sexta-feira, maio 10, 2019

CREADORES

De un tiempo a esta parte están surgiendo opiniones y propuestas en torno a los creadores y los procesos creativos. Ya era hora, pensará alguien, y con razón. Las creadoras y creadores así como las artistas son un elemento básico en la cultura, sin su trabajo no habría nada, ni literatura, ni artes escénicas, ni arte, ni música. Dentro del ecosistema cultural, sin embargo, las personas creativas y artistas son quienes sufren una escandalosa precariedad en el desarrollo de su trabajo. No hablaremos ahora de la falta de espacios y las condiciones de estos a la hora de desarrollar y exponer su trabajo creativo. No hablaremos del espacio que dedican los medios de comunicación a la cultura, en general, y a los creadores, en particular. Tampoco sobre quienes están condenadas a la inexistencia en programaciones culturales y espacios públicos. Del mismo modo no mencionaremos las dificultades burocráticas y económicas a la hora de poner en marcha un proyecto creativo. Todos esos condicionantes, por supuesto, influyen en los procesos creativos y las producciones artísticas. Los condicionan de tal manera que, en más ocasiones de las que se cree, no se realizan los trabajos que se desean sino los que pide el mercado,  cuestionando de esta manera la libertad de creación, convirtiendo a las propuestas creativas en meras mercancías; condicionando una oferta cultural libre, plural y crítica; enviando al rincón una cultura con espíritu crítico, progresista e innovadora, tan necesaria en el desarrollo intelectual, social y cultural de un país.
Estos temas llevan tiempo debatiéndose como si se tratara de un perverso bucle sin salida. Siendo esto así, hay otro tema básico en el desarrollo de una políticas culturales justas. La precariedad que sufren artistas y creadores en el desempeño de su trabajo, en un problema serio dentro de la cultura; más si cabe en las últimas décadas, en las que se ha acrecentado la profesionalización entre artistas y creadoras vascas y vascos. El trabajo artístico se caracteriza por una fuerte inestabilidad, intermitencia y hetereogeneidad si lo comparamos con otros sectores. Desgraciadamente, pocas veces se menciona la identidad trabajadora del sector artístico; considerando su actividad, al desarrollarla por gusto, como un “no-trabajo” al uso; sin mencionar las numerosas horas de trabajo que quedan ocultas (ensayos, documentación pruebas, preparación…) y mostrando una imagen mediatizada. El mismo sueldo de estos trabajadores es “indefinible”, no coincidiendo con el concepto de retribuciones por trabajo que están estandarizadas en la sociedad, identificando dichas retribuciones únicamente con el tiempo en que dura, por ejemplo, una representación artística. Una lectora no suele sabe lo que cobra la autora por ese libro que la ha encandilado, ni cuánto tiempo y esfuerzo le ha llevado escribirlo. Pero como el libro lo ha pagado bien, pensará que nada en oro, como el Tío Gilito. Esa actriz que ha recibido un reconocido premio, que es entrevistada en distintos medios, en la mente de una persona que se ha deleitado con su interpretación en un filme o representación teatral, llevará una vida de ensueño. La imagen que se proyecta de artistas y creadores no se asemeja a la de una trabajadora normal y corriente, sino la de unos privilegiados. Es más, no se les verá como trabajadores, si no como “otra” cosa. Pero la realidad nos muestra otra cara.
Según datos del Gobierno del Reino de España, eran 197.187 los artistas afiliados al régimen de la Seguridad Social en el año 2018. De estos, 70.445 tuvieron una actividad de al menos 20 días en el año; de los cuales, fueron solo el 20% (14.089) quienes recibieron por su trabajo una remuneración superior a tres veces el Sueldo Mínimo Interprofesional. Según la misma fuente, el periodo de inactividad de este colectivo es de ocho meses al año. Se puede comprobar así que la precariedad laboral en el colectivo de creadores y artistas es una de las características de este colectivo.  Por su parte la sociedad de gestión de artistas e intérpretes de España (AISGE), publicó en 2016 un estudio sobre la situación laboral de sus asociados donde se señalaba que en España solo un 8,17% de los actores puede vivir de su trabajo, ganando más de 12.000€ al año. El estudio señala también que entre los actores y bailarines que trabajan (43%), más de la mitad no llega a ganar 3.000€ al año. Es de señalar que en este sector, también, las mujeres suelen ganar menos que los hombres por el mismo trabajo, así como que tienen más dificultades para encontrar trabajo.
En esta lamentable situación laboral se encontrarían artistas y creadores del sur de Euskal Herria. Aunque en ningún estudio se señale, podemos colegir que la situación se agrava en el caso de aquellas y aquellos que realizan su trabajo en euskara. Otra característica de las y los artistas y creadores vascos es que realizan su labor dependiendo de la legalidad de dos estados, Francia y España; lo que descubre un desequilibrio entre ellas y ellos a la hora de realizar su trabajo. Mientras que en Francia la protección profesional viene dada por un estatuto de la intermitencia, que facilita su vida laboral y creativa; en España se acaba de aprobar un Real Decreto-ley en el que se aprueban medidas de urgencia sobre la creación artística,  que, aunque plantee mejoras para artistas y creadores, no soluciona el problema de base. En cualquiera de los casos no se toma en cuenta, por ejemplo, las condiciones propias de Euskal Herria, sobre todo en lo concerniente al euskara. Es por ello que se hace indispensable un Estatuto del Artista propio de Euskal Herria, en el que se tomen en cuenta e igualen las condiciones laborales de artistas y creadores vascos y vascas, independientemente del territorio vasco en el que lleven a cabo su trabajo. Un Estatuto que tenga en cuenta la creación en euskara y se plantee desde una visión feminista.
La cultura debería ser uno de los pilares de desarrollo de la sociedad vasca, y desde ese punto de vista habría que abordar la cuestión. Acabar con la precariedad laboral de sus principales actores ayudaría a impulsar una cultura libre, con sentido crítico, no consumista y con vistas a desarrollar una sociedad basada en valores de igualdad, equidad social y no mercantilista.

terça-feira, abril 23, 2019

KARAKA

Para llegar a la ciudad de Karaka tendrás que ir al monte. Aunque no sabrás a cual. Cuando estés en él sabrás que estás. Cuando atravieses el bosque sentirás que ese es el sitio que buscas. Anda sin prisas, sintiendo el entorno, percibiendo la fuerza que emana del bosque, respirando el perfume de la hojarasca, escuchando el sonido de la naturaleza. Verás senderos aquí y allá; tendrás que intuir cual de ellos te llevará a Karaka. Seguramente en el primer intento te confundirás, y en el segundo; pero, llegará un momento en que sabrás que es ese. Continúa y encontrarás una puerta de piedra, la entrada a Karaka. Tendrá que pronunciar en voz alta las palabras mágicas: Abrite Portas Klis-Klas! Se abrirá arrastrándose. Cuando te adentres en la sima te envolverán las tinieblas. Hay que cerrar la puerta: Zerrate Portas Klis-Klas! Entonces se hará la luz y delante tuyo descubrirás la Karaka, la inimaginable ciudad de piedra. Un río de leche y miel la cruza. Las edificaciones y las calles son de piedra, piedra enmohecida y brillante. Te cruzarás con seres que solo viven en la imaginación. Cuando te dirijas a ellos tutéales siempre; y si entras en una tienda, o en una casa, sal siempre como has entrado. Gigantes de un solo ojo, hermosas muchachas con pies de pato, duendes que habitan en un alfiletero… Todo es posible en Karaka.

