Cuentos infantiles


     NOCHE NEGRA
Cuento para los niños y niñas que tienen miedo de los esqueletos


   Como muchos en el mundo los esqueletos estaban aburridos. ¡MUY ABURRIDOS! Estaban en el mundo subterráneo y allí la vida no era nada divertida. A nadie se le había ocurrido que a ellos también les gustaba la fiesta, y que disfrutaban reuniéndose con los amigos. Claro, como les enviaron bajo tierra,  los que vivían encima pensaban que lo único que hacían los esqueletos era estar tumbados, blanqueando los huesos. ¡Menuda ignorancia! ¡E incultura! ¡Y tontería! ¡Y chorlitada!

            En el mundo subterráneo todo es maravilloso e increíble. Es el lugar donde el Sol y la Luna descansan cuando no viajan por el cielo. Allí los rios son de leche y miel. No existen los relojes, ni el tiempo, y nadie tiene prisa. Dicen que lo habitan duendes, ninfas y personajes maravillosos, cada cual con su nombre, ya que quien no tiene nombre no existe. ¿Cómo te pueden llamar si no tienes nombre? Es un poco de tontos andar sin nombre, ¿no? Hay personas que no creen nada de esto, pero eso es porque no saben de los sucesos tan extraordinarios que ocurren en el mundo;  porque son unos ignorantes, ¿cómo pueden ser tan choriflautas?

            Pero los esqueletos se aburrían. Se aburrían porque a nadie se le había ocurrido que a ellos también les gustaba pasárselo bien. ¿A vosotros no os gusta pasarlo bien? ¡Pues a los esqueletos igual! Cuando tenían los huesos rellenos de carne y piel, y andaban apresurados encima de la tierra, les enseñaron, que los esqueletos lo único que hacían era estar tumbados. Y claro, cuando los otros habitantes del mundo subterráneo celebraban sus fiestas y pasatiempos, pensaban  que los esqueletos no querían estar con ellos. Siempre tumbados, con caras aburridas, y por eso no los invitaban nunca a sus fiestas. Y si no te invitan a una fiesta estás triste. Y si estás triste no puedes hacer amigos. Y si no tienes amigos...¡TE ABURRES! Y la cara se te vuelve fea, pálida y sin brillo.

            “¡¡¡MIERDA!!!”- gritó un pequeño esqueleto. Y uno mayor le riño: “¡Eso no se dice! Y el pequeño de nuevo: “¡¡¡MIERDA, MIERDA Y MIERDA, ME ABURROOOO!!!

            Cuando alguien no lo pasa bien y además grita ¡mierda!, quiere decir que de verdad lo está pasando mal. Pero, ¿qué hacer?

            Entonces ocurrió que al mundo subterráneo llegó un esqueleto diferente. Tenía la misma forma que los demás esqueletos, bueno le faltaba un pequeño hueso en un pie, lo habría perdido en algún sitio, aunque eso no importaba mucho; pero era diferente porque llegaba alegre. Llegaba contento porque entre sus huesudas manos traía algo que los demás huesudos hacía tiempo que no veían: ¡un acordeón! Cuando llegó hasta donde estaban los aburridos esqueletos les dijo con una voz alegre y cantarina:  “¡Jesús, vosotros sí que estáis blancos! ¿Cuántas vueltas habéis dado en la lavadora?” Y mientras decía esto se reía y todos sus huesos se movían haciendo ruido: “¡Clac, clac, clac!” Los demás esqueletos le miraban con cara de acelga, sin saber qué decir. “Lo que aquí falta –dijo el esqueleto recién llegado- es... ¡música! ¡Aire, aire! El que no se mueva será un... será un... ¡será un aburrevacas!”. Y diciendo está comenzó a tocar el acordeón.

Al escuchar las primeras notas que salían de aquel instrumento los esqueletos que estaban tumbados y aburridos comenzaron a sentir un pequeño cosquilleo en los huesos de los pies; comenzaron a moverse sin querer. Sintieron cosquillas en todos los huesos, cada vez más, y pronto todos comenzaron a moverse y a bailar. Y los huesos hacían ¡clac, clac, clac¡ El esqueleto acordeonista movía sus huesudos dedos arriba y abajo haciendo surgir las músicas más maravillosas. Parecía que se iba a desmontar.

