sexta-feira, setembro 21, 2018

Comunismo

En la literatura política (y, seguramente, en la literatura, en general), una de las frases más conocidas es esta: “Un fantasma recorre Europa, el fantasma del Comunismo”. Es la primera frase del Manifiesto Comunista que Marx y Engels publicaron en 1848. Se reivindica en dicho escrito una nueva sociedad; señalando que la lucha de clases ha sido el motor de la historia. La Revolución Soviética, bajo la dirección de Lenin, trató de llevar a la práctica dicho manifiesto. En esta teorización de un mundo sin clases sociales, tuvo especial protagonismo la cultura; ya que , a través de la cultura, se transmitía una determinada visión de la sociedad, estableciendo las diferencias sociales insertadas en la sociedad burguesa y capitalista. Por lo tanto, liberar de las garras burguesas la cultura y trasladarla a las clases populares se convirtió en uno de los objetivos de las nuevas fuerzas revolucionarias. Los dramaturgos alemanes Erwin Piscator y Bertold Brecht, desarrollaron sus teorías y prácticas teatrales bajo esa idea, en la búsqueda de una nueva sociedad. ¿Pero qué tiene que ver todo esto con la narración oral?
La narradora, el narrador, es una persona que observa la sociedad. A través de la narración reflejará sus reflexiones, preocupaciones y posicionamientos, ofreciendo su resultado artístico a la sociedad. En función de su posicionamiento ante la sociedad, y a través de esa dialéctica, irá realizando su propuesta creativa. Para qué contar será la cuestión principal, por encima del qué contar. La sociedad que vivimos se reflejará en la narración, y con ella nuestra mirada. Un fantasma recorre Europa, y nos trae una historia.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

quarta-feira, setembro 12, 2018

Capitalismo

¿Podemos considerar un espectáculo de narración oral como una mercancía? ¿O podemos decir que es una actividad que se sitúa fuera de las leyes del mercado? ¿La narración oral en tanto que trabajo creativo, puede situarse al margen de reglas de juego que impone el neoliberalismo?
La narradora, como otras muchas artistas, para llevar a cabo su creación deberá trabajar muchas horas fuera del escenario, imaginando, leyendo, informándose, investigando,... Y todo eso sin saber si todo ese esfuerzo concluirá en un espectáculo que la dejará a gusto, o funcionará con el público.  Y otra de las preocupaciones que tendrá será si ese producto será vendible; es decir, si las personas que se dedican a la programación cultural lo tendrán en cuenta. Sabrá, que la narración oral dirigida a adultos, tendrá un lugar marginal en las programaciones escénicas; debido a esto, preferirá dar preferencia a espectáculos infantiles; al menos, si no quiere estar fuera del mercado cultural. Sabe, además, que si plantea su trabajo como fomento a la lectura o a la educación en valores, será más “vendible”. Si quiere hacer frente a la fiscalidad que la ahoga, a un mínimo sueldo, tendrá que hacer una oferta que se pueda vender en función de la demanda, para estar en los circuitos culturales; y a pesar de ello, la precariedad penderá sobre si como una espada de Damocles. Sentirá como el mercado condiciona su trabajo creativo. Entonces, la pregunta sería, ¿hace lo que realmente quiere?; o, dicho de otro modo, ¿puede hacer un recorrido creativo propio fuera del mercado de la oferta y la demanda sin caer en la marginalidad?

La influencia del capitalismo y el neoliberalismo en las creaciones de los trabajadores escénicos, y, por extensión, en la cultura, merece una seria reflexión.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

sexta-feira, agosto 17, 2018

De viaje

Como muchos en el mundo, el niño va de viaje. Va entre montes, por caminos retorcidos. Recorre grandes praderas interminables, que se extienden hasta el horizonte. Dejando atrás la mar, se adentra en territorios desconocidos. Mira por la ventanilla del vehículo las lejanas lomas. E imagina. Imagina allí a lo lejos un castillo inexpugnable, donde en la torre más alta tienen encerrada una joven sonriente. Los reflejos de aquella sonrisa llegan hasta él, ¡es tan amplia!  A lomos del caballo que corre más rápido que el pensamiento, atraviesa prados interminables. En su macuto lleva la prenda maravillosa que liberará aquella sonrisa; una prenda que le ayudará ante los muros más gruesos, los guardianes más fieros y las dificultades más extremas: la capa de invisibilidad. La abuela la ha tejido bajo la luna llena. Cabalga rápido, hacia el horizonte. Y al llegar, envuelta en esa capa maravillosa, salvará a aquella muchacha de sonrisa luminosa; desapareciendo los dos envueltos en el viento. Camino a casa.
El niño ha abierto los ojos. Nota el cansancio del viaje. Y allí, a lo lejos, ha visto la fortaleza que conoce hace tiempo. Ha sentido, esperándole, el brillo de la sonrisa que nadie más ha visto. Ahora, en cambio, tiene un plan. Aprieta entre sus manos la capa que ha tejido la abuela.  Nadie le verá entrar. Nadie le verá salir. La madre le ha preguntado extrañada: “¿Qué llevas encima? “¡shhh! calla, que nos pueden oír”.

También en los viajes del verano, muchas niñas y niños sueñan con la libertad. Acompañada de una sonrisa.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

terça-feira, julho 31, 2018

SINCRETISMO

Nuestro abuelo contaba que no se podía salir de casa después del toque de campana para la oración de vísperas, de lo contrario los genios de la noche te llevarían. Y eso le ocurrió a una chica joven allá en su pueblo, Arano, en el norte de Nafarroa; y no la vieron nunca más. Creía en esas cosas. Charlando con dos hombres después de contar cuentos en un bar de Mendaro, pueblo del interior de Gipuzkoa, uno de ellos me contaba cómo en una casa vieja que hubo al lado decían de una mujer que vivió allí que era bruja. Y contó lo que contaban. Según avanzaba el relato me dí cuenta de que yo sabía tres o cuatro versiones de aquella leyenda, y antes de que acabase, en mi mente repetía el final “¿Cómo hombre e hilando? ¿Y cómo gato y hablando?” El otro hombre asentía. En algún programa de la Euskal Telebista (Televisión pública vasca), entrevistaban a una mujer de un caserío de Usurbil, en Gipuzkoa, y en un momento señaló un vaso de agua que estaba en la cocina, y decía que si dejabas un vaso lleno de agua por la noche y al día siguiente tenía burbujitas es que habían estado brujas. En el vaso se podían ver unas pequeñas burbujas.