Al contar cuentos hay que descubrir el sendero adecuado, sin saber cual será. Hay que abrir la puerta de la imaginación utilizando la fórmula adecuada; y una vez dentro creer que todo es posible. Abrir la puerta de Karaka es adentrarse en la vida.

Columna publicada originalmente en euskara en el diario GARA.

segunda-feira, abril 22, 2019

LO

No hay mapas para llegar a la ciudad de LO*. Ni siquiera un pequeño papel arrugado que señale unos pequeños senderos. La viajera no encontrará ninguna manera de llegar hasta LO. Ningún rastro. En ningún sitio aparecerá ninguna referencia al lugar. Le parecerá una no-ciudad. Pero LO existir, existe. Es una ciudad soñada. Para transitar por sus calles la viajera tendrá que mecerse en el dormir; para llegar al país de los sueños. Tendrá que tener un sueño dulce, tranquilo, darle al cuerpo la ligereza de una pluma, transformar el pensamiento en una ligera brisa de otoño. Entonces, quizás, llegará a LO. Las calles son al mismo tiempo estrechas y espaciosas; espaciosas para que no ahoguen, para que el viento transite en libertad. Estrechas para que los habitantes estén unos cerca de otros, para escuchar sus latidos. Las casas se transforman en cualquier momento, según los deseos. No hay relojes, para que el tiempo viva libre. En la ciudad de LO los sueños se hacen realidad; todo es posible en la ciudad de LO, allí donde viven los cuentos.
El recien finalizado Festival Internacional de Oralidad AHOZ AHO ha transformado las localidades de Tolosa y Ordizia en las ciudades LO. Escuchar cuentos es viajar al país de los sueños, allí donde todo es posible. Los y las narraadoras venidas desde Euskal Herria, Colombia, Venezuela, Cuba han contado las hsitorias de sus ciudades LO. En la última jornada del festival, les han otorgado las Calabazas de Oro, emblema del festival, al escritor Juankruz Igerabide, a la profesora e investigadora Leire Diaz de Gereñu y al grupo de narración Alabazan. Habitantes de LO.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

*Lo en euskara es el dormir, acompañado del verbo auxiliar Egin=hacer señala la acción de dormir, lo egin=hacer el dormir, literalmente. Tener sueño sería logura= querer dormir.
El sueño, en el sentido de la evocación de imágenes durante el dormir, se denomina Ametsa. Soñar, es decir la acción de tener sueños, se dice Amets egin, es decir, hacer sueños.


sexta-feira, março 22, 2019

CASAKATXAN

La abuela vivía en una casa muy vieja, con un largo pasillo. Al final del pasillo había un pequeño trastero. El guardián de los recuerdos de la abuela. Ane no se atrevía a llegar hasta allí, al final oscuro del pasillo; sentía un poco de miedo. Pero miraba desde lejos aquel lugar con una curiosidad infinita. ¿Qué guardaría allí la abuela? Un día, un débil resplandor se filtró por debajo de la puerta. Impulsada por su inmensa curiosidad, se acercó prudentemente hasta aquella pequeña habitación. Abrió nerviosa la puerta, precavida. Las sombras de multitud de trastos llenaban el pequeño habitáculo. Aquel resplandor tenue y mágico emanaba de un libro depositado encima de una antigua mesita cubierta de polvo.  Plena de curiosidad, y un poco miedosa, se acercó hasta la mesita y leyó, extrañada, las letras iluminadas de la cubierta de aquel extraño libro: Las ciudades inexistentes: Casakatxan. Abrió el libro lentamente y comenzó a leer. De repente estaba en el libro. Estaba en el mercado de Casakatxan, un mercado con productos inimaginables llegados de lugares inexistentes. Ane se pasea maravillada por las estrechas calles de aquella extraña ciudad…
La narradora vitoriana Ane Gebara nos descubre qué quiere decir para los vitorianos ir a Casakatxan. Parece ser que significa ir a un lugar lejano. Intrigada por la procedencia de tal significado, investigó sobre este  enigma. Hace mucho tiempo, en los lindes de la ciudad de Vitoria-Gasteiz, había una tienda regentada por un hombre con fama de calamidad llamado Katxan. La tienda, como su regente, era un almacén de abarrotes curiosos y de todo tipo. En aquel tiempo cuando la madre mandaba a alguna de sus criaturas a Casa Katxan era casi como mandarla a hacer un recado al fin del mundo. De ahí la expresión. Casakatxan un lugar maravilloso. Una ciudad inexistente.


Texto publicado originalmente en euskara en el diario GARA

segunda-feira, janeiro 28, 2019

PALABRAS PERDIDAS

Una vez, una narradora perdió una palabra. Y era una palabra verdaderamente importante para finalizar el cuento. No se dió cuento de ello hasta que comenzó a contar el cuento. El público seguía con atención su narración, con intriga, con deseos de saber cómo continuaba. La narradora estaba totalmente metida en la historia, viajando por lugares maravillosos, haciendo aparecer ante el público personajes fantásticos, compartiendo aventuras fascinantes. Y, de repente, se calló. la mirada perdida en el horizonte de un desierto inexistente. la mente perdida en un laberinto de silencio. Le faltaba una palabra. Una palabra imprescindible, la clave para desentrañar el relato. La palabra que aunaba en sí toda la sabiduría. Y estaba perdida en la bruma del recuerdo. ¿A dónde habría huido? Al principio el público imaginó que sería una pausa dramática; pero en la medida que la pausa se alargaba. al ver a la narradora hierática; la gente comenzó a irse, especulando sobre el hecho. Terminó por desaparecer todo el público y la narradora continuaba con la mente perdida, buscando aquella palabra en territorios desconocidos. Y el cuento condenado a la inexistencia.