            Danzaban sin parar, y como los esqueletos no tienen carne, pues no sudaban ni una gota. “¡Aire, aire! –gritaban algunos; “¡dale, dale!”- otros. Aquel pequeño esqueleto que no hacía más que quejarse era el que más se movía y decía: “Esto no es una mierda, ¡Es una FIESTA!”

            Y si estás en una fiesta, haces amigos; y si haces amigos no estás solo; y si no estás solo no te aburres; y si no te aburres eres feliz; y si eres feliz no lo pasas mal.

            Había que oír el escándalo de la fiesta de los esqueletos. Cuando los demás habitantes del mundo subterráneo escucharon aquello se acercaron a la fiesta y no pudieron estar quietos con aquella música, y ellos también comenzaron a bailar y a saltar. Lo pasaron tan, tan, tan bien que decidieron invitar a los esqueletos a sus fiestas.

            Cuando el esqueleto acordeonista dejo de tocar (¡muy tarde!), todos descansaron, pero con una gran sonrisa. Decidieron celebrar la fiesta otro día. Pero pensaron en ponerle un nombre, ya que una fiesta sin nombre no es una fiesta como es debido. Pensaron y pensaron. ¡No es tan fácil encontrar un nombre bonito! Muchosmogollonesdemilesdecientosdemilmillones y medio de nombres propusieron. La medio propuesta la hizo un esqueleto vago, ya que no tenía ganas de hacer una entera. ¡No es tan fácil ponerse todos de acuerdo! Por fin escogieron la que más gustó a todos: NOCHE NEGRA. ¿A vosotros os gusta? A mí sí. Además decidieron celebran esta fiesta una vez al año. Entonces el esqueleto pequeño propuso que la fiesta tenía que tener un emblema. Es verdad, una fiesta sin emblema no es una fiesta tan, tan, tan buena. El esqueleto pequeño propuso como emblema una calabaza. “La calabaza –dijo -,  se parece a la luna, y si le hacemos unos ojos y una boca, se parecerá a los esqueletos”. A todos les pareció una propuesta estupenda, bueno al esqueleto vago no, pero era porque no tenía ganas de dar ninguna opinión. Y así lo hicieron.

            Ahora los esqueletos no se aburren, ya que tienen su fiesta. Si queréis saber cuando celebran los esqueletos su fiesta, solo tenéis que pegar la oreja al suelo y si oís la música del esqueleto acordeonista, es entonces. De todas maneras, como el esqueleto acordeonista es muy parrandero en cualquier momento se despierta y pone a bailar a todo el mundo. Pero esto solo ocurre de noche, cuando duerme la gente que vive encima de la tierra, la que tiene carne y piel en los huesos. Cuando oigáis esa música que viene del mundo subterráneo sabréis que allí abajo se lo están pasando MUY, MUY, MUY BIEN; sobre todo el esqueleto pequeño, ya que ahora no se aburre. 