El sincretismo consiste en que dos religiones se mezclan o se influencian mutuamente. Como en todas las culturas y pueblos del mundo, en el pueblo vasco las creencias y la cultura que se han desarrollado durante siglos, no han estado aislados de otras culturas y creencias; al contrario, ha habido una relación constante, y gracias a ella hemos avanzado. Nuestra originalidad, en caso de que existiese algo así, consiste en que hemos sabido sobrevivir como pueblo vasco, vistiendo nuestra identidad cultural con mil colores, sin dejar de ser. Como muchos en el mundo. Ahí nuestro sincretismo.
Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

segunda-feira, julho 16, 2018

BOLVORETAS

“Por primeira vez desde que comezara con aquel xogo, o pracer que sentía mentres tiña unha bolboreta na boca prolongouse alén do momento de deixala ir. Mantívose en min tanto tempo como estivo na súa boca.”  Liberar una mariposa después de sentir su cosquilleo en la boca, es como sentir el cosquilleo de la vida. Pasar esa mariposa a la persona que se ama, para que sienta esos pequeños estremecimientos, es compartir un sentimiento vital. El escritor gallego Xabier P. Docampo pasó la vida compartiendo palabras aleteadoras. Palabras tiernas, traídas desde el país de la imaginación para hacer un mundo más entrañable. Las mariposas de Xabier son aleteos de la cultura gallega, transmitidas de boca en boca, de una literatura bella y fructífera. La voz rota de Xabier, la sonrisa maravillosa, las incesantes enseñanzas, las historias maravillosas, los ocasionales “mecagüendios”; tenían dentro de si el alma de la niebla, la lluvia, las meigas y la santa compaña. Xabier era gallego, de cuerpo y alma; escritor, narrador oral, y amado amigo gallego y, por eso, era universal; porque  las mariposas en vuelo, por encima de las zarzas, por debajo de las nubes, llegan a cualquier lugar.
Al saber que Xabier nos abandonó para siempre, ha crujido nuestro interior. Xabier nos hermanaba gallegos y vascos con el navegar de sus palabras; dos pueblos pequeños, dos lenguas marginadas, buscando el lugar y el conocimiento que les corresponde. El conocimiento y la solidaridad mutuas nos engrandece; como las mariposas que se ofrecen de boca a boca. Bolvoretas voando dentro de nos.

Texto publicado originalmente en euskara en el diario vasco GARA

domingo, maio 20, 2018

CIENCIA

La luz recorre 300.00km en un segundo; no hay nada que se mueva más rápido en el universo. Gracias a la electricidad la conexión de nuestras sinapsis vive nuestro pensamiento; aunque lo sintamos lento, no es más que un instante. En algunos cuentos el héroe cabalga un caballo maravilloso que corre más rápido que el pensamiento, es decir, más rápido que la electricidad.  Y el cerebro, un órgano que no descansa, es una continua fiesta eléctrica. Y en esa fiesta surgen los cuentos. El cerebro en un puzzle alucinante , un cofre del tesoro fascinante, un desván maravilloso. Letrak, imágenes, olores, recuerdos, deseos, odios, amores, cansancios, alegrías, tristezas…, todas mezcladas esperando juntarse. Antes de comenzar a contar un cuento, las sinapsis del cerebro ya están intercambiando información a través de impulsos eléctricos; han comenzado a transportar piezas del puzzle desde una lado a otro. Se encuentran inmersas en una actividad frenética. El cuento ha comenzado antes de pronunciar la primera palabra. Con la velocidad d ela electricidad el narrador está buscando la primera palabra con la que comenzará el cuento, mientras recibe del entorno olores, sonidos imágenes. las imágenes han comenzado a reunirse, recuerdos, sensaciones. Las proteinas, las hormonas, las bacterias están en un baile desenfrenado, un akelarre. Y comienza el cuento. las palabras llegarán al oído del oyente en ondas de distintas extensiones, los gestos del narrador los transportará la luz hasta sus ojos. y comenzará la fiesta de las sinapsis en el cerebro del oyente. Es la electricidad. La narración es ciencia.

Artículo publicado originalmente en euskara en el diario GARA

domingo, maio 06, 2018

SOBRE LO CORRECTO

Al contar cuentos tradicionales siempre me viene a la mente una duda o preocupación, si los cuentos que nos llegan de la tradición son adecuados para esta época. La preocupación, tan de moda, sobre si tendré que ser politicamente correcto. Los cuentos tradicionales suelen ser criticados por la moral y el modelo de relaciones que llevan consigo, sobre el papel que juegan las mujeres, las alabanzas a los poderosos, y argumentos por el estilo. En infinidad de ocasiones he discutido sobre esto, y en multitud de ocasiones me he dado cuenta de la ignorancia que hay en torno a los cuentos tradicionales, o desinformación cuando menos. Los modelos de cuentos que se suelen utilizar para la crítica, despiadada a veces, suelen ser tres o cuatro, y normalmente filtrados por la factoría Disney. Esto, sin lugar a dudas, condiciona la opinión y la actitud ante la narraciones llegadas a través de la tradición oral; un mundo tremendamente heterogéneo y amplio.
En todas las comunidades humanas que existen y han existido en el devenir de la humanidad, se cuentan y se han contado historias; siendo estas narraciones reflejo de las preocupaciones y reflexiones de dichas comunidades, muestra de sus formas de vida a través del tiempo. Estos cuentos, sin ser escritos, han pasado oralmente de generación en generación, es decir, que tan importante como la historia era quien la contaba. Y aquí está el quid de la cuestión; ya que es a través de la narradora o el narrador dónde estará la razón de ser del cuento, es la persona que narra quien debe reflexionar sobre la sociedad en la que vive, siendo estas reflexiones las que darán cuerpo y sentido a la narración.

Los cuentos tradicionales, si son politicamente correctos o no, no es problema del cuento, sino del narrador o narradora. Y la corrección es la mayor enemiga de la creatividad.

Originalmente publicado en euskara en el diario GARA

quarta-feira, maio 02, 2018

ZUZENTASUNA

Kontu zaharrak kontatzen aritzean beti zalantza eta kezka dator burura, tradiziotik heldu zaizkigun ipuin horiek egokiak ote diren egungo garaiotako. Hain modan dagoen “politikoki zuzena” izan behar ote garenaren kezka. Ipuin tradizionalak asko kritikatu izan dira bere baitan duten moral eta harreman ereduagatik, emakumeek jokatzen duten paperaz, boteretsuen goraipamenak, eta antzeko argudioekin. Maiz eztabaidatu izan dut honen gainean, eta maiz ohartu naiz herri ipuinen gainean dagoen ezjakintasuna. Kritikarako erabili ohi diren ipuin ereduak, hiruzpalau izaten dira eta, normalean, Disney faktoriak egindako bertsioak. Horrek ezinbestez baldintzatuko du istorio tradizionalen gainean dagoen iritzia eta jardun bidea. Kontakizun tradizionalen mundua arras anitza eta zabala da. Munduan diren eta izan diren komunitate humano guztietan kontatu dira eta kontatzen dira ipuinak, eta komunitate horren kezka eta gogoetak islatzen dira, jendarte horren garaian garaiko bizimoduaren erakusle izanik. Ipuinok, idatziz baino, ahoz aho pasa izan dira belaunaldiz belaunaldi, alegia, ipuina bezain garrantzitsua kontalaria bera dugula. Eta hemen dago gakoa, izan ere kontalariaren aldetik etorriko da ipuinari eman nahi zaion arrazoia, kontalaria da istorioaz gain, bizi duen jendarteaz gogoeta egin beharko duena, eta horrek emango dio ipuinari dagokion arrazoia.