¿Dónde van las palabras perdidas? ¿Quién nos las roba?¿Aparecerán en algún momento? No son, sin más, las palabras pequeñas estructuras significantes, Cada palabra genera una especie de calambre en el cerebro, se dispone a buscar una imagen, a generar un sentimiento. Y cuando surge por la boca comienza un viaje en quien la recoge. ¿Viviremos, acaso, entre palabras perdidas?

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

sexta-feira, dezembro 14, 2018

Palíndromo

El palíndromo es una palabra o frase que se lee igual de izquierda a derecha y viceversa. Por ejemplo, la palabra ojo y la frase se van sus naves. Los palíndromos son juegos del idioma. Y los narradores gustamos de jugar con el idioma. Así como los cuentos son juegos de la imaginación, las palabras son hormigas que se mueven dentro de él, subiendo y bajando frases, adelante y atrás, atravesándolas, haciendo cosquillas a los significados. Y eso le dará vivacidad a la narración.
Markos Gimeno creaba Hitzperimentuak (Experimenpalabras) y palíndromos en sus espectáculos, dando al euskara revueltas imposibles, confundiendo significados, exprimiendo las neuronas del público. Mezclando el castellano y el euskara creaba mixturas increíbles y maravillosas: “Leer es iracurrar” (irakurri en euskara significa leer).  En 2007 puso en marcha el proyecto “Zerojasoa” creando palíndromos y juegos con el idioma en su blog  zerojasoa.com. Con el espectáculo SkizopozikS, errezitaldi hiztperimentala (recital experipalabral), mantenía sorprendido y sonriente al público durante cuarenta minutos, mientras intentaba comprender los juegos propuestos, jugando con las palabras, ofreciendo otra relación con el idioma, en este caso el euskara.  Jugaba también con los números, haciendo hablar a las matemáticas, hasta hacernos explotar las neuronas. Cada lunes planteaba un experimenpalabro en su blog, poniéndonos a buscar un palíndromo.

Markos Gimeno Vesga se ha convertido en palíndromo, poniendo su vida del revés. El euskara ha perdido un jugador entrañable. Y los demás un amigo.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

sexta-feira, setembro 21, 2018

Comunismo

En la literatura política (y, seguramente, en la literatura, en general), una de las frases más conocidas es esta: “Un fantasma recorre Europa, el fantasma del Comunismo”. Es la primera frase del Manifiesto Comunista que Marx y Engels publicaron en 1848. Se reivindica en dicho escrito una nueva sociedad; señalando que la lucha de clases ha sido el motor de la historia. La Revolución Soviética, bajo la dirección de Lenin, trató de llevar a la práctica dicho manifiesto. En esta teorización de un mundo sin clases sociales, tuvo especial protagonismo la cultura; ya que , a través de la cultura, se transmitía una determinada visión de la sociedad, estableciendo las diferencias sociales insertadas en la sociedad burguesa y capitalista. Por lo tanto, liberar de las garras burguesas la cultura y trasladarla a las clases populares se convirtió en uno de los objetivos de las nuevas fuerzas revolucionarias. Los dramaturgos alemanes Erwin Piscator y Bertold Brecht, desarrollaron sus teorías y prácticas teatrales bajo esa idea, en la búsqueda de una nueva sociedad. ¿Pero qué tiene que ver todo esto con la narración oral?
La narradora, el narrador, es una persona que observa la sociedad. A través de la narración reflejará sus reflexiones, preocupaciones y posicionamientos, ofreciendo su resultado artístico a la sociedad. En función de su posicionamiento ante la sociedad, y a través de esa dialéctica, irá realizando su propuesta creativa. Para qué contar será la cuestión principal, por encima del qué contar. La sociedad que vivimos se reflejará en la narración, y con ella nuestra mirada. Un fantasma recorre Europa, y nos trae una historia.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

quarta-feira, setembro 12, 2018

Capitalismo

¿Podemos considerar un espectáculo de narración oral como una mercancía? ¿O podemos decir que es una actividad que se sitúa fuera de las leyes del mercado? ¿La narración oral en tanto que trabajo creativo, puede situarse al margen de reglas de juego que impone el neoliberalismo?
La narradora, como otras muchas artistas, para llevar a cabo su creación deberá trabajar muchas horas fuera del escenario, imaginando, leyendo, informándose, investigando,... Y todo eso sin saber si todo ese esfuerzo concluirá en un espectáculo que la dejará a gusto, o funcionará con el público.  Y otra de las preocupaciones que tendrá será si ese producto será vendible; es decir, si las personas que se dedican a la programación cultural lo tendrán en cuenta. Sabrá, que la narración oral dirigida a adultos, tendrá un lugar marginal en las programaciones escénicas; debido a esto, preferirá dar preferencia a espectáculos infantiles; al menos, si no quiere estar fuera del mercado cultural. Sabe, además, que si plantea su trabajo como fomento a la lectura o a la educación en valores, será más “vendible”. Si quiere hacer frente a la fiscalidad que la ahoga, a un mínimo sueldo, tendrá que hacer una oferta que se pueda vender en función de la demanda, para estar en los circuitos culturales; y a pesar de ello, la precariedad penderá sobre si como una espada de Damocles. Sentirá como el mercado condiciona su trabajo creativo. Entonces, la pregunta sería, ¿hace lo que realmente quiere?; o, dicho de otro modo, ¿puede hacer un recorrido creativo propio fuera del mercado de la oferta y la demanda sin caer en la marginalidad?

La influencia del capitalismo y el neoliberalismo en las creaciones de los trabajadores escénicos, y, por extensión, en la cultura, merece una seria reflexión.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

sexta-feira, agosto 17, 2018

De viaje

Como muchos en el mundo, el niño va de viaje. Va entre montes, por caminos retorcidos. Recorre grandes praderas interminables, que se extienden hasta el horizonte. Dejando atrás la mar, se adentra en territorios desconocidos. Mira por la ventanilla del vehículo las lejanas lomas. E imagina. Imagina allí a lo lejos un castillo inexpugnable, donde en la torre más alta tienen encerrada una joven sonriente. Los reflejos de aquella sonrisa llegan hasta él, ¡es tan amplia!  A lomos del caballo que corre más rápido que el pensamiento, atraviesa prados interminables. En su macuto lleva la prenda maravillosa que liberará aquella sonrisa; una prenda que le ayudará ante los muros más gruesos, los guardianes más fieros y las dificultades más extremas: la capa de invisibilidad. La abuela la ha tejido bajo la luna llena. Cabalga rápido, hacia el horizonte. Y al llegar, envuelta en esa capa maravillosa, salvará a aquella muchacha de sonrisa luminosa; desapareciendo los dos envueltos en el viento. Camino a casa.
El niño ha abierto los ojos. Nota el cansancio del viaje. Y allí, a lo lejos, ha visto la fortaleza que conoce hace tiempo. Ha sentido, esperándole, el brillo de la sonrisa que nadie más ha visto. Ahora, en cambio, tiene un plan. Aprieta entre sus manos la capa que ha tejido la abuela.  Nadie le verá entrar. Nadie le verá salir. La madre le ha preguntado extrañada: “¿Qué llevas encima? “¡shhh! calla, que nos pueden oír”.