Cuando el esqueleto acordeonista
Comenzó a tocar
Yo también comencé a bailar


Y tanto bailé que el cuento olvidé



LA ARAÑA QUE ESTABA HARTA DE COMER MOSCAS

            Como muchas en el mundo, había una araña. Como hacen todas las arañas, cada mañana comenzaba bien temprano a tejer su tela, de araña claro; ya que una araña sin su tela no es una araña como tiene que ser. Las gotas del rocío creaban frescos reflejos en los hilos de la red, lo que agradaba bastante a nuestra araña. Y pensaba que las moscas que caían en su red preferirían quedarse atrapadas en ese frescor más que en una tela oscura y seca.
Pero nuestra araña tenía una preocupación, como todo el mundo, claro; todo el mundo tiene algo que le preocupa. A la araña le aburría tener que comer todas las moscas que caían en su trampa sin ningún tipo de preparación, solo mosca. Era aburrido. Y más cuando le llegaba el olor de dulces hierbas que crecían a su alrededor. Y viendo las golosas moras que colgaban de las ramas en que construía su tela. “Ummm! – pensaba -, menudo pastel de mosca me haría con esas jugosas moras”. Y no tenía ninguna duda de que con aquellas hierbas olorosas las moscas tendrían un sabor más divertido. Pero, ¿qué dirían las otras arañas?  Sabía muy bien que las arañas son muy tradicionales y que les gustan que las cosas sigan como siempre han estado. “Las arañas siempre hemos comido las moscas igual –refunfuñaría su vieja tía-. Cuando caen en la tela, nos acercamos a ellas y chupa que te chupa, sorbe que te sorbe, nos las llevamos a la barriga”  Pero nuestra araña no entendía por qué no se podían probar otras formas. Estas ideas le recorrían por su pequeña cabeza a nuestra araña, y tanto iban y venían, y tanto se revolvían, que al final no podía ni desayunar, ni comer, ni cenar a gusto. Algunas veces eran tan pocas las ganas que tenía que dejaba libres a las moscas que se pegaban en su red. Prefería imaginar el pastel de menta y moras que habría hecho con aquella mosca.

Un día, y sin decir nada a nadie, recogió un par de moras frescas con el rocío mañanero y las guardó debajo de una hoja. Después, una vez finalizada su tela, recogió una hoja de menta y la guardó con las moras. Y esperó. Esperó hasta que vio una mosca despistada que se acercaba a su brillante red. La araña pensó: “Estas moscas sí que son tontas, con todos los ojos que tienen no ven nada; a saber dónde tienen la cabeza. Claro, tantos ojos y luego no tienen espacio ni para la cabeza”.  Las moscas y las arañas siempre andan hablando mal unas de otras; de todas maneras, aunque tengas muchos ojos y pongas muchas atención, es verdaderamente difícil ver una fina tela de araña. No os ha ocurrido nunca encontraros, sin daros cuenta, con una invisible tela de esas? Menos mal que nosotros somos más grandes que las moscas y no nos quedamos pegados, si no…¡uf! ¡Menudo miedo con solo imaginarlo! Pero estábamos con la historia de la araña.
           