Kontu zaharrak, politikoki zuzenak diren edo ez, ez da ipuinen arazoa, kontalariarena baizik. Eta zuzentasuna sormenaren etsairik handiena dugu.

domingo, abril 22, 2018

ENTRETENIMIENTO

“Entendámonos sobre la palabra “entretenimiento”. ¡En absoluto designa la risa, la alegría, la broma! (...) Por “entretenimiento” se debe entender lo que se sirve de los aparentes medios del teatro (la representación, los decorados, los actores, “las réplicas que dan en el clavo”...) para reforzar las opiniones de los espectadores que evidentemente son las opiniones dominantes. En efecto, hay que recordar sin cesar que lo propio de una opinión dominante es dominar realmente el espíritu de todo el mundo” (Elogio del teatro. edit continta me tienes, madrid 2016). Preguntado al respecto, de esta manera respondía en 2012  el dramaturgo y filósofo Alain Badiou al periodista Nicolas Troug, en una entrevista abierta al público dentro del Festival de Teatro de Avignon. En los últimos tiempos, es algo normal hablar de entretenimiento al referirse a la cultura. Las artes escénicas se nos presentan demasiadas veces desde la administración pública, al presentar sus programaciones, como actividades lúdicas para pasar el tiempo. Propuestas de entretenimiento ligeras, pregonando una tregua ante los problemas cotidianos de la vida. Propuestas que nos entretengan; pero, como nos avisa Badiou, que se desarrollarán bajo el palio de la opinión dominante. No hacer pensar, no hacer reflexionar, no impulsar a rebelarse, dejar pasar el tiempo, sin más.

Contar cuentos se presenta también demasiadas veces como una actividad de entretenimiento, un bonito pasatiempo. Muchas veces quien narra lo presenta así, y, entonces, cuando la opinión dominante domina nuestra narración, ha dominado también nuestra mente y nuestra vida.

sexta-feira, setembro 08, 2017

ABURRIMIENTO

Asistimos a una sesión de narración oral. Comienza el espectáculo, pero, después de cierto tiempo, no podemos mucha atención al narrador, y comenzamos a pensar en el tiempo que falta para que llegue el final. Estamos al comienzo del aburrimiento, pequeño al principio, insoportable según avanza el tiempo, un tiempo  arrastrado. Entonces, sin hacer caso a lo que ocurre en el escenario, comenzamos a pensar en cualquier cosa. Por educación, o simplemente, por no quedar en evidencia, aguantamos estoicamente. Y el tiempo se alarga al infinito, las agujas del reloj son de plomo.
En otra ocasión, en cambio, entramos totalmente en la narración, viajando con el narrador, y para cuando nos damos cuenta, ha llegado el final del trayecto narrativo. En los dos casos la duración del espectáculo ha rondado una hora, ¿cuál es la razón, entonces, para esas percepciones distintas del tiempo transcurrido? Si pudiéramos comprenderla, podríamos tener un importante instrumento contra el aburrimiento; ya que el tiempo no es único, sino diverso.
Cuando contamos nos adentramos en un tiempo fantástico, ajeno a la realidad cotidiana; mientras sepamos atraer al público a ese tiempo, pondrá su atención en el relato. Por el contrario. si no entra, o sale de él, regresará a la realidad, desviando su atención por otros caminos; y, entonces, le llegará el aburrimiento. La labor de la narradora, del narrador, será gestionar de la mejor manera ese tiempo; hacer que el público se sitúe en el tiempo de la narración, obviando el tiempo de la realidad cotidiana; olvidando la velocidad de las agujas del reloj; inventando un nuevo tiempo.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

terça-feira, agosto 29, 2017

EL TRAGANARRU

La mar está revuelta. El viento arrecia. El cielo se oscurece. Y el velero baila en las olas. Llega la tormenta. Los marineros están perdidos el océano, lejos de la costa. Hace semanas que partieron de casa hacia el otro lado del mundo. Un joven hace por primera vez esta ruta, muerto de miedo. El temporal arrecia y, como los demás, tiene en la mente la placidez del hogar. ¿Saldrán de esta? le han venido a la mente las terribles historias que le contaban de pequeño. en el océano viven monstruos espantosos, bestias inimaginables; pero entre todos el más terrible es el Traganarru. Aparece de repente, sin avisar; y, alzándose de la mar hasta el cielo, tomando la forma de una serpiente terrorífica, lo engulle todo. Embarcaciones y marineros. Dicen que, a veces, emite un aullido estremecedor; otras veces, en cambio, se la ve alzarse en silencio; y, entonces, no hay huida posible. todas estas leyendas se le vienen a la cabeza al joven marinero, mientras se balancea en las olas cada vez más gigantes, y reza para que no aparezca el Traganarru. entonces lo ha visto, cerca de la borda. Las aguas ascendiendo en un remolino veloz. El joven marinero lo ha visto, el Traganarru apareciendo de la mar…

Hay palabras que transportan dentro de sí un mundo fantástico. Que con solo pronunciarlas encienden la imaginación, dando pie a la narración. El Traganarru es un fenómeno meteorológico que se produce en la mar. Impresionante. Un remolino de agua imponente que se alza hasta el cielo; que quien lo ha visto no olvidará. Que gracias a la imaginación humana se convierte en un fenómeno fantástico.

Traganarru. En el pensamiento mágico vasco una especie de serpiente gigante que se alza en mitad de la mar y se traga todo lo que encuentra a su paso.

Escrito originalmente en euskara en el diario GARA

terça-feira, agosto 15, 2017

RECUERDOS

Estando en Markina- Xemein (Bizkaia) haciendo tiempo antes de una sesión de narración, entro en un bar a tomar algo, y el joven camarero : “Tú viniste a mi clase a contar cuentos”. Habían pasado unos años ya de eso, pero el joven todavía retenía en su memoria uno de los cuentos que conté. “Una chica aparece en una curva, o algo así, no recuerdo bien el cuento, pero se me quedó en la memoria, no sé por qué”. Si recordaba esa historia, les habría contado leyendas urbanas seguramente, es muy conocida en todo el mundo esa leyenda. Un hombre que conduce por la carretera, recoge a un chica que hace auto-stop. Mientras sube por la carretera, la chica le avisa que tenga cuidado en una curva cerrada. cuando pasa la curva, la chica ha desaparecido. Camino de Markina subo el puerto de Itziar y al pasar por una de las curvas me viene a la memoria dicha leyenda, que en algunas versiones la localizas ahí justamente. Y justo una hora después este joven me la recuerda mientras me sirve una cerveza.