También en los viajes del verano, muchas niñas y niños sueñan con la libertad. Acompañada de una sonrisa.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

terça-feira, julho 31, 2018

SINCRETISMO

Nuestro abuelo contaba que no se podía salir de casa después del toque de campana para la oración de vísperas, de lo contrario los genios de la noche te llevarían. Y eso le ocurrió a una chica joven allá en su pueblo, Arano, en el norte de Nafarroa; y no la vieron nunca más. Creía en esas cosas. Charlando con dos hombres después de contar cuentos en un bar de Mendaro, pueblo del interior de Gipuzkoa, uno de ellos me contaba cómo en una casa vieja que hubo al lado decían de una mujer que vivió allí que era bruja. Y contó lo que contaban. Según avanzaba el relato me dí cuenta de que yo sabía tres o cuatro versiones de aquella leyenda, y antes de que acabase, en mi mente repetía el final “¿Cómo hombre e hilando? ¿Y cómo gato y hablando?” El otro hombre asentía. En algún programa de la Euskal Telebista (Televisión pública vasca), entrevistaban a una mujer de un caserío de Usurbil, en Gipuzkoa, y en un momento señaló un vaso de agua que estaba en la cocina, y decía que si dejabas un vaso lleno de agua por la noche y al día siguiente tenía burbujitas es que habían estado brujas. En el vaso se podían ver unas pequeñas burbujas.

El sincretismo consiste en que dos religiones se mezclan o se influencian mutuamente. Como en todas las culturas y pueblos del mundo, en el pueblo vasco las creencias y la cultura que se han desarrollado durante siglos, no han estado aislados de otras culturas y creencias; al contrario, ha habido una relación constante, y gracias a ella hemos avanzado. Nuestra originalidad, en caso de que existiese algo así, consiste en que hemos sabido sobrevivir como pueblo vasco, vistiendo nuestra identidad cultural con mil colores, sin dejar de ser. Como muchos en el mundo. Ahí nuestro sincretismo.
Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

segunda-feira, julho 16, 2018

BOLVORETAS

“Por primeira vez desde que comezara con aquel xogo, o pracer que sentía mentres tiña unha bolboreta na boca prolongouse alén do momento de deixala ir. Mantívose en min tanto tempo como estivo na súa boca.”  Liberar una mariposa después de sentir su cosquilleo en la boca, es como sentir el cosquilleo de la vida. Pasar esa mariposa a la persona que se ama, para que sienta esos pequeños estremecimientos, es compartir un sentimiento vital. El escritor gallego Xabier P. Docampo pasó la vida compartiendo palabras aleteadoras. Palabras tiernas, traídas desde el país de la imaginación para hacer un mundo más entrañable. Las mariposas de Xabier son aleteos de la cultura gallega, transmitidas de boca en boca, de una literatura bella y fructífera. La voz rota de Xabier, la sonrisa maravillosa, las incesantes enseñanzas, las historias maravillosas, los ocasionales “mecagüendios”; tenían dentro de si el alma de la niebla, la lluvia, las meigas y la santa compaña. Xabier era gallego, de cuerpo y alma; escritor, narrador oral, y amado amigo gallego y, por eso, era universal; porque  las mariposas en vuelo, por encima de las zarzas, por debajo de las nubes, llegan a cualquier lugar.
Al saber que Xabier nos abandonó para siempre, ha crujido nuestro interior. Xabier nos hermanaba gallegos y vascos con el navegar de sus palabras; dos pueblos pequeños, dos lenguas marginadas, buscando el lugar y el conocimiento que les corresponde. El conocimiento y la solidaridad mutuas nos engrandece; como las mariposas que se ofrecen de boca a boca. Bolvoretas voando dentro de nos.

Texto publicado originalmente en euskara en el diario vasco GARA

domingo, maio 20, 2018

CIENCIA

La luz recorre 300.00km en un segundo; no hay nada que se mueva más rápido en el universo. Gracias a la electricidad la conexión de nuestras sinapsis vive nuestro pensamiento; aunque lo sintamos lento, no es más que un instante. En algunos cuentos el héroe cabalga un caballo maravilloso que corre más rápido que el pensamiento, es decir, más rápido que la electricidad.  Y el cerebro, un órgano que no descansa, es una continua fiesta eléctrica. Y en esa fiesta surgen los cuentos. El cerebro en un puzzle alucinante , un cofre del tesoro fascinante, un desván maravilloso. Letrak, imágenes, olores, recuerdos, deseos, odios, amores, cansancios, alegrías, tristezas…, todas mezcladas esperando juntarse. Antes de comenzar a contar un cuento, las sinapsis del cerebro ya están intercambiando información a través de impulsos eléctricos; han comenzado a transportar piezas del puzzle desde una lado a otro. Se encuentran inmersas en una actividad frenética. El cuento ha comenzado antes de pronunciar la primera palabra. Con la velocidad d ela electricidad el narrador está buscando la primera palabra con la que comenzará el cuento, mientras recibe del entorno olores, sonidos imágenes. las imágenes han comenzado a reunirse, recuerdos, sensaciones. Las proteinas, las hormonas, las bacterias están en un baile desenfrenado, un akelarre. Y comienza el cuento. las palabras llegarán al oído del oyente en ondas de distintas extensiones, los gestos del narrador los transportará la luz hasta sus ojos. y comenzará la fiesta de las sinapsis en el cerebro del oyente. Es la electricidad. La narración es ciencia.

