algo del pasado, sin relación con nuestras actuales vidas, y vivencias. Las tradiciones, sin embargo, están en continuo movimiento, haciendo su camino en el devenir del tiempo. Y en cada época las gentes han adoptado y adaptado las costumbres, cuentos, relatos, manteniéndolos vivos, para que continúen su camino.

¿Cuál es la fuerza de este Gargantúa para que niños y niñas esperen ser engullidos por él? ¿Por qué ese deseo de introducirse en su garganta para salir por el culo después? Quizás sea una manera de conjurar sus miedos. Quizás, sea una suerte de viaje interior para enfrentarse a la vida. A saber.


Artículo publicado originalmente en euskara en el diario GARA http://www.gara.net/paperezkoa/20110823/286464/es/Gargantua

Quarta-feira, Julho 27, 2011

Relatos de madrugada

Una vez, estando en fiestas de Oiartzun explicando a una botella de cerveza el ambiente de aquellas nocturnas horas, una joven pareja charlaba a mi lado, apoyados como yo en la provisional barra de aquel provisional bar callejero. "¡Ay, qué bonito es el amor!"- suspiré; pero, claro, en ese dialecto que utilizamos a esas horas, es decir "¡jdoderg, je boditdo ezs elhaborg!". En estas estaba cuando veo que la chica se va, dejando allí al muchacho. entonces, para mi sorpresa, el joven se gira y me dice: "Cuéntame un cuento, es que quiero ligar con esa chica, y así luego se lo cuento". Mi corazón se expandió como la luna llena. Comencé a contarle un cuento tras otro, buscando el más adecuado para sus intenciones. Al rato regresó la chica y continué contándoles a los dos, allí, en aquel provisional bar callejero y fiestero. Al cabo de un rato, la pareja se fue después de darme las gracias. Yo pedí otra cerveza, con una gran sonrisa, en el alma.

¿Para qué sirve contar cuentos? Quién sabe. Como muchas acciones y hechos humanos el contar cuentos no tendrá un único objetivo; de todas maneras, el escuchar una historia por boca de otra persona nos coloca en una relación imaginaria. La época veraniega es también la de las fiestas populares, propicias para otro tipo de relación entre las gentes. Y, entonces, cuando no sabemos qué decir o cómo, quizás un cuento nos abrirá una puerta maravillosa. Aunque estemos apoyados en un bar provisional y fiestero, en medio del remolino festivo. Y entonces, si alguien te cuenta una bella historia, no tienes que tener miedo a nada. Salvo a la resaca del día siguiente.


Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20110726/281222/eu/Ordu/txikiko/kontuak/