Muchas veces pienso en qué huella habrán dejado mis relatos en la mente de los asistentes a mis sesiones. ¿Habrán llevado consigo un cuento siquiera? ¿Y por qué ese cuento? El joven tabernero no recordaba bien la historia, ni sabía por qué la guardaba en la memoria desde la adolescencia. Es curioso como nuestra cerebro almacena los recuerdos. Y más curioso aun, que habiendo recordado yo mismo esa historia de camino a Markina, alguien me la recuerde poco después. Una conexión fantástica. Cómo no amar la narración oral.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA.

quinta-feira, julho 27, 2017

EL ESTRENO

El público comienza a entrar. Tú estás entre bambalinas, oculto. En las sombras. Esperando. Esperando el momento de comenzar. Oyes el murmullo del público. Están colocandose en su localidad. El público también espera. Espera a que comience el espectáculo. Se acerca el momento. Es la hora. Esperaremos cinco minutos a los rezagados que están entrando todavía. En las sombras, no paras de moverte arriba y abajo. ¿Les gustará lo preparado? ¿Lo harás como está previsto? ¿Discurrirá todo sin fallos? Fumarías un cigarrillo, pero dentro del teatro no se puede fumar, ni siquiera en este escondite escénico. Por los altavoces avisan que se apaguen los teléfonos, mientras se atenúa la luz de sala. Ha llegado el momento. Respiras profundamente y surges de tu escondite para enfrentarte al silencio sagrado del público. Das el primer paso hacia el infinito. Cruzas el escenario. Comienza el espectáculo.
No es habitual que se presenten estrenos de espectáculos de narración oral, mucho menos en un teatro. En otras artes escénicas es imprescindible presentar la primera actuación de un nuevo espectáculo como una ocasión especial; anunciando su nacimiento, liberando la creación surgida de la imaginación y del trabajo. La narración oral está necesitada de estrenos; de darle en los teatros esa primera respiración al nuevo espectáculo. Para que el público vea que se merece su sitio en la vida cultural. Para que los narradores y narradoras lo creamos.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

quinta-feira, junho 01, 2017

ADOLESCENTES

“¿Os gustan los cuentos?” “No”. La chica adolescente lo tiene claro; el porqué ya no tanto. Como el chico que está delante suyo.  A los demás compañeros y compañeras de clase se les percibe una opinión idéntica.  Con los adolescentes tengo la costumbre de comenzar así la sesión, aún sabiendo de antemano cual va a ser la respuesta. Imagino que piensan que los cuentos no son para ellas y ellos, sino para las crios. Un público difícil, complicado. Pero no por ello malo. Adolescentes, personas que no son ni niños ni adultos; que están en una transición complicada, a veces dura; algo que ya hemos pasado los demás, mejor o peor. Y, claro, escuchar cuentitos no es algo que entre en sus perspectivas vitales. ¿O sí? El rechazo de los adolescentes por la narración de cuentos solemos achacarlo a su falta de interés, a edad complicada, al decir a todo no, y a que sus intereses están en otras cuestiones. Han interiorizado que los cuentos son cosa de la infancia o, quizás, se lo hemos hecho interiorizar. Tienes el público en contra, edad difícil, en este ambiente escolar tú eres un adulto, como las profesoras, o de la edad de sus padres, ideas preconcebidas… Pero los retos me provocan.

En el instituto de Muskiz, en Bizkaia, tengo un grupo de adolescentes enfrente. Tienen grabada la palabra NO en la frente. De todas maneras alguno o alguna muestra un ligero ademán de curiosidad. Otros directamente pasan. Y tu cabeza bullendo, enredado en la estrategia a seguir. Pero sabes, por experiencia, que antes de comenzar a contar cuentos, lo primero es conseguir una atención hacia tu persona, encender la curiosidad por el tipo ese que ha venido a contar cuentitos. Los cuentos llegarán más tarde. Comienza la sesión. Cuando estás terminando suena el timbre anunciando el sagrado recreo, pero las alumnas y alumnos no quieren irse sin saber cómo acaba esa historia. Encantadores los adolescentes. Un público maravilloso.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

quinta-feira, abril 06, 2017

HILOS

            Una mujer joven se sienta en un banco de la plaza. Disfruta de la suave brisa y de un sol templado. No más está. Siente a una mujer mayor sentarse a su lado. Como ella, quizás, quiere disfrutar de esta tranquila mañana. Entonces, oye la débil voz de esa mujer que acaba de sentarse a su lado. “¿Sabes para qué se cuentan historias?”. “¿Perdone?”, pregunta extrañada la joven. “Las historias, si sabes para qué se cuentan”, le repite pausadamente. “Pues, no sé, para pasar un rato agradable”. “Si, eso es verdad; pero el verdadero valor de las historias es guardar el recuerdo de quien las ha contado. Eso decía nuestra madre. Al recordar un cuento, unos hilos invisibles te unen con quien la ha contado. Recuerdas su voz, sus gestos, su respiración y su mirada, y, de esta forma, siempre estará contigo. Eso decía nuestra madre.” La mujer joven, casi sin quererlo, está atrapada por las palabras de aquella desconocida. Mueve su huesudas manos en el aire, quedamente; la mirada perdida. Entonces, se gira y la mira a los ojos. “¿Sabes el cuento de Kukubiltxo? Nuestra madre nos lo contaba de pequeñas. Y cada vez que lo recuerdo me viene a la memoria mi madre. Su sonrisa, su tono de voz, sus gestos, y también su arroz con leche.” Y una pequeña sonrisa ilumina su cara. Ha comenzado a contarle el cuento; y la joven ha sentido unos hilos invisibles que la unían con esa mujer desconocida. Y ha sabido que al recordar ese cuento ella vendría siempre a su memoria. Para eso sirven los cuentos contados. Hilos invisibles.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

sexta-feira, março 31, 2017

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE CULTURA?