En unos segundos la mosca estaba atrapada en la tela. La araña imaginó el maravilloso desayuno que tendría esa mañana. “¡Ummm! Tarta de mosca con menta y moras”. Y solo con pensarlo se le llenaba de saliva la boca. Se acercó a la mosca con sus ocho finas y largiluchas patas negras. Agarró una hoja y la puso al sol, para que se calentase. “Muy adecuada para hacer un pastel” –pensó la araña. Después recuperó la menta y las moras que tenía escondidas, y las introdujo en una cáscara de nuez. ¿De dónde sacó la cáscara? Pues la encontró en el suelo. ¿Que cómo partió la nuez? No la partió ella, no era tan fuerte, ¡era una araña! La tiraría alguien. Igual una ardilla, después de comerse el fruto, claro, las ardillas no son tontas; o acaso, ¿vosotros os coméis las cáscaras de la nueces? Y no hagáis más preguntas que si no el cuento no acaba nunca. Ya me he perdido, ¿dónde estaba? ¡Ah, sí! Que la araña estaba haciendo el pastel de mosca. Pues la araña, después de depositar la menta, las moras y la mosca dentro de la cáscara de nuez, extrajo de una hierba su blanca, lechosa y dulce savia, para agregarla a los demás ingredientes. Y aderezó todo con un poco de musgo. Necesitaba una rama para mezclar todo y la cogió de la zarza donde colgaba su tela. Mezclo bien todo y envolvió la cáscara en la hoja que había puesto a calentar al sol. Al principio no veía nada. Y le gritó al sol para que enviase rayos más calientes. Pero para preparar suculentos manjares hay que tener un poco de paciencia; lo que se prepara con gusto buen gusto tendrá. De todas maneras, es normal que la araña no supiese eso ya que era su primer pastel. Y todos sabemos que cuando hacemos por primera vez algo no sale todo lo bien que querríamos. Recuerdo mi primer pastel. Me salió más negro y duro que el carbón. El trozo de diente que me falta aquí lo perdí tratando de darle un mordisco, ¡imaginaros! ¡Estaba más duro que una piedra! Pero ahora los hago deliciosos. ¡Umm, tarta de chocolate! Esa sí que me sale bien. Algún día os invitaré pero ahora tengo que terminar el cuento.
El sol seguía calentando la hoja, y la hoja la cáscara de nuez, y la cáscara lo que guardaba en su interior; y la araña estaba impaciente. Entonces vio como la pasta que estaba dentro de la cáscara de nuez comenzaba a tomar un tono rojizo, y a hincharse, y ¡jesús!, a desprender un delicioso y dulce olor que llegaba hasta su nariz. Como estaba sin desayunar tenía mucha hambre, y al imaginar el rico pastel que estaba preparando todavía tenía más. Pensó que igual el pastel estaría hecho. Agarró el palito que había utilizado para mezclar los ingredientes y lo introdujo suavemente en el pastel. Cuando lo sacó se dio cuenta que aún le faltaba un rato para cocerse del todo. Sus ocho patas negras, finas y larguiruchas se movían todas a la vez. Iba por su tela de arriba abajo, y de abajo arriba. “¡Menudo desayuno que voy a hacer!”-pensaba. No podía aguantar más e introdujo de nuevo la ramita en el pastel. Pudo comprobar, con gran felicidad, que el pastel estaba totalmente hecho, con un precioso color dorado, despidiendo un olor dulcísimo… ¡qué bueno! Era suficiente; tenía enormes ganas de comerse aquel pastel. Apartó la cáscara de nuez de la caliente hoja, con cuidado, eso sí, ayudándose de otra hoja fría, ya que no quería quemarse, y eso no es nada dulce. Volcó el contenido de la cáscara en una hoja de menta, y allí, delante de sus múltiples ojos, apareció su primer pastel. Nerviosa, con sus dos patas delanteras partió un trozo. Estaba de verdad caliente. Sopló un poco y se lo llevó con cuidado a la boca. Y…¡por dios! Estaba excelente. Estupendo. Maravilloso. Delicioso. Divino. Glamuroso. E hipersupermegabueniguaichachimasticoso. Agarró otro trozo. Y después otro. Y otro. Y así trozo a trozo hasta que no dejó ni una miga. No quedó nada de aquel pastel de mosca con menta y moras, aderezado con un poco de musgo y savia de hierba. ¡Se lo comió TODO!
De allí en adelante inventó más recetas. Al principio solo se las enseñaba a sus amigas más amigas, pero con el tiempo todas las arañas supieron de su habilidad para hacer pastel de mosca y acudían donde ella para merendar y para que les enseñase sus deliciosas recetas. Su tía aceptó que no era tan malo probar cosas nuevas y quedaban una vez por semana para merendar. Y a mí me ha entrado un hambre terrible contando este cuento, por lo que me voy a preparar una maravillosa tarta de fresas. Vosotros y vosotras también haríais bien haciendo algo parecido en vez de estar aquí escuchándome. Algún día os contaré la historia de la mosca que no quería comer caca, pero eso será otro día.









    

4 comentários:

el blog disse...
Este comentário foi removido pelo autor.
el blog disse...

nik asko egin nuen barre samaniegoko institutura joan zirenean, eta ere nik ez nintzen bakarrik nire gelakideek ere bai.

Agurtzane Villar Martinez disse...

Oso interesgarria iruditu zitzaidan zuk emandako klasea.Gauza asko ikasi genituen egia ezanez eta farre asko egin genuen.Gehien gustatu zitzaidan ipuina zeen "TXUPAGORRITXU".Inpresionantea iruditu zitzaidan nola aldatzen dituzun personaiak momentu batean.
Hori esanda ,sorte handia;
Agur bero bat.

carrere disse...

Eskerrik asko zuen komentarioengatik. Lehen aldia da instiotutu batean egon ostean norbaitek komentario bat izten didala, eta zoragarria da hori. Oso pozik nago asko gustatu izana saioa. Eta zerbait gehiago jakin nahi baduzue arazorik gabe galdetu.
Besarkada bat
(euskaraz ere duzue blog-a: www.carrere-kontalaria.blogspot.com