Artículo publicado originalmente en euskara en el diario GARA

domingo, maio 06, 2018

SOBRE LO CORRECTO

Al contar cuentos tradicionales siempre me viene a la mente una duda o preocupación, si los cuentos que nos llegan de la tradición son adecuados para esta época. La preocupación, tan de moda, sobre si tendré que ser politicamente correcto. Los cuentos tradicionales suelen ser criticados por la moral y el modelo de relaciones que llevan consigo, sobre el papel que juegan las mujeres, las alabanzas a los poderosos, y argumentos por el estilo. En infinidad de ocasiones he discutido sobre esto, y en multitud de ocasiones me he dado cuenta de la ignorancia que hay en torno a los cuentos tradicionales, o desinformación cuando menos. Los modelos de cuentos que se suelen utilizar para la crítica, despiadada a veces, suelen ser tres o cuatro, y normalmente filtrados por la factoría Disney. Esto, sin lugar a dudas, condiciona la opinión y la actitud ante la narraciones llegadas a través de la tradición oral; un mundo tremendamente heterogéneo y amplio.
En todas las comunidades humanas que existen y han existido en el devenir de la humanidad, se cuentan y se han contado historias; siendo estas narraciones reflejo de las preocupaciones y reflexiones de dichas comunidades, muestra de sus formas de vida a través del tiempo. Estos cuentos, sin ser escritos, han pasado oralmente de generación en generación, es decir, que tan importante como la historia era quien la contaba. Y aquí está el quid de la cuestión; ya que es a través de la narradora o el narrador dónde estará la razón de ser del cuento, es la persona que narra quien debe reflexionar sobre la sociedad en la que vive, siendo estas reflexiones las que darán cuerpo y sentido a la narración.

Los cuentos tradicionales, si son politicamente correctos o no, no es problema del cuento, sino del narrador o narradora. Y la corrección es la mayor enemiga de la creatividad.

Originalmente publicado en euskara en el diario GARA

quarta-feira, maio 02, 2018

ZUZENTASUNA

Kontu zaharrak kontatzen aritzean beti zalantza eta kezka dator burura, tradiziotik heldu zaizkigun ipuin horiek egokiak ote diren egungo garaiotako. Hain modan dagoen “politikoki zuzena” izan behar ote garenaren kezka. Ipuin tradizionalak asko kritikatu izan dira bere baitan duten moral eta harreman ereduagatik, emakumeek jokatzen duten paperaz, boteretsuen goraipamenak, eta antzeko argudioekin. Maiz eztabaidatu izan dut honen gainean, eta maiz ohartu naiz herri ipuinen gainean dagoen ezjakintasuna. Kritikarako erabili ohi diren ipuin ereduak, hiruzpalau izaten dira eta, normalean, Disney faktoriak egindako bertsioak. Horrek ezinbestez baldintzatuko du istorio tradizionalen gainean dagoen iritzia eta jardun bidea. Kontakizun tradizionalen mundua arras anitza eta zabala da. Munduan diren eta izan diren komunitate humano guztietan kontatu dira eta kontatzen dira ipuinak, eta komunitate horren kezka eta gogoetak islatzen dira, jendarte horren garaian garaiko bizimoduaren erakusle izanik. Ipuinok, idatziz baino, ahoz aho pasa izan dira belaunaldiz belaunaldi, alegia, ipuina bezain garrantzitsua kontalaria bera dugula. Eta hemen dago gakoa, izan ere kontalariaren aldetik etorriko da ipuinari eman nahi zaion arrazoia, kontalaria da istorioaz gain, bizi duen jendarteaz gogoeta egin beharko duena, eta horrek emango dio ipuinari dagokion arrazoia.

Kontu zaharrak, politikoki zuzenak diren edo ez, ez da ipuinen arazoa, kontalariarena baizik. Eta zuzentasuna sormenaren etsairik handiena dugu.

domingo, abril 22, 2018

ENTRETENIMIENTO

“Entendámonos sobre la palabra “entretenimiento”. ¡En absoluto designa la risa, la alegría, la broma! (...) Por “entretenimiento” se debe entender lo que se sirve de los aparentes medios del teatro (la representación, los decorados, los actores, “las réplicas que dan en el clavo”...) para reforzar las opiniones de los espectadores que evidentemente son las opiniones dominantes. En efecto, hay que recordar sin cesar que lo propio de una opinión dominante es dominar realmente el espíritu de todo el mundo” (Elogio del teatro. edit continta me tienes, madrid 2016). Preguntado al respecto, de esta manera respondía en 2012  el dramaturgo y filósofo Alain Badiou al periodista Nicolas Troug, en una entrevista abierta al público dentro del Festival de Teatro de Avignon. En los últimos tiempos, es algo normal hablar de entretenimiento al referirse a la cultura. Las artes escénicas se nos presentan demasiadas veces desde la administración pública, al presentar sus programaciones, como actividades lúdicas para pasar el tiempo. Propuestas de entretenimiento ligeras, pregonando una tregua ante los problemas cotidianos de la vida. Propuestas que nos entretengan; pero, como nos avisa Badiou, que se desarrollarán bajo el palio de la opinión dominante. No hacer pensar, no hacer reflexionar, no impulsar a rebelarse, dejar pasar el tiempo, sin más.

Contar cuentos se presenta también demasiadas veces como una actividad de entretenimiento, un bonito pasatiempo. Muchas veces quien narra lo presenta así, y, entonces, cuando la opinión dominante domina nuestra narración, ha dominado también nuestra mente y nuestra vida.

sexta-feira, setembro 08, 2017

ABURRIMIENTO

Asistimos a una sesión de narración oral. Comienza el espectáculo, pero, después de cierto tiempo, no podemos mucha atención al narrador, y comenzamos a pensar en el tiempo que falta para que llegue el final. Estamos al comienzo del aburrimiento, pequeño al principio, insoportable según avanza el tiempo, un tiempo  arrastrado. Entonces, sin hacer caso a lo que ocurre en el escenario, comenzamos a pensar en cualquier cosa. Por educación, o simplemente, por no quedar en evidencia, aguantamos estoicamente. Y el tiempo se alarga al infinito, las agujas del reloj son de plomo.
En otra ocasión, en cambio, entramos totalmente en la narración, viajando con el narrador, y para cuando nos damos cuenta, ha llegado el final del trayecto narrativo. En los dos casos la duración del espectáculo ha rondado una hora, ¿cuál es la razón, entonces, para esas percepciones distintas del tiempo transcurrido? Si pudiéramos comprenderla, podríamos tener un importante instrumento contra el aburrimiento; ya que el tiempo no es único, sino diverso.
Cuando contamos nos adentramos en un tiempo fantástico, ajeno a la realidad cotidiana; mientras sepamos atraer al público a ese tiempo, pondrá su atención en el relato. Por el contrario. si no entra, o sale de él, regresará a la realidad, desviando su atención por otros caminos; y, entonces, le llegará el aburrimiento. La labor de la narradora, del narrador, será gestionar de la mejor manera ese tiempo; hacer que el público se sitúe en el tiempo de la narración, obviando el tiempo de la realidad cotidiana; olvidando la velocidad de las agujas del reloj; inventando un nuevo tiempo.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