A la hora de hablar sobre cultura surge un primer problema en torno a la definición de la misma. ¿Qué es la cultura? ¿Cómo se define? Seguramente es algo que cada cual, aunque no exactamente, podemos sobreentender. De todas maneras si preguntamos a cualquiera, hasta a nosotros mismos, sobre lo que entendemos por cultura, las definiciones serán dispares. Esta dificultad ha tenido sus vaivenes a lo largo de la historia. Desde su definición en relación a la agricultura, que utilizaban allá por el siglo XVIII, hasta las actuales, las reflexiones en torno a este tema han sido expuestas por filósofos, políticos, antropólogos, etnólogos y, si me apuran, por la tertulia habitual del poteo. Ya los griegos hablaban del cultivo del alma humana para el desarrollo de la persona. Mucho más tarde se entendía el desarrollo de la cultura como el paso del ser humano de la barbarie a la civilización. Una persona culta sería una persona civilizada. En esta continua evolución de los intentos por definir la cultura, los mismos momentos históricos condicionan su entendimiento. Así, la Ilustración, base ideológica de la Revolución Francesa, hacía hincapié en la cultura como instrumento liberador de las personas desde una perspectiva universal y, al mismo tiempo, individual. La cultura como rasgo distintivo del ser humano ante el ser animal, como creación humana a lo largo de los siglos, como signo de progreso, como característica universal, impregna el cambio que trae la ilustración. Con ello el cultivo de las artes y la ciencia sufre un impulso tanto técnico como filosófico que marcará el devenir de las sociedades a partir de entonces. Ante este pensamiento tenemos a los filósofos románticos alemanes con la idea de lo cultural como definitoria de una identidad propia, surgiendo el concepto de distintas culturas en función de distintas identidades nacionales; desarrollando la idea de la cultura como característica definitoria de diferentes sociedades humanas, de un mundo heterogéneo y diverso, ante el concepto de universalidad. El orgullo nacional definido por una cultura propia y diferente de otras. Estos dos posicionamientos en torno a la cultura llegan hasta nuestros días, cruzándose, complementándose a veces, marcando, del mismo modo, posturas políticas muchas veces antagónicas. En definitiva, que esta cuestión de definir la cultura viene siendo un verdadero quebradero de cabeza, dada su importancia a la hora de entender el desarrollo de nuestras sociedades y su estructuración, tanto social como política.
            Pero entonces, ¿de qué hablamos cuando hablamos de cultura? Tratar de buscar una definición actual de su significación no es tema baladí, aún sabiendo que, tal y como nos enseña la historia, sea, quizás, algo transitorio y , seguramente, subjetivo. La importancia de esa necesidad hoy en día, viene dada por el lugar que ocupan las políticas culturas en las distintas administraciones que nos gobiernan. Las dinámicas culturales están condicionadas casi en su totalidad por dichas políticas, tanto directa como indirectamente, a través de ayudas económicas o de infraestructuras. Todas esas políticas, si bien están envueltas en discursos parecidos, no llegan a definir claramente ese conglomerado que llamaríamos cultura y se limitan a ofrecer una serie de servicios dirigidos a la sociedad en los que prevalece la idea de permitir un amplio acceso al consumo de propuestas culturales, en clara relación con el uso del tiempo libre.

La cultura como industria
            Volviendo a las definiciones, el departamento de cultura de la Diputación Foral de Gipuzkoa, en la presentación de los presupuestos de 2016, definía la cultura como “un sistema de valores que estructura la sociedad. Un instrumento para la convivencia y la transformación social”. Dentro de esta definición proponían la actuaciones en el sector bajo dos premisas: el acercamiento de la cultura a la ciudadanía e impulsar las industrias culturales como fuente de riqueza y empleo. El mismo diputado de cultura Denis Itxaso, del PSE-EE, al anunciar la creación de una Unidad de Participación e Innovación Cultural, con el objetivo de gestionar los grandes proyectos estratégicos, presentaba dicha unidad como “una muestra de nuestra voluntad de desarrollar iniciativas culturales transformadoras que sean palanca de cambio en el modelo cultural”. Vemos, pues, cómo las instituciones, en este caso la Diputación de Gipuzkoa, entienden el desarrollo cultural a través de grandes inversiones en infraestructuras, con el objetivo, antes mencionado, de que la cultura sea una palanca de cambio y transformación social. Pero si nos fijamos bien, todo ese cambio viene impulsado por las grandes infraestructuras y el impulso al consumo cultural, siendo estos dos puntos claves en su gestión pública, bajo la idea de generación de empleo y riqueza, no cultural sino económica.
            Vamos viendo, entonces, que cada vez más el impulso a la cultura viene asociado a un intento de desarrollo económico que, a modo de binomio fantástico, ayudará a generar dinámicas de bienestar y modernidad en las personas. Se nos muestra, así, la cultura ligada a la economía, siendo las instituciones públicas las generadoras y promotoras de ese impulso. Todo ello hace que el concepto de industrias culturales tenga cada vez más protagonismo, presentando  a éstas como el motor de la cultura en nuestra sociedad. Desde ese punto de vista, la gestión de la cultura se ve supeditada a un concepto de mercado en el cual las llamadas industrias culturales son la piedra angular de un sector identificado, no ya con esa esperanza de buscar el desarrollo intelectual y humano de las personas, sino como dinamizador económico.  En ningún momento, en cambio, se pone en cuestión el modelo económico por el cual se regirán dichas industrias y dinámicas económico-culturales. Vivimos en una sociedad basada en una economía capitalista en la cual es el mercado quien manda, quien ejerce presión para que la sociedad viva supeditada a las necesidades de dicho mercado; las cuales no buscan el necesario desarrollo social, cultural y libertario de las personas que la componen, no beneficiándose la inmensa mayoría de dichas dinámicas mercantiles, sino padeciéndolas. Unas industrias culturales integradas en una economía cultural que no cuestiona el modelo mercantil del que participa, no hacen sino perpetuar dicho modelo a través de una transmisión cultural cuyo objeto es el beneficio económico, lo cual condicionará indefectiblemente tanto el modelo de oferta cultural como el tipo de contenidos ofrecidos. Una economía cultural basada, dado el modelo capitalista en el que se insertan, en la oferta y la demanda, no podrá arriesgar en propuestas culturales que pongan en cuestión la plusvalía que deviene de las dinámicas del mercado capitalista. Las industrias culturales integradas en dicha economía impulsarían una oferta cultural basada en la ocupación del tiempo libre que las clases trabajadoras disfrutan, tiempo libre que se inserta dentro del esquema laboral capitalista, según el cual el tiempo de asueto no es más que el tiempo necesario para poder seguir produciendo; por lo cual dicha idea de tiempo libre no es tal desde el momento que forma parte de la cadena de producción capitalista. La oferta cultural desarrollada en dicho tiempo no podrá poner en cuestión, aunque pueda pretenderlo formalmente, esa relación laboral-social, ya que estará inserta en una idea ocupacional del tiempo libre, complementaria al tiempo de ocupación laboral.