Segunda-feira, Julho 04, 2011

FEST 2011 Toledo




Canta Ruper Ordorika, cantautor vasco, "Berandu Gabiltza" (Andamos Tarde), y un mes he tardado en ponerme a escribir esta pequeña crónica del IV encuentro de FEST (Federation of European Storytelling) celebrado la segunda semana de junio en Toledo, España. Después de reunirse por primera vez en Suecia, después en Suiza y el año pasado en Inglaterra, este año la federación de narradores europeos se ha juntado en Toledo para continuar asentando el movimie
nto narrativo oral en Europa. Es por ello que la tarea principal de esta edición fue dejar concretados los estatutos de dicha asociación, cosa no tan fácil, ya que parece que el hacer una asociación a nivel europeo tiene sus complicaciones.
Pero todo no fue, ¡menos mal!, encajar ideas y opiniones diversas en los estatutos. Para empezar una de las cosas más divertidas, en mi caso, fue tratar de descifrar ese endiablado idioma en el que se desarrollaban las jornadas y del cual mis conocimientos se restringen a poder desarrollar mis capacidades cognitivas y psicomotrices en los videojuegos, estoy hablando, por supuesto del inglés. Al tercer día podía comprender, casi perfectamente, todo lo que aquellos labios pronunciaban, riéndome cuando la gente se reía, poniendo cara de pensar cuando la ocasión lo requería y hasta levantando la mano cuando la mayoría lo hacía. es increíble la de conversaciones profundas que se pueden desarrollar con el
wachufri, insert coin, good, hi, play game,
very very, spiknihostias, you lose, iammainfrend, ai basque estorycuenting y
locuciones por el estilo. Si la imaginación es la
poderosa arma de destrucción masiva de los y las narradoras, yo la actualicé a conciencia. Aunque las clases de portuñol, francés de croissant y alemán salchichero no quedaron al margen. Toda una torre de Babel europea, ¡hasta gaélico irlandés, húngaro, servo-croata, noruego, sueco, castellano, neerlandes y catalán se escuchaba! Menos mal que para poner un poco de orden lingüístico estaba el euskara, lengua primigenia europea, aunque sólo Virginia me hacia caso cuando lo hablaba (lo intentécon el inglés pero no creo que las miradas fijas, curiosas e interesadas fuesen por que les incentivase mi charla; más parecían de alucine por ese extraño lenguaje que pretendía ser un acercamiento a una comunicación oral).
En fin, cuestiones idiomáticas aparte, este cuarto encuentro podríamos definirlo como de asentamiento de un proyecto de movimiento narrativo oral a nivel europeo. Después de desarrollarse distintos movimientos en distintos lugares del continente, era una cuestión de tiempo poner en marcha una coordinación de las distintas realidades para poder desarrollar proyectos en común, al tiempo que se impulsa el conocimiento y relación entre narradores ynarradoras a pesar de las fronteras.
Aún siendo las dinámicas de las distintas asociaciones que se agrupan en el FEST muy distintas a veces, la necesidad de buscar camino comunes ante los retos a los que actualmente se enfrenta la narración oral europea, sirven de acicate para el trabajo en conjunto.



En Toledo, además de la cuestión de los estatutos, se organizaron grupos de trabajo, debate e intercambio de informaciones, que ayudaron a dar una imagen, aunque ocasional, de la situación narrativa europea. La cuestión del multilingüismo, el repertorio o los festivales se trataron en grupos, compartiendo experiencias que ayudan a hacernos una idea más amplia, ecléctica, pero al mismo tiempo común sobre ladiversidad de las propuestas narrativas orales.
Asimismo muy interesante (quizás lo más interesante, sin desmerecer el resto) fue el trabajo que se realizó en grupos para hacer una propuesta de narración. Durante dos días diversos grupos prepararon una historia para presentarla después en un teatro toledano. El proceso de trabajo, entre narradores y narradoras con estilos e idiomas bien diferentes, fue verdaderamente enriquecedor, y la puesta en escena final en el teatro algo maravilloso (salvando, claro está, el detalle de que era algo improvisado).
Después una pequeña fiesta en los jardines del albergue (¡maravilloso castillo!), tras dejar temblando una tienda de avituallamiento botellonero, regentado por una pareja de procedencia asiática, sirvió para ir conociéndonos más y olvidar las fronteras lingüísticas para comunicarnos con un idioma común: el "verghilhiskigintobirrarrrjjticdelcopón".
El último día se renovaron las personas encargadas de coordinar el FEST y se clausuró el encuentro, convocándonos el año que viene en Bélgica. Pero para no aburrirnos en este tiempo la húngara Csenge Zalka (¡y dicen que el euskara es complicado!) propuso el proyecto Grimm, que consiste en... Bueno de eso hablaremos otro día, ya que la mayoría de la gente salimos hacia Guadalajara a celebrar el 20 aniversario del Maratón de Cuentos, de la mejor manera posible, participando en él. Pero eso ya es otra historia.







Terça-feira, Junho 28, 2011

El Sol danzante

"Andar saltando hogueras es cosa de crios, para celebrar de verdad el día de San Juan lo que hay que hacer es ver slir al Sol bailando". No me extrañó el comentario del colega, ya que es uno de esos que pretende ser el más original de los originales. Pero algo de razón no le faltaba, ya que según la tradición vasca en la mañana del día de San Juan el Sol surge danzando. ¿Por qué sale ese día bailando? Para entender eso tendremos que tenerinteriorizada una visión mágica, religiosa quizás, fantástica diría yo, del mundo y de la existencia humana. Lo mismopara entender esta otra creencia. Dicen que en Nabarniz, un pequeño pueblo de Bizkaia, en el lugar conocido como Maruelexa, en la colina Gaztainatxu, la mañana de San Juan surge una caldera, y que en el lugar donde surge no vuelve a crecer el helecho. ¿Cual es la razón de la existencia de estas creencias?

La noche de San Juan es el alegre anuncio del verano. El día deSan Juan nos coloca ante la felicidad vital. Se baila alrededor de los árboles levantados en las plazas; se encienden hogueras; se atraviesa el fuego entre deseables deseos; se purifican los cuerpos en pozos de aguas cristalinas. Y se ve surgir el Sol danzante.

En este mundo de la racionalidad y la hiper-lógica, las gentes humanas necesitamos de un sentido mágico de la existencia; reivindicar la fantasía en la vida, para reivindicar la vida misma. Los narradores, las narradoras necesitamos adentrarnos en esos caminos de la existencia humana, para buscar el sentido de los cuentos y de la narración misma; de lo contrario utilizaremos sonidos huecos, discursos arrítmicos, no bailaremos con las palabras.

Mi colega no ha conseguido ver bailar al Sol, quizás porque no ha entendido que el simple mirar al horizonte no es suficiente.


Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

Sexta-feira, Junho 17, 2011

Veinte años tiene mi amor






No conozco ni la mitad, pero estoy seguro que el Maratón de Cuentos de Guadalajara es uno de los eventos narrativos orales más importantes de Europa. Este festival dinamizador esencial de la narración en la Península Ibérica, ha cumplido este año veinte años, celebrándolos con, seguramente, la edición más interesante, completa y diversa hasta ahora. Quizás entre las novedades haya que destacar, por su espectacularidad, el descubrir a través de los cuentos espacios arquitectónicos nuevos, por lo menos para los foráneos. Conocer esos espacios con el pretexto de los cuentos hace que se enraícen de otra manera en la memoria.

Cada año, también, descubrimos, algunos, un narrador nuevo, por lo menos, que nos impactaron sus palabras. Este año gozamos con el arte de Eraclio Cepeda, narrador y escritor, llegado desde Chiapas, para contarnos casi sin contar, sin querer, atrapándonos con sus palabras sin que nos diésemos cuenta, como quien escucha a alguien al borde de la mesa donde tomamos cerveza. Sin artificios, con la palabra desnuda nos introduce en ese mundo que viene a relatarnos. Un camino que los narradores actuales deberíamos tener más en cuenta, la simplicidad compleja de la palabra dicha. Desnudar la narración para llegar a la esencia del relato contado a viva voz. La manera de decir, de decir a alguien. Tenemos una tendencia a rellenar, a disfrazar, a decorar demasiado, a esconder el relato, la manera de relatar, esconder las palabras tras artificios escénicos, olvidando en ese camino, la razón misma de contar a alguien algo. La narración desnuda de Eraclio Cepeda nos transporta a esas raíces.

Por supuesto, hubo más narradores y narradoras que nos deleitaron con sus cuentos, conocidos y desconocidos, por mí, claro, ofreciendo sus historias con propuestas diferentes. Este año, además, el Maratón contó con la visita y participación de los asistentes al IV encuentro de asociaciones europeas de narración oral FEST, celebrado en Toledo. Desde el congreso europeo celebrado en 2001, no se habían visto tantos narradores europeos ofreciendo retazos de sus propuestas narrativas. Una estupenda oportunidad para tomar el pulso a la narración europea. Pudimos comprobar que el movimiento de la narración oral va dando pasos para coordinarse y llevar a cabo propuestas conjuntas que busquen impulsar la narración oral en el continente.

Pero todas estas experiencias no serían posibles sin el inmenso esfuerzo desinteresado que el Seminario de Literatura infantil y Juvenil de la Biblioteca de Guadalajara, junto con los trabajadores de la biblioteca y decenas de voluntarios lleva a cabo. Doscientos cincuenta voluntarios trabajando día y noche para que el maratón exista es algo digno de mencionar y resaltar. Pensamos muchas veces que el movimiento de narración oral es integrado únicamente por aquellas personas que nos dedicamos a este arte, pero eso no sería justo. Cientos de personas en cientos de lugares se afanan por que la narración oral, de una u otra manera tenga presencia allí donde se encuentran,para que los narradores y

narradoras podamos mostrar nuestras propuestas. Cantidad de personas se interesan por la investigación de este arte, desde distintos campos de trabajo. El indispensable el agradecimiento y reconocimiento hacia esas personas, reconociéndoles parte de ese movimiento heterogéneo que se desenvuelve en el territorio de la narración oral. Aunque, es verdad, no deberíamos confundir esto con el hecho mismo de narrar desde una perspectiva artística y creadora. Cada cual tendrá su desarrollo, pero también su importancia. En Guadalajara, seguramente más que en ningún otro lugar, podemos apreciar y admirar este hecho. Sin todas esas gentes amigas y aficionadas a la narración, los narradores y narradoras profesionales lo tendríamos mucho más difícil. No disfrutaríamos de un escaparate y un lugar de encuentro tan maravilloso con el Maratón.

Han pasado veinte años desde que dieron comienzo al Maratón de Cuentos de Guadalajara, veinte años de impulsar, animar y fortalecer la narración oral. Al principio no eran más que cuatro gatos, pero gracias a la ilusión y al trabajo bien hecho hoy en día podemos disfrutar de una gran fiesta cuentera. Regalarles nuestros cuentos es el mejor homenaje que podemos hacerles.











Terça-feira, Junho 14, 2011

El viaje del búho

Estábamos en las labores de organización de la segunda fiesta de los narradores y narradoras vascas en Aramaio (pequeño pueblo alavés), cuando supimos que dos mujeres del pueblo habían hecho un trabajo de recopilación de cuentos en la localidad. Pensamos que sería una buena oportunidad para dar comienzo a la fiesta. Arantza Ozaeta y Divina Arriolabengoa habían visitado los caseríos, las casas recogiendo cuentos, un trabajo maravilloso además de necesario. Uno de esos cuentos se publicó en una recopilación de cuentos tradicionales del valle. En cuanto vi el título del cuento lo reconocí, aunque no lo había escuchado ni leído nunca; yo sabía ese cuento. El cuento se titulaba “Porque los búhos viven de noche”. ¡Dios mío! Yo conocía dos versiones, una china y otra americana, pero en estas, el protagonista era el murciélago. Es más, más de una vez había contado esa historia. Y ahora me sorprendía una nueva versión, tan cerca de casa.

En este mundo de la rapidez informativa, es maravilloso imaginar los viajes de los cuentos a lo largo del tiempo y los lugares. Viajes a través de países, continentes y gentes, en los que han ido enriqueciéndose de experiencias, cambiando, adaptándose, reviviendo. Hoy en día ensalzamos el hecho de que la información atraviese el mundo en un segundo; pero esa información carece de experiencia, no se ha empapado de tan largo viaje, no contiene la riqueza de esa experiencia. Los cuentos han viajado en las bocas de las gentes, y han crecido con un trozo de esas gentes. Llevan dentro de sí la vivencia de la lentitud, y eso les da fuerza. Desde China a Latinoamérica, pasando por Euskal Herria, o al contrario, el búho, o el murciélago, reflejan el continuo viajar humano. Al contar un cuento traemos los sonidos de las palabras migrantes. Sin fronteras.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA:http://www.gara.net/paperezkoa/20110614/272528/eu/Hontzarena

Quarta-feira, Junho 01, 2011

Um Porto de Contos fadista

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Um Porto de Contos


Los festivales de cuentos no son simplemente una lista de actuaciones. Para los narradores por lo menos. Son también encuentros, y oportunidades de conocimiento mutuo. La narración oral necesita los festivales, ya que necesita darse a conocer. Esta actividad creativa empujada a los márgenes de las políticas culturales, todavía necesita, casi casi, pedir permiso para salir a escena. Pero, por encima de las zarzas y por debajo de las nubes, los festivales de cuentos se extienden, y los que tienen ya un recorrido triunfan, sobre todo por el reconocimiento del público.
Y así llegamos a Oporto. El último fin de semana de mayo se celebró Um Porto de Contos, un festival recién nacido, señal de que en Portugal el movimiento de narración oral crece. Este festival, nacido del impulso de Clara Haddad, narradora brasileña afincada en Oporto, llega para dinamizar la narración en el norte de Portugal. Con escasas ayudas, pero con inmensa ilusión, Clara ha conseguido reunir en torno este proyecto un grupo de personas muy dinámicas, que van desde narradoras hasta aficionados a la narración. Las programaciones de cuentos y talleres iniciadas hace tres años en el café Tertulia Castelense y la librería Salta Folinhas, son el embrión de Um Porto de Contos, lugares a tener en cuenta en el impulso "narrativo" en el norte de Portugal.
En los dos días que duró el festival narradores y narradoras venidos de distintos lugares ofrecieron sus espectáculos: Paula Carballeira, desde Galiza; Waki César Villegas, desde Perú; Joxemari Carrere, desde Euskal Herria; Clara Haddad, Antonio Fontinha, Ana Caridade, Estorias do Chapeau desde Portugal. Junto a las actuaciones, no fue desdeñable el mismo encuentro en sí: el intercambio de informaciones, el conocimiento mutuo, la relación entre narradores y aficionados al cuento.
En general, podemos decir que con este festival la narración oral en Portugal da un paso más cara a afianzarse en el país, formando con el ya asentado y exitoso Palavras Andarilhas de Beja, la columna vertebral del movimiento narrativo portugués.

Y lo más importante, nos lo pasamos maravillosamente! Regresaremos, con mucho gusto.

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Terça-feira, Maio 17, 2011

Calabazas iluminadas

“Nosotros las poníamos en la carretera vieja de Alegia. Agarrábamos una calabaza, entonces crecían en cualquier sitio, la vaciábamos, y con un cuchillo hacíamos una calavera y metíamos una vela dentro. Después la colocábamos al lado del camino al anochecer. Entonces pasaba un coche muy de vez en cuando, hacia Madrid, y algunos camiones. Cuando veían aquella luz se asustaban, ya que todo estaba a oscuras. Y nosotros nos reíamos cuando paraban. Así pasábamos el tiempo entonces, ya que no había mucho más”.

Nuestro padre hizo el comentario en la sobremesa, al hilo de un relato que encontré en el libro “Euskal mitologiaz. Jentilak eta kristauak” (Sobre mitología vasca. Gentiles y cristianos) de Anuntxi Arana. “Duny –Pétré escribió cómo hacían Basajaunes en Garazi [Saint Jean Pied de Port]: vaciar una calabaza, poner dentro una vela encendida y por la noche colocarla a la vera de un camino, para reírse de cualquier miedoso que pasase por allí”. Una vez le escuché a la madre que hacían algo parecido con las calabazas, de pequeñas, en su barrio de Gaztaino, en Errenteria.

Hablamos muchas veces sobre la importancia de la transmisión lingüística, la lamentable pérdida que supone el romper la cadena del idioma. En cambio, en contadas ocasiones hablamos de la transmisión imaginaria; sobre el problema de dejar perder el mundo fantástico que generación tras generación ha construido una cultura, que nos arrastra a una homogenización cultural lamentable y, sobre todo, aburrida. Hoy en día es el mercado el transmisor de la fantasía, de una fantasía enlatada, de forma maravillosa en apariencia, pero que sustituye y niega la socialización cultural por propia iniciativa de la sociedad.

Ante ello, quizás, el primer paso sea preguntar, a nuestros padres, abuelos…; a qué jugaban, qué escuchaban, qué contaban; para saber. No con nostalgia del pasado, sino con esperanza de futuro.


Publicada originalmente en euskara en el periódico GARA:

http://www.gara.net/paperezkoa/20110517/266803/eu/Kalabaza-argidunak