terça-feira, agosto 29, 2017

EL TRAGANARRU

La mar está revuelta. El viento arrecia. El cielo se oscurece. Y el velero baila en las olas. Llega la tormenta. Los marineros están perdidos el océano, lejos de la costa. Hace semanas que partieron de casa hacia el otro lado del mundo. Un joven hace por primera vez esta ruta, muerto de miedo. El temporal arrecia y, como los demás, tiene en la mente la placidez del hogar. ¿Saldrán de esta? le han venido a la mente las terribles historias que le contaban de pequeño. en el océano viven monstruos espantosos, bestias inimaginables; pero entre todos el más terrible es el Traganarru. Aparece de repente, sin avisar; y, alzándose de la mar hasta el cielo, tomando la forma de una serpiente terrorífica, lo engulle todo. Embarcaciones y marineros. Dicen que, a veces, emite un aullido estremecedor; otras veces, en cambio, se la ve alzarse en silencio; y, entonces, no hay huida posible. todas estas leyendas se le vienen a la cabeza al joven marinero, mientras se balancea en las olas cada vez más gigantes, y reza para que no aparezca el Traganarru. entonces lo ha visto, cerca de la borda. Las aguas ascendiendo en un remolino veloz. El joven marinero lo ha visto, el Traganarru apareciendo de la mar…

Hay palabras que transportan dentro de sí un mundo fantástico. Que con solo pronunciarlas encienden la imaginación, dando pie a la narración. El Traganarru es un fenómeno meteorológico que se produce en la mar. Impresionante. Un remolino de agua imponente que se alza hasta el cielo; que quien lo ha visto no olvidará. Que gracias a la imaginación humana se convierte en un fenómeno fantástico.

Traganarru. En el pensamiento mágico vasco una especie de serpiente gigante que se alza en mitad de la mar y se traga todo lo que encuentra a su paso.

Escrito originalmente en euskara en el diario GARA

terça-feira, agosto 15, 2017

RECUERDOS

Estando en Markina- Xemein (Bizkaia) haciendo tiempo antes de una sesión de narración, entro en un bar a tomar algo, y el joven camarero : “Tú viniste a mi clase a contar cuentos”. Habían pasado unos años ya de eso, pero el joven todavía retenía en su memoria uno de los cuentos que conté. “Una chica aparece en una curva, o algo así, no recuerdo bien el cuento, pero se me quedó en la memoria, no sé por qué”. Si recordaba esa historia, les habría contado leyendas urbanas seguramente, es muy conocida en todo el mundo esa leyenda. Un hombre que conduce por la carretera, recoge a un chica que hace auto-stop. Mientras sube por la carretera, la chica le avisa que tenga cuidado en una curva cerrada. cuando pasa la curva, la chica ha desaparecido. Camino de Markina subo el puerto de Itziar y al pasar por una de las curvas me viene a la memoria dicha leyenda, que en algunas versiones la localizas ahí justamente. Y justo una hora después este joven me la recuerda mientras me sirve una cerveza.

Muchas veces pienso en qué huella habrán dejado mis relatos en la mente de los asistentes a mis sesiones. ¿Habrán llevado consigo un cuento siquiera? ¿Y por qué ese cuento? El joven tabernero no recordaba bien la historia, ni sabía por qué la guardaba en la memoria desde la adolescencia. Es curioso como nuestra cerebro almacena los recuerdos. Y más curioso aun, que habiendo recordado yo mismo esa historia de camino a Markina, alguien me la recuerde poco después. Una conexión fantástica. Cómo no amar la narración oral.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA.

quinta-feira, julho 27, 2017

EL ESTRENO

El público comienza a entrar. Tú estás entre bambalinas, oculto. En las sombras. Esperando. Esperando el momento de comenzar. Oyes el murmullo del público. Están colocandose en su localidad. El público también espera. Espera a que comience el espectáculo. Se acerca el momento. Es la hora. Esperaremos cinco minutos a los rezagados que están entrando todavía. En las sombras, no paras de moverte arriba y abajo. ¿Les gustará lo preparado? ¿Lo harás como está previsto? ¿Discurrirá todo sin fallos? Fumarías un cigarrillo, pero dentro del teatro no se puede fumar, ni siquiera en este escondite escénico. Por los altavoces avisan que se apaguen los teléfonos, mientras se atenúa la luz de sala. Ha llegado el momento. Respiras profundamente y surges de tu escondite para enfrentarte al silencio sagrado del público. Das el primer paso hacia el infinito. Cruzas el escenario. Comienza el espectáculo.
No es habitual que se presenten estrenos de espectáculos de narración oral, mucho menos en un teatro. En otras artes escénicas es imprescindible presentar la primera actuación de un nuevo espectáculo como una ocasión especial; anunciando su nacimiento, liberando la creación surgida de la imaginación y del trabajo. La narración oral está necesitada de estrenos; de darle en los teatros esa primera respiración al nuevo espectáculo. Para que el público vea que se merece su sitio en la vida cultural. Para que los narradores y narradoras lo creamos.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

quinta-feira, junho 01, 2017

ADOLESCENTES

“¿Os gustan los cuentos?” “No”. La chica adolescente lo tiene claro; el porqué ya no tanto. Como el chico que está delante suyo.  A los demás compañeros y compañeras de clase se les percibe una opinión idéntica.  Con los adolescentes tengo la costumbre de comenzar así la sesión, aún sabiendo de antemano cual va a ser la respuesta. Imagino que piensan que los cuentos no son para ellas y ellos, sino para las crios. Un público difícil, complicado. Pero no por ello malo. Adolescentes, personas que no son ni niños ni adultos; que están en una transición complicada, a veces dura; algo que ya hemos pasado los demás, mejor o peor. Y, claro, escuchar cuentitos no es algo que entre en sus perspectivas vitales. ¿O sí? El rechazo de los adolescentes por la narración de cuentos solemos achacarlo a su falta de interés, a edad complicada, al decir a todo no, y a que sus intereses están en otras cuestiones. Han interiorizado que los cuentos son cosa de la infancia o, quizás, se lo hemos hecho interiorizar. Tienes el público en contra, edad difícil, en este ambiente escolar tú eres un adulto, como las profesoras, o de la edad de sus padres, ideas preconcebidas… Pero los retos me provocan.

En el instituto de Muskiz, en Bizkaia, tengo un grupo de adolescentes enfrente. Tienen grabada la palabra NO en la frente. De todas maneras alguno o alguna muestra un ligero ademán de curiosidad. Otros directamente pasan. Y tu cabeza bullendo, enredado en la estrategia a seguir. Pero sabes, por experiencia, que antes de comenzar a contar cuentos, lo primero es conseguir una atención hacia tu persona, encender la curiosidad por el tipo ese que ha venido a contar cuentitos. Los cuentos llegarán más tarde. Comienza la sesión. Cuando estás terminando suena el timbre anunciando el sagrado recreo, pero las alumnas y alumnos no quieren irse sin saber cómo acaba esa historia. Encantadores los adolescentes. Un público maravilloso.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

quinta-feira, abril 06, 2017

HILOS

            Una mujer joven se sienta en un banco de la plaza. Disfruta de la suave brisa y de un sol templado. No más está. Siente a una mujer mayor sentarse a su lado. Como ella, quizás, quiere disfrutar de esta tranquila mañana. Entonces, oye la débil voz de esa mujer que acaba de sentarse a su lado. “¿Sabes para qué se cuentan historias?”. “¿Perdone?”, pregunta extrañada la joven. “Las historias, si sabes para qué se cuentan”, le repite pausadamente. “Pues, no sé, para pasar un rato agradable”. “Si, eso es verdad; pero el verdadero valor de las historias es guardar el recuerdo de quien las ha contado. Eso decía nuestra madre. Al recordar un cuento, unos hilos invisibles te unen con quien la ha contado. Recuerdas su voz, sus gestos, su respiración y su mirada, y, de esta forma, siempre estará contigo. Eso decía nuestra madre.” La mujer joven, casi sin quererlo, está atrapada por las palabras de aquella desconocida. Mueve su huesudas manos en el aire, quedamente; la mirada perdida. Entonces, se gira y la mira a los ojos. “¿Sabes el cuento de Kukubiltxo? Nuestra madre nos lo contaba de pequeñas. Y cada vez que lo recuerdo me viene a la memoria mi madre. Su sonrisa, su tono de voz, sus gestos, y también su arroz con leche.” Y una pequeña sonrisa ilumina su cara. Ha comenzado a contarle el cuento; y la joven ha sentido unos hilos invisibles que la unían con esa mujer desconocida. Y ha sabido que al recordar ese cuento ella vendría siempre a su memoria. Para eso sirven los cuentos contados. Hilos invisibles.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

sexta-feira, março 31, 2017

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE CULTURA?

A la hora de hablar sobre cultura surge un primer problema en torno a la definición de la misma. ¿Qué es la cultura? ¿Cómo se define? Seguramente es algo que cada cual, aunque no exactamente, podemos sobreentender. De todas maneras si preguntamos a cualquiera, hasta a nosotros mismos, sobre lo que entendemos por cultura, las definiciones serán dispares. Esta dificultad ha tenido sus vaivenes a lo largo de la historia. Desde su definición en relación a la agricultura, que utilizaban allá por el siglo XVIII, hasta las actuales, las reflexiones en torno a este tema han sido expuestas por filósofos, políticos, antropólogos, etnólogos y, si me apuran, por la tertulia habitual del poteo. Ya los griegos hablaban del cultivo del alma humana para el desarrollo de la persona. Mucho más tarde se entendía el desarrollo de la cultura como el paso del ser humano de la barbarie a la civilización. Una persona culta sería una persona civilizada. En esta continua evolución de los intentos por definir la cultura, los mismos momentos históricos condicionan su entendimiento. Así, la Ilustración, base ideológica de la Revolución Francesa, hacía hincapié en la cultura como instrumento liberador de las personas desde una perspectiva universal y, al mismo tiempo, individual. La cultura como rasgo distintivo del ser humano ante el ser animal, como creación humana a lo largo de los siglos, como signo de progreso, como característica universal, impregna el cambio que trae la ilustración. Con ello el cultivo de las artes y la ciencia sufre un impulso tanto técnico como filosófico que marcará el devenir de las sociedades a partir de entonces. Ante este pensamiento tenemos a los filósofos románticos alemanes con la idea de lo cultural como definitoria de una identidad propia, surgiendo el concepto de distintas culturas en función de distintas identidades nacionales; desarrollando la idea de la cultura como característica definitoria de diferentes sociedades humanas, de un mundo heterogéneo y diverso, ante el concepto de universalidad. El orgullo nacional definido por una cultura propia y diferente de otras. Estos dos posicionamientos en torno a la cultura llegan hasta nuestros días, cruzándose, complementándose a veces, marcando, del mismo modo, posturas políticas muchas veces antagónicas. En definitiva, que esta cuestión de definir la cultura viene siendo un verdadero quebradero de cabeza, dada su importancia a la hora de entender el desarrollo de nuestras sociedades y su estructuración, tanto social como política.
            Pero entonces, ¿de qué hablamos cuando hablamos de cultura? Tratar de buscar una definición actual de su significación no es tema baladí, aún sabiendo que, tal y como nos enseña la historia, sea, quizás, algo transitorio y , seguramente, subjetivo. La importancia de esa necesidad hoy en día, viene dada por el lugar que ocupan las políticas culturas en las distintas administraciones que nos gobiernan. Las dinámicas culturales están condicionadas casi en su totalidad por dichas políticas, tanto directa como indirectamente, a través de ayudas económicas o de infraestructuras. Todas esas políticas, si bien están envueltas en discursos parecidos, no llegan a definir claramente ese conglomerado que llamaríamos cultura y se limitan a ofrecer una serie de servicios dirigidos a la sociedad en los que prevalece la idea de permitir un amplio acceso al consumo de propuestas culturales, en clara relación con el uso del tiempo libre.

La cultura como industria
            Volviendo a las definiciones, el departamento de cultura de la Diputación Foral de Gipuzkoa, en la presentación de los presupuestos de 2016, definía la cultura como “un sistema de valores que estructura la sociedad. Un instrumento para la convivencia y la transformación social”. Dentro de esta definición proponían la actuaciones en el sector bajo dos premisas: el acercamiento de la cultura a la ciudadanía e impulsar las industrias culturales como fuente de riqueza y empleo. El mismo diputado de cultura Denis Itxaso, del PSE-EE, al anunciar la creación de una Unidad de Participación e Innovación Cultural, con el objetivo de gestionar los grandes proyectos estratégicos, presentaba dicha unidad como “una muestra de nuestra voluntad de desarrollar iniciativas culturales transformadoras que sean palanca de cambio en el modelo cultural”. Vemos, pues, cómo las instituciones, en este caso la Diputación de Gipuzkoa, entienden el desarrollo cultural a través de grandes inversiones en infraestructuras, con el objetivo, antes mencionado, de que la cultura sea una palanca de cambio y transformación social. Pero si nos fijamos bien, todo ese cambio viene impulsado por las grandes infraestructuras y el impulso al consumo cultural, siendo estos dos puntos claves en su gestión pública, bajo la idea de generación de empleo y riqueza, no cultural sino económica.
            Vamos viendo, entonces, que cada vez más el impulso a la cultura viene asociado a un intento de desarrollo económico que, a modo de binomio fantástico, ayudará a generar dinámicas de bienestar y modernidad en las personas. Se nos muestra, así, la cultura ligada a la economía, siendo las instituciones públicas las generadoras y promotoras de ese impulso. Todo ello hace que el concepto de industrias culturales tenga cada vez más protagonismo, presentando  a éstas como el motor de la cultura en nuestra sociedad. Desde ese punto de vista, la gestión de la cultura se ve supeditada a un concepto de mercado en el cual las llamadas industrias culturales son la piedra angular de un sector identificado, no ya con esa esperanza de buscar el desarrollo intelectual y humano de las personas, sino como dinamizador económico.  En ningún momento, en cambio, se pone en cuestión el modelo económico por el cual se regirán dichas industrias y dinámicas económico-culturales. Vivimos en una sociedad basada en una economía capitalista en la cual es el mercado quien manda, quien ejerce presión para que la sociedad viva supeditada a las necesidades de dicho mercado; las cuales no buscan el necesario desarrollo social, cultural y libertario de las personas que la componen, no beneficiándose la inmensa mayoría de dichas dinámicas mercantiles, sino padeciéndolas. Unas industrias culturales integradas en una economía cultural que no cuestiona el modelo mercantil del que participa, no hacen sino perpetuar dicho modelo a través de una transmisión cultural cuyo objeto es el beneficio económico, lo cual condicionará indefectiblemente tanto el modelo de oferta cultural como el tipo de contenidos ofrecidos. Una economía cultural basada, dado el modelo capitalista en el que se insertan, en la oferta y la demanda, no podrá arriesgar en propuestas culturales que pongan en cuestión la plusvalía que deviene de las dinámicas del mercado capitalista. Las industrias culturales integradas en dicha economía impulsarían una oferta cultural basada en la ocupación del tiempo libre que las clases trabajadoras disfrutan, tiempo libre que se inserta dentro del esquema laboral capitalista, según el cual el tiempo de asueto no es más que el tiempo necesario para poder seguir produciendo; por lo cual dicha idea de tiempo libre no es tal desde el momento que forma parte de la cadena de producción capitalista. La oferta cultural desarrollada en dicho tiempo no podrá poner en cuestión, aunque pueda pretenderlo formalmente, esa relación laboral-social, ya que estará inserta en una idea ocupacional del tiempo libre, complementaria al tiempo de ocupación laboral.

La izquierda y la cultura
            Ante este modelo de desarrollo cultural la izquierda debería impulsar otro no basado en la idea de una economía cultural que nos viene dada por el modelo económico en el que vivimos, sino inspirado por otro tipo de pensamientos que huyan del concepto economicista de la cultura así como de la idea de un tiempo libre meramente ocupacional relacionado con el tiempo de trabajo asalariado. Y es importante que lo haga no solo por la importancia que tiene a la hora de pensar una sociedad organizada en base a otros valores, sino también por la responsabilidad que tiene cuando gestiona instituciones en las cuales la cultura se provee de importantes recursos económicos y estructurales, tratando de impulsar la estructuración social a través de los mismos. Una izquierda que se considere transformadora, revolucionaria si se quiere, no puede pasar por esta cuestión sin plantearse las bases en las que se sustentan sus políticas culturales, así como su praxis, no solo a la hora de gestionar distintas instituciones, sino en su política general. Una izquierda que trabaje por una sociedad más justa, igualitaria y liberadora, no puede dejar en manos de las leyes del mercado las condiciones económicas y laborales de los trabajadores de la cultura, más bien al contrario, del mismo modo que en otros sectores sociales, debería bregar para que los creadores puedan trabajar en condiciones dignas, ya que el fruto de su creatividad es lo que posibilita, además de otros dinamizadores, que la cultura exista. No puede haber literatura sin escritoras, ni teatro sin dramaturgos, actores, técnicos… La danza no existiría sin personas dedicadas a ella, ni música sin músicos. Del mismo modo debería preocuparse por facilitar a los activistas culturales poder llevar a cabo sus proyectos sin que las burocracias los ahoguen. Debe impulsar y promocionar en la sociedad la importancia de la cultura como un bien social, tal y como lo son la educación o la sanidad, en contraposición a las ideas y dinámicas crematísticas; trabajando para que la sociedad en la que vivimos dé importancia al saber, al pensamiento crítico, al desarrollo intelectual y a los procesos creativos como riquezas en si mismas, no cuantificadas en monedas, sino en bienestar social.
            Una izquierda que se considere transformadora, que trabaje sinceramente por el cambio social, tiene que reflexionar seria y profundamente sobre las políticas culturales a impulsar tanto desde las instituciones en las que trabaja como fuera de ellas. El enriquecimiento cultural de los miembros que componen dicha izquierda, así como de la sociedad en general son indispensables para el cambio social; el impulso del activismo cultural ha de ser una de las tareas de la izquierda para no dejar en manos exclusivamente de las instituciones y los agentes económicos una de las bases que cohesionan la sociedad. Las políticas culturales impulsadas por las instituciones tienen que complementarse con las dinámicas populares que se desarrollan fuera de ellas, prevaleciendo el interés público frente a los intereses económicos. Una izquierda que se precie de serlo, debe reconocerse en una cultura no consumista, que huya del concepto de mero entretenimiento al que es abocada sin piedad. Una economía cultural basada en un concepto capitalista de relaciones económicas nos lleva, paradójicamente, a una aculturación de la sociedad, relegándola a un imaginario filtrado por los intereses del mercado, más interesado en su propia existencia que un verdadero desarrollo cultural y social de las personas.

            Quizás la cuestión hoy en día no es tanto devanarse los sesos en tratar de definir la cultura, cuestión interesante en sí misma, sino reflexionar sobre la ideología en la que se sustentan las actuales políticas y dinámicas culturales; identificar los intereses a los que sirven; impulsar dinámicas y políticas que sirvan a las personas que componemos la sociedad, que tengan como base potenciar los impulsos creadores, intelectuales y liberadores de las personas; que defiendan a los creadores y creadoras ante el mercado, establezcan la cultura como un bien social a defender y divulgar, alejadas del concepto de un sistema ocupacional del tiempo libre. En definitiva, entender la cultura como un bien que nos enriquece como personas y no como un nicho de mercado.