La izquierda y la cultura
            Ante este modelo de desarrollo cultural la izquierda debería impulsar otro no basado en la idea de una economía cultural que nos viene dada por el modelo económico en el que vivimos, sino inspirado por otro tipo de pensamientos que huyan del concepto economicista de la cultura así como de la idea de un tiempo libre meramente ocupacional relacionado con el tiempo de trabajo asalariado. Y es importante que lo haga no solo por la importancia que tiene a la hora de pensar una sociedad organizada en base a otros valores, sino también por la responsabilidad que tiene cuando gestiona instituciones en las cuales la cultura se provee de importantes recursos económicos y estructurales, tratando de impulsar la estructuración social a través de los mismos. Una izquierda que se considere transformadora, revolucionaria si se quiere, no puede pasar por esta cuestión sin plantearse las bases en las que se sustentan sus políticas culturales, así como su praxis, no solo a la hora de gestionar distintas instituciones, sino en su política general. Una izquierda que trabaje por una sociedad más justa, igualitaria y liberadora, no puede dejar en manos de las leyes del mercado las condiciones económicas y laborales de los trabajadores de la cultura, más bien al contrario, del mismo modo que en otros sectores sociales, debería bregar para que los creadores puedan trabajar en condiciones dignas, ya que el fruto de su creatividad es lo que posibilita, además de otros dinamizadores, que la cultura exista. No puede haber literatura sin escritoras, ni teatro sin dramaturgos, actores, técnicos… La danza no existiría sin personas dedicadas a ella, ni música sin músicos. Del mismo modo debería preocuparse por facilitar a los activistas culturales poder llevar a cabo sus proyectos sin que las burocracias los ahoguen. Debe impulsar y promocionar en la sociedad la importancia de la cultura como un bien social, tal y como lo son la educación o la sanidad, en contraposición a las ideas y dinámicas crematísticas; trabajando para que la sociedad en la que vivimos dé importancia al saber, al pensamiento crítico, al desarrollo intelectual y a los procesos creativos como riquezas en si mismas, no cuantificadas en monedas, sino en bienestar social.
            Una izquierda que se considere transformadora, que trabaje sinceramente por el cambio social, tiene que reflexionar seria y profundamente sobre las políticas culturales a impulsar tanto desde las instituciones en las que trabaja como fuera de ellas. El enriquecimiento cultural de los miembros que componen dicha izquierda, así como de la sociedad en general son indispensables para el cambio social; el impulso del activismo cultural ha de ser una de las tareas de la izquierda para no dejar en manos exclusivamente de las instituciones y los agentes económicos una de las bases que cohesionan la sociedad. Las políticas culturales impulsadas por las instituciones tienen que complementarse con las dinámicas populares que se desarrollan fuera de ellas, prevaleciendo el interés público frente a los intereses económicos. Una izquierda que se precie de serlo, debe reconocerse en una cultura no consumista, que huya del concepto de mero entretenimiento al que es abocada sin piedad. Una economía cultural basada en un concepto capitalista de relaciones económicas nos lleva, paradójicamente, a una aculturación de la sociedad, relegándola a un imaginario filtrado por los intereses del mercado, más interesado en su propia existencia que un verdadero desarrollo cultural y social de las personas.

            Quizás la cuestión hoy en día no es tanto devanarse los sesos en tratar de definir la cultura, cuestión interesante en sí misma, sino reflexionar sobre la ideología en la que se sustentan las actuales políticas y dinámicas culturales; identificar los intereses a los que sirven; impulsar dinámicas y políticas que sirvan a las personas que componemos la sociedad, que tengan como base potenciar los impulsos creadores, intelectuales y liberadores de las personas; que defiendan a los creadores y creadoras ante el mercado, establezcan la cultura como un bien social a defender y divulgar, alejadas del concepto de un sistema ocupacional del tiempo libre. En definitiva, entender la cultura como un bien que nos enriquece como personas y no como un nicho de mercado.

terça-feira, janeiro 17, 2017

Mujeres

La idea para una sesión de cuentos te atrapa por sorpresa muchas veces. Aunque seguramente ya hay alguna idea anterior que ronda en la cabeza, no encuentra el camino deseado. Así andaba yo hace bastantes años. Todavía neófito en este mundo de la narración oral andaba sin saber muy bien por dónde encaminar las ideas ni cómo expresarlas; queriendo huir de estereotipos, queriendo traer a la narración mis reflexiones y preocupaciones. Y todavía así continuo. Tenía entonces una confusión de ideas sin poder darles salida ni concretarlas en una sesión narrativa. Teniendo todo eso cociéndose en la cabeza, llegó a mis manos el recién publicado libro de Angela Carter, Caperucitas cenicientas y marisabidillas, una recopilación de cuentos tradicionales de culturas de todo el mundo donde las protagonistas eran mujeres. Una recopilación maravillosa.  Fue comenzar a leerlo y encenderse la bombilla. El espectáculo giraría en torno a la aparición de mujeres en los cuentos tradicionales (copiando siempre, como todo narrador que se precie). Me atraía la idea de reflexionar sobre la cuestión a través de la narración de esas historias. Comenzando con el mencionado libro e indagando por otras muchas recopilaciones pude, al fín, presentar el que sería mi segundo espectáculo de narración oral, Carne de lengua.
Con el comienzo del año una mujer ha sido asesinada por un hombre. Otra más. Una suerte de genocidio no reconocido. ¿Cuándo comenzó? ¿En qué momento de la historia? En todas las culturas del mundo hay cuentos en los que aparece el tema: mujeres asesinadas, violadas, comidas… ¿Es posible hacer un espectáculo de narración con esto? ¿Es legítimo? Es una idea que hace tiempo ronda en mi cabeza. Ha llegado a mis manos Cuentos de hadas la última edición en castellano de la recopilación de cuentos de Angela Carter, con los cuentos de la anterior edición y algunos más. Hay mucho para contar.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

terça-feira, janeiro 10, 2017

Mendigos

Hace unos días un amigo comentaba la cantidad de mendigos que se veían en las calles del pueblo, y al mismo tiempo mostraba su preocupación por si habría algún tipo de política de ayudas para con estos pobres. Recordé entonces, que cuando leía en la adolescencia El Buscón de Quevedo o El Lazarillo de Tormes, me llamaba la atención la cantidad de mendigos que aparecían, como una representación de tiempos lejanos. El franquismo también tuvo en cuenta a los pobres y en la década de los 50 lanzó la campaña “ Por Navidad pon un pobre en tu mesa”, de manera que los ricos practicasen y mostrasen su caridad en fechas tan señaladas. Berlanga dirigió una película genial con el tema: “Plácido”. Felizmente yo no conocía esa situación, aún siendo de un barrio obrero azotado por la crisis. La idea de pobreza no era la de miseria, podría decirse que la pobreza vendría dada por la escasez en comparación con la abundancia de los ricos. Los mendigos se me mostraban como algo del mundo literario.

En los cuentos tradicionales los mendigos, los pobres, los marginales son personajes habituales, que viven mil peripecias para escapar de su situación. Los pobres son los protagonistas y la solidaridad les acompaña en sus aventuras. La anciana mendiga ayudará a la protagonista a tornar su suerte, en pago a su generosidad. En la vida de los nadie no hay caridad, sino solidaridad, preocupación por el otro. Los pobres en los cuentos no se sientan en las mesas de los ricos para limpiar las conciencias de ellos, sino que toman la mesa. El narrador, la narradora transmitirá su voz.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

quinta-feira, outubro 27, 2016

FO

Es una discusión recurrente entre narradores. ¿La narración oral es literatura o teatro? ¿Es, quizás, una mezcla de los dos? ¿O, simplemente, es una actividad creativa con personalidad propia? Como ocurre muchas veces, tal discusión es lo más parecido a un remolino sin salida. Yo, si queréis saberlo, considero a la narración oral como un arte escénico, con una identidad propia, aunque tenga influencia de la literatura, pero, sobre todo, con una gran relación con el teatro. La narración oral es una actividad artística que ocurre en directo, una vez escenificada no volverá a representarse del mismo modo, tal y como ocurre en el teatro. La comunicación corporal, los movimientos, los gestos, la voz..., en muchas ocasiones tienen más fuerza que la palabra misma, siendo el cuerpo quien dirigirá la palabra. En opinión de muchos, ocurre al contrario. Y de esta manera, entramos una vez más en el remolino.
Pero al ver a Dario Fo en escena, presentando alguno de los monólogos del Misterio Buffo, me aferro más a mi idea. El narrador en escena, contando un relato maravilloso, los personajes en danza, construyéndolos en el aire. No necesitas entender el italiano para seguir la narración, para reir con ella, para encandilarte. Es el bufón, narrador y actor en el mismo cuerpo.
Mucho tenemos que aprender los narradores del bufón, de Darío Fo. Contar una historia nomes solamente ensalzar la belleza de la palabra dicha. Contar historias es danzar el cuerpo, haciendo uno la voz, los gestos, los movimientos. Demostrar que el mundo se puede cambiar.

sexta-feira, agosto 26, 2016

SALUDADORES

Si eres el séptimo hermano de siete, sin mujeres entre medio, y tienes encima o debajo de la lengua la marca de una cruz, tendrás el don de ser saludador. Los saludadores tenían la gracia de curar la rabia. El investigador de la oralidad, el vasco Jabier Kalzagorta nos llama la atención sobre estos personajes. La guipuzcoana Mikela Elizegi nos describe en sus memorias a un saludador que conoció en 1876, en su pueblo de Asteasu, en Gipuzkoa: “Era de Albiztur [un pueblo cercano al suyo], un hombre muy pequeño. Vestía con una blusa azul (…). Y algunos tienen una cruz encima de la lengua y otros debajo. Aquel la tenía encima”. Para curar el mordisco de un perro rabioso introducía en su boca aceite hirviendo y luego lamía con su lengua la herida. La RAE define a los saludadores como embaucadores, que decían curar la rabia con el aliento, la saliva y con ciertos conjuros. Mira por donde, la curación por la boca y las palabras.

Últimamente se está extendiendo la opinión de la capacidad sanadora de la narración. Más que saludadores, los cuentos son sanadores. Los narradores sanadores del alma. Quizás, saludadores de la rabia que contagia la vida. A decir verdad, no llego a comprender esa exaltación de la capacidad sanadora de los cuentos. La palabra nos cura, dicen; pero también nos enrabia. El narrador no es curandero, ni sanador ni pseudo-médico. El narrador es una persona que ofrece ante el público una propuesta artística. No se introduce aceite hirviendo en la boca para lamer heridas; no tiene una cruz en la lengua. Pero, quizás, se pueda imaginar una interesante narración con la vida de aquel saludador de Albiztur.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

quinta-feira, agosto 11, 2016

DE DONDE


Una vez encontré una curiosa noticia en algún diario. Un hombre era condenado por mantener relaciones sexuales con un sofá. Si no recuerdo mal la condena era de cinco meses de prisión. La noticia explicaba que un policía fuera de servicio vio cómo un hombre mantenía relaciones sexuales con un sofá al borde de la carretera; inmediatamente paró y lo detuvo. En otro diario leí otra noticia igual de curiosa. Un joven era detenido tras atracar un banco a cara descubierta. La policía pudo comprobar su identidad al visionar los videos, lo cual extrañó al joven ya que decía que eso no era posible al haberse rociado la cara con zumo de limón lo cual le volvía invisible. Los respectivos juicios no tendrían ningún desperdicio. Hay otros relatos curiosos que nos llegan por boca de distintas personas. Nuestro padre cuenta que hace tiempo, cuando alguien moría en Pasajes de San Juan, pueblo de la costa gipuzkoana, tenían que traer el ataúd de Pasajes Antxo, al otro lado de la bahía. De ello se encargaba un hombre que había sido guardia civil. Cuando era necesario cargaba en su chalupa el ataúd y cruzaba a remo de una orilla a otra con su carga fúnebre. Me parece una metáfora increíble. Un guardia civil llevando cargado en su barca un ataúd. Un Creonte moderno atravesando lentamente, en lugar del rio Estigia, .la bahía de Pasaia, anunciando la muerte.

Muchas veces me preguntan de dónde saco las historias, y entonces cuento estas curiosidades. La vida está conformada por historias increíbles. Tener las orejas y los ojos abiertos es una necesaria obligación del narrador.

quinta-feira, maio 05, 2016

KALAKARI

         En Euskara a la pequeña tablilla que hay en el molino harinero, a la cítola o tarabilla, se le llama kalaka, onomatopeya del ruido que hace: kala-kala-kala. Cuando está en marcha, el molino repite sin cesar: kala-kala-kala. Con ese interminable kala-kala-kala habla el molino. Kalaka se refiere asimismo al infinito desparrame de palabras que se extiende hasta sacar de sus casillas a quien lo sufre. Y kalakari es la persona que lo produce. El kalakari no tiene compasión con el de al lado, su verborrea le entra por la oreja al cuitado que tiene enfrente hasta reventarle el cerebro. Como ese interminable y exasperante kala-kala-kala del molino. Mas el del molino se puede parar cortando el curso del agua y dando fin a ese interminable traqueteo de la cítora. ¿Cómo parar, en cambio, la palabrería del kalakari? Da la impresión que en esa lengua carnosa que hace la función de la tablilla del molino, acoge todos los diccionarios habidos y por haber. Grandes debates se forman sobre si el kalakari respira al hablar. Quizás emplea la técnica de la respiración continua que se utiliza al tocar algunos instrumentos de viento, como la alboka, la que sigue sonando mientras el músico respira. No hay tema sobre el que no opine convencido el kalakari y conoce, además, los sucedidos más curiosos. De la boca del kalakari surgen las palabras a velocidad punta, batiendo records. El kalakari sale de la misma horma que el kalanbriatsu y el kalapitalari. Es, al mismo tiempo, solidario con el tarabilla, versión castellana de la misma tablilla molinera, ese personaje que habla mucho y apriesa sin orden ni concierto. Cuando el tarabilla se junta con los tres vascos, estén donde estén, montan una kalamatika de la de dios es cristo.

         Es un gran riesgo para el narrador transformarse en kalakari, en tarabilla. Perdido en una borrachera de palabras, olvidando la razón de contar, puede convertirse en náufrago en el mar de la narración. Perdido el rumbo, mareado en el balanceo de las palabras, los cuentos golpearán como olas su embarcación maltratada, y el último lo hundirá. No sabiendo por qué ni para qué cuenta, del narrador solo se oirá: kala-kala-kala.

segunda-feira, maio 02, 2016

BERRITSU

            La palabra vasca berria podemos traducir al castellano como nueva-o y también noticia. De ahí deriva la palabra berritsu que podríamos traducirlo literalmente como "quien trae muchas nuevas, noticias", es decir, como hablador, aunque en el sentido de charlatán, es decir, hablador en demasía. A los niños que no paran de hablar y contar cosas se les suele llamar berritsu, de una manera simpática, casi tierna. Nos hace gracia oír a un niño, a una niña pequeña hablar sin parar. De todas maneras, ese infantil zambullirse en el idioma y en la necesidad de decir nos puede llevar de la sonrisa a la desesperación, sin saber cuándo callará. Entre adultos, en cambio, ese contar sin fin no parece tan simpático. El berritsu puede ser también un indiscreto, que nos calienta la oreja con cosas que nos importan un pito, hasta quemarla a veces. Berritsu es aquella persona que nos trae noticias sin parar, periodista hablador de mil sucedidos. Deportista de élite en palabrear. El berritsu continuará con su infinito decir aún en medio del concierto punk más atronador. Por mucho que la profesora intente acallarlo, el niño berritsu continuará hablando entre dientes. Berritsu es un gimnasta del idioma, élite del periodismo, cumbre inalcanzable de filólogos, competencia del murmullo acuático, promotor perseverante de la venta de aspirinas.

            ¿No seremos los narradores orales la intelectualidad de los berritsu? Más de una vez me han solido preguntar, después de una sesión de narración, extrañados, cómo podemos estar hora y media hablando sin parar. “Entrenando con los amigos”, suelo contestar medio en broma. Puede que los narradores seamos los berritsu del arte de la oralidad. De todas maneras, exige mucho trabajo atrapar de una manera artística al público en las garras de la narración, sin caer en la charlatanería, transitando en la cuerda floja de la charla.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

KONTAKATILU

         Desde la mañana temprano el bar Paraíso era un ir y venir de gente. Los trabajadores y trabajadoras del cercano mercado, clientes del mismo, los que iban a uno u otro trabajo, o quienes, levantándose temprano, iban a otro tipo de quehaceres, se tomaban su tiempo para desayunar. O, simplemente, tomar un café. Al acercarse a la barra y pedir un café con leche, el viejo Patxi siempre tenía la misma pregunta: ¿En vaso o en taza?. La costumbre o las ganas del momento encaminaban la respuesta. El vaso o la taza marcaban el comienzo del día, los acontecimientos del día se recogerían en uno u otro recipiente, las anécdotas matutinas… ¡Cuántas historias se recogerían en aquellas tazas! Un recipiente de historias. En idioma vasco existe una palabra que recoge los dos términos: Kontakatilu. Podríamos traducirlo como taza de historias; pero en realidad no se refiere a un objeto, sino a una persona, es decir, a una persona que es una taza de historias, de relatos; una persona que cuenta, una taza que cuenta.

         El idioma es juego, juego de significados. Las palabras, como en la danza, se juntan, se separan, se vuelven a juntar, saltan, giran, juntas, agarradas. Cada una aporta su significado, creando otro al unirse. En constante evolución, en un viaje creativo. Kontakatilu, tiene en su interior el contar y el recipiente; sin embargo, siendo dos son una palabra. El o la kontakatilu guarda en su interior innumerables historias para contar y, como un mago, las hace aparecer por aquí y por allá, una anécdota, un relato, una experiencia, un cuento,… El kontakatilu nos hace vivir con el ilusionismo del decir. Pero hay que tener cuidado, ya que el exceso nos puede llevar a otro de los significados de la palabra, el de delator, el de chascarrillero, maledicente; el de hablador de palabras vacías. Entonces, el café con leche en vez de en una elegante taza, lo tomaremos en un vaso vulgar y corriente.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

sexta-feira, março 18, 2016

¿POR QUÉ?

            Hace poco concluyó en Bilbao el Festival de narración oral Istorio Biziak/Cuentos Encadenados. Este año celebraban la tercera edición con espectáculos tanto para adultos como para niños, además de complementar distintas expresiones de oralidad como la narración oral y el bertsolarismo. Nada más acabar el evento de Bilbao comenzaba en las localidades gipuzkoanas de Ordizia y Tolosa el festival internacional de oralidad Ahoz-Aho, llegando a su novena edición. Dentro de la programación se incluye desde hace cuatro ediciones el único concurso de Narración Oral de Cuentos. Tanto en un festival como en el otro participan narradoras y narradores punteros de Euskal Herria así como otros venidos de fuera de nuestras fronteras, todos ellos y ellas con un reconocido oficio dentro de la narración oral. Junto a ellos, se tiene en cuenta un espacio para aquellos y aquellas que comienzan en este oficio, algo importante para hacer, lo que en términos deportivos se conoce como cantera. Dos festivales interesantes y necesarios para conocer la actualidad de la narración oral, tanto vasca como foránea. ¿Por qué entonces el escaso interés de los medios, salvo en crónicas locales? ¿Por qué la narración oral no tiene el sitio que se merece en las noticias culturales?
            Quizás sea por la imagen que social y periodísticamente se tiene de la narración oral como un bonito pasatiempo infantil. Y algo así, un mero pasatiempo, no da para una noticia interesante, parece ser. Algo tendrá que ver, también, la ignorancia que se tiene  sobre la importancia de la narración oral como fenómeno cultural, por lo que no puede visualizarse en su dimensión cultural y creadora. Por ello, quizás, nos siguen preguntando en la entrevistas: “¿Los cuentos no son solo para niños, verdad?”

Artículo publicado originalmente en euskara en el diario GARA

segunda-feira, fevereiro 29, 2016

La madre

            Conocía el cuento de Kukubiltxo de las recopilaciones de Jose Miguel de Barandiaran. Un día hablando con mi madre sobre cuentos me contó uno que les contaba mi abuela de Azkoitia y que de pequeña le gustaba mucho, el cuento de Kukubiltxo. Me quedé sorprendido, ya que canciones le había oído muchas pero cuentos ninguno. La versión editada por Barandiarán la recogió Pedro Sodupe en 1920, en Azkoitia, precisamente la que mi abuela llevó en sus labios hasta Errenteria, donde crió su familia. Pero tuvieron que pasar muchos años para que yo la oyese de boca de mi madre. La cadena, felizmente, no se rompió del todo.
            Con ocasión del día internacional de la Lengua Materna, el PEN Club vasco organizó entre otras actividades la proyección del documental producido por l ONG Garabide, “Beltzean Mintzo” (Hablando en negro), donde se recogen reflexiones de miembros de distintas comunidades indígenas de América, en torno a los esfuerzos por revitalizar sus idiomas. Hablaban de que la transmisión de la lengua no era solo enseñar las palabras, sino transmitir un mundo, que todo estaba relacionado. Las palabras de aquellos y aquellas kitxuas, aimaras y demás compañeros, se me hicieron muy cercanas, reconociéndome en ellas. El riesgo de perder sus idiomas, la ruptura de las cadenas de transmisión y otros problemas, no parecían venir del otro lado del océano, sino que resonaban demasiado cerca. Nuestros pueblos e idiomas, marginados, empequeñecidos, maltratados, menospreciados, se alzaban en una misma voz a lo largo del documental; el océano no nos separaba sino que nos unía en una solidaridad cultural e idiomática. El valor de la transmisión, su defensa hablaba en lenguas diferentes pero con un espíritu común. Kitxuas, aimaras, amazings, vascos, bretones, gallegos, occitanos…, en defensa de sus idiomas, sus culturas, para que el mundo no sea un lugar monocolor, para que la globalización cultural e idiomática no destruya legados que la humanidad ha ido forjando a lo largo de su existencia.

            Cuando contamos cuentos en los idiomas minorizados que hemos recibido en casa, no son solo palabras las que traemos, sino la continuación de un largo camino que viene de antaño. Para que Kukubiltxo no se pierda.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA