terça-feira, maio 14, 2013

¿Mentira? Verdad?


         Al contar con adolescentes suele gustarme, antes de finalizar la sesión, sacar las cartas del Tarot y pedir un voluntario. El voluntario, o la voluntaria se coloca a un lado de la mesa y yo al otro; y alrededor se posiciona el resto de la clase. Quien se ha ofrecido para el “experimento” se le nota algo nervioso; es normal, ya que se enfrenta, en busca de respuestas, ante sus dudas vivenciales. Los compañeros se muestran curiosos, pero aguzados por las mismas inquietudes vitales. Según se muestran las cartas, le hablo a la persona que tengo enfrente sobre aquello que demanda. El silencio se corta y la cara del voluntario, o voluntaria, así como los gestos sutiles, son reflejo de sus reflexiones. Al acabar y levantarse de la mesa el joven, la joven, se marcha en silencio, no antes de formularme la última pregunta: “Pero esto, ¿es verdad o mentira?”
         Contar cuentos es situarse ante las preguntas y dudas de la vida, transmitiendo estas a quien escucha, para que él también reflexione sobre las suyas. El binomio verdad/mentira nos pone ante lo absoluto; blanco o negro, izquierda o derecha. Estando las personas humanas fuera de lo absoluto, al ser un navío de dudas, el situarse ante esa dicotomía dificulta lo maravilloso de la vida misma, alejando su magia. Y los cuentos tienen en esa magia su esencia, su reflexión, apartando el binomio verdad/mentira, la belleza de los senderos dubitativos.
         Para contarle al adolescente que va a tener cambios en la vida y para ello contará con la ayuda de una o más personas, no hace falta, está claro, una habilidad especial para interpretar esas cartas que hablan desde la mesa, sino entender lo que significa ser un adolescente ante el porvenir. Nos gusta, en cambio, escucharlo con lo maravilloso de una historia. Los narradores, una cuadrilla de mentirosos. ¿O no?

terça-feira, abril 30, 2013

Recordar


         Hace poco, después de una sesión de narración, se me acercó una mujer comentándome que mientras escuchaba los cuentos tradicionales vascos de la sesión, le venían al recuerdo los relatos de su abuela. Otra amiga trajo también a la memoria su infancia, dónde los relatos eran habituales. Dónde se contaba, quién, qué. Sin televisión en casa de alguna manera había que pasar el tiempo. Más de una vez se suele acercar alguien con parecidas palabras. Sobre todo cuando se cuentan historias tradicionales. Los cuentos como pasatiempo casero no es algo tan lejano. La casa además de espacio familiar era una suerte de espacio comunitario, un espacio de transmisión cultural. Contar cuentos era uno de los pilares de esa transmisión.
         Contar cuentos no es contar, ni siquiera escuchar; contar cuentos es un ejercicio de recuerdo. Adentrándose por veredas fantásticas, empujado por la memoria, el narrador ofrece las sensaciones, imágenes, reflexiones que le genera el relato, para que quien escuche pueda adentrarse por los suyos propios. El público tendrá que hacer el mismo ejercicio que quien narra, es decir, poner en danza la memoria a través de lo que ve y escucha, y viajar hacia si mismo, con el cuento como pretexto.
         La narración es un juego de la memoria o no es. Cuando contamos cuentos vamos a otros territorios, fantásticos a veces, reales otras, pero siempre guardados en algún rincón de nosotros mismos. Removiéndolos reflexionaremos sobre nosotros mismos, lo que fuimos, lo que somos, lo que querríamos ser. Para comprender los senderos de la vida hacemos viajes a la memoria. Y cuando contamos, partimos.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20130430/400502/eu/Oroituz

quarta-feira, abril 17, 2013

Por qué en euskara


         “El siglo XX trajo para los aromanos, (…) sobretodo en Bulgaria y Grecia, opresión, persecución y muerte: los desplazaron y oficialmente les impusieron un nombre nuevo, no se les permitió utilizar en público su lengua, ni tan siquiera hablar de su existencia, muchos de sus pueblos fueron arrasados y cientos de profesores, curas e intelectuales fueron detenidos e internados en campos o trasladados a islas lejanas”. Nos lo cuenta Karl-Markus Gauss en su libro “Europeos en extinción” (colec. Poliedro, Julia Lionetti SL edit, Barcelona 2002). Los aromanos viven principalmente en Macedonia. Hoy en día, sólo en Macedonia les reconocen el estatus de minoría nacional. Como muchas pequeñas naciones de Europa, su mayor preocupación es reivindicar su existencia.
         Muchas veces nos inquieren a los hablantes de un idioma pequeño y discriminado, sobre esa querencia a existir. ¿Para qué utilizar un pequeño idioma anclado en el pasado, en lugar de un idioma de verdad “práctico” para una sociedad moderna?
         ¿Por qué, entonces, contar cuentos en euskara? En lugar de mencionar esa necesidad de existir, indicaré un par de razones en otro sentido. La principal sería la necesidad de que un idioma marginado, proscrito y negado durante siglos, desarrolle sus plenas capacidades comunicativas en la sociedad que habitamos. Para desplegar esas posibilidades comunicativas orales, la narración de cuentos, además de ser un instrumento maravilloso, creo que puede ser bastante efectivo. Contar en euskara ayuda a que nuestro idioma avance hacia el futuro.
         Hay una segunda razón para contar en euskara. Porque me da la gana.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20130416/397910/eu/Zergatik-euskaraz

terça-feira, abril 02, 2013

Adolescentes


         Al acabar la sesión un chico se me acerca y alargándome la mano para felicitarme me dice: “¿Tú eres cómico, no? Y yo: “No, soy narrador”, “Sí, pero un poco cómico ya eres”. Me quedé con la duda si utilizó el término cómico como sinónimo de actor, o simplemente, como una persona que hace reír. De cualquier manera me alegré porque un chico de catorce años saliera a gusto de una sesión de cuentos.
         Los adolescentes son personas que están en el camino de aprendizaje entre la niñez y la madurez. Dudas, tropiezos, preocupaciones, descubrimientos llenan sus vidas. Un aprendizaje difícil y sin instrucciones. Y cuando aparece ante ellos una persona con la intención de contarles cuentos, es lógico que desconfíen, ya que sospechan que les tratarán como a niños. Los cuentos son cosa de niños, de “pequeños”.
         Pero continuamente recordamos, reivindicamos que los cuentos también son para adultos. Estos jóvenes, en cambio, no son adultos, todavía. Se encuentran en una encrucijada, ni niños ni adultos, en la frontera vital, náufragos en la conciencia de no ser comprendidos. ¿A qué vienen entonces con “cuentitos”? Es un hermoso reto contar historias en esa frontera existencial, con el pretexto de las narraciones, ofrecer a jóvenes rebelados instrumentos para actuar en esos lindes de la vida. El cuento no es un pasatiempos para niños o adultos, por el contrario un instrumento maravilloso para ayudarnos a entender la existencia. Y contar cuentos con adolescentes es entrar de lleno en esa dialéctica. Entonces quizás seas un cómico, pero ¿no es acaso muchas veces la vida bastante cómica?

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA:http://gara.naiz.info/paperezkoa/20130402/395535/eu/Nerabeak

terça-feira, março 19, 2013

Manifiesto


         La mayor reivindicación que tiene pendiente la Narración oral, es la de su contemporaneidad. Siendo la creación y transmisión de narraciones una actividad intelectual, y por tanto cultural, que las personas humanas llevan haciendo desde que son conscientes de su existencia; hoy en día su esencia tiene un sentido artístico. Del mismo modo que otras expresiones artísticas –literatura, teatro, danza, pintura…-, la narración oral tiene que reivindicar su espacio como arte contemporáneo que es.
         La tradición no es un cinturón que aprieta, sin un aprendizaje para el desarrollo. La narración oral contemporánea es el arte de la palabra dicha, pero esto no implica el distanciamiento de otros recursos expresivos, por el contrario, los integrará como parte de ese arte, ofreciendo un espectáculo escénico, alejándose de la idealización romántica del contar cuentos; presentándose ante la sociedad actual como una expresión artística contemporánea.
         El narrador, la narradora, es un creador actual. Su función no es, sin más, ser seguidor de una tradición cultural o el custodio de un tesoro inmaterial. El narrador contemporáneo entiende la narración oral como una actividad artística, en la cual, a través de la narración de cuentos ofrece al público su reflexión, ética y estética, sobre el mundo que habita. Ese ofrecimiento es un trabajo creativo, artístico; y tomará importancia en sí mismo, no como instrumento en función de otros fines. La narración oral contemporánea tiene que demandar su lugar en las artes escénicas, ya que sólo así mostrará su verdadera importancia, impulsando, al mismo tiempo, pasos en su evolución.
         Aprovechando la celebración el 20 de marzo del día internacional de la Narración Oral y tomando en cuenta el lema de este año, Fortuna y Destino, la narración contemporánea tiene una buena oportunidad para reflexionar sobre su existencia.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20130319/393476/eu/Manifestua

terça-feira, março 05, 2013

Narración oral y arquitectura

El cuento que se cuenta va surgiendo en el aire, en el espacio. Allí donde no había nada, los sonidos los movimientos, los gestos, las miradas toman sitio, organizando la narración de su interacción. El narrador, la narradora será la creadora que los acondiciona de manera adecuada, colocando cada determinante en su lugar, haciéndoles cumplir su función. La narradora, el narrador se convertirá en el arquitecto del relato dicho, para quien se adentre en esa construcción pueda acomodarse en el espacio ofrecido por él, por ella.
  De todas maneras, la narración oral necesita también otras arquitecturas. Para disfrutar en toda su hermosura de ese edificio que ofrece la narración, es necesario que aparezca en el espacio adecuado, ya que todos los espacios no son iguales, así como no son todas las narraciones parejas. Tan importante como la construcción interna del relato hablado, será la arquitectura del espacio donde se levanta. Esta necesidad de un espacio físico adecuado, impulsará el trabajo en común con otros creadores.
         Entre otros cuentos también tuvimos ocasión de palabrear en torno a este con ocasión del Ciclo de Narración Oral Cuentacuarenta que se celebra en Ávila. Siendo el Colegio de Arquitectos de esta ciudad castellana uno de los colaboradores en el evento, el tema venía dado. En su hermosa sede, además de celebrarse sesiones de narración, se anuncia una mesa redonda sobre narración oral y arquitectura, teniendo ocasión creadores tan, en principio dispares, para intercambiar opiniones. Dos áreas de creación, dos mundos imaginativos buscando complementarse; ya que, en la educación y el desarrollo de las personas tanto las construcciones materiales como las inmateriales, se convierten en una muestra de calidad de vida. 

Original publicado en euskara en el diario GARA: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20130305/391024/eu/Kontalaritza-eta-arkitektura



       

quinta-feira, fevereiro 07, 2013

Desapariciones


         Bernardo Atxaga mencionaba que sus libros Obabakoak y El Hijo del Acordeonista, reflejan un mundo que desaparece. Esta desaparición se lleva muchas cosas con ella, palabras por ejemplo, palabras para denominar el mundo. Al mismo tiempo que el mundo cambia, también cambian las maneras de mencionarlo, se renuevan. Al principio se harán extrañas las nuevas palabras, inaceptables desde la nostalgia de viejo pasado.
         A menudo reflexiono sobre la razón de ser de la narración oral contemporánea. ¿Por qué contamos cuentos aquí y allá? ¿Por qué recorremos carreteras retorcidas con un bagaje de cuentos? ¿Qué función social cumple la narración oral en la sociedad actual?¿No tendremos una nostalgia poética, épica a veces, de la narración oral de antaño? Me da la impresión de que en vez de tener una importancia por sí misma, la narración tiene que estar en relación a otras cosas, para que pueda tener una razón de existir. La narración oral parece que, como si fuese una habitante de un mundo de otro tiempo, está condenada a desaparecer como tal. ¿El aficionado a los cuentos dónde y cuándo puede saciar su sed? Se menciona la crisis, pero el problema va más allá. La narración oral, como otros sectores de la cultura, parece que es prescindible. ¿Para qué gastar dineros en narración? ¿En qué nos enriquecerá?
         La narración oral contemporánea tiene que hacer una reflexión sobre su actual función social. No es suficiente reivindicar presupuestos más altos para la cultura. Exigir condiciones dignas para contar, no es suficiente, si su función social está en entredicho. El hogar en vez de fuego es de vitrocerámica, ¿cómo, entonces, contar cuentos al calor de la lumbre, si ésta ha desaparecido?

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20130205/386383/eu/Desagerpenak

quarta-feira, janeiro 23, 2013

Contar cantando


         “(…) es diferente que te cuenten una historia o que te la canten. Cuando te la cantan te llega al corazón y la comprendes”. Son palabras dichas por el músico Paco Ibañez en una entrevista publicada en el diario GARA. En la misma entrevista decía que “el verdadero destino de una canción es convertirse en canciones que te habitan, que se te meten dentro, y allí donde vas tú, van contigo”. Las canciones de Paco son aquellas que se llevan dentro. Muchas veces nos han descubierto un poeta, un deseo de conocimiento sobre el autor, o, otras muchas, nos han ofrecido un cambio de mirada sobre aquel escritor estudiado en la escuela.
         Kantatzen duen herria ez da inoiz hilko (Un pueblo que canta no morirá nunca) cantábamos y bailábamos con el grupo Negu Gorriak. Y le dábamos la razón al Voltaire: «(…)les peuples qui demeurent, ou plutôt qui sautent au pied des Pirénées, et qu’on apelle Vasques ou Vascons» (…los pueblos que habitan, o mejor que bailan al pie de los Pirineos, y que se llaman vascos o vascones). La canción que se nos cuela en la entrañas nos acompañará toda la vida en las amistades, la soledad, viajando, luchando, trabajando, en el amor, en el odio. La historia de la canción la hacemos parte de nuestra historia personal.
         Todos arrimamos, a veces, el ascua a nuestra sardina, como hace Ibañez en este caso. Claro que es diferente recibir una historia cantada o contada. Pero de ahí a decir que sólo con el canto llegará esa historia al corazón y se entenderá, me parece demasiado. Cuanto te cuentan un cuento tratará de hacer también el camino hacia el corazón, para así entenderlo, para que nos acompañe allí donde vayamos. Al escuchar, contar una historia, se hará un lugar en nuestro interior en forma de experiencia vital. ¿O en la cocina del caserio Apakintza de su familia el niño Paco sólo escuchó canciones? ¿No escuchó historias contadas que le habitaron el corazón? ¿No las ha tenido como compañeras de su viaje vital?

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

sábado, janeiro 12, 2013

Labios danzantes


            "Os dedos só sirven para acatar as ordens que o coraçao dá". Jose Manuél Neto toca fados con la guitarra; y cuando habla de fados habla de la vida, convencido de que esa música es más que creación y gozo. Cuando sus dedos bailan la guitarra, representan un mundo interior, teniendo a quien escucha como acompañante en ese viaje. Se encenderá la eterna discusión entre técnica e instinto, es decir, si para transmitir todo eso la técnica es necesaria , aunque sin instinto la técnica no sirve de nada. Por otro lado, el instinto no será suficiente, o quizás necesario, sin el conocimiento técnico del instrumento. De todas maneras, estando a favor de una u otra idea,  serán las órdenes del corazón las que tendrán que dirigir tal actividad, como dice Neto.
            Quien cuenta tendrá los labios como hacedores de su actividad, como los dedos del fadista. Serán los labios quienes externalicen los caminos de la narración, como los dedos del fadista bailan las cuerdas. ¿De dónde surgirán, entonces, esas palabras? Aquí también tendremos la discusión entre técnica e instinto. Las reglas del idioma ante las reglas el instinto. El instinto por entre las rendijas del idioma. El narrador, la narradora, tendrá que navegar en esos dos ríos, si no quiere que la narración se hunda en aguas procelosas. Tendrá que colocarse allí donde las aguas se encuentran, bebiendo de las dos, uniendo en un rio narrativo esas afluentes.
            Pero cuando ofrezca su narración, el narrador tendrá que partir sintiendo de donde crea. Sintiendo dentro de si la razón de ello, para que su narración no sea sin más un conjunto de palabras correctas, bellas y adecuadas. Los labios del narrador, como los dedos del fadista en la guitarra, sólo están para cumplir las órdenes del corazón, para hablar, más que de cuentos, de vida.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20130108/381521/eu/Ezpainen-dantza

quarta-feira, dezembro 26, 2012

El cuaderno


Hay un hombre sentado en la esquina de la farmacia al lado de mi casa. Se sienta casi todos los días en una silla pequeña, pidiendo. Mejor dicho, pidiendo sin pedir. Mientras la gente pasa a su lado, sentado en su pequeña silla, el hombre llena las hojas de un cuaderno, sin reparar en su entorno, concentrado en su labor. Lo que escribe no es un trabajo de creación, aparentemente al menos. Al lado del cuaderno, apoyado en las rodillas, mantiene un libro abierto. Pasa el tiempo copiando ese libro. Lentamente y cuidando la caligrafía, pasa la mañana reescribiendo las páginas impresas. ¿Qué libro será? ¿Por qué lo copia? A la manera de los músicos callejeros, ¿es él un copiador callejero? ¿Acaso por una moneda ofrece una pequeña conversación, con el libro como pretexto?
         Hace unos días, estando en un instituto, explicaba a los jóvenes adolescentes que si querían crear una historia la curiosidad era imprescindible, que tenían que hacer preguntas. Que las historias se pueden encontrar en cualquier esquina o rincón. Hay cantidad de hechos cotidianos que pasan sin que reparemos en ellos, pensando que son intrascendentes. Al crear una historia, da la impresión de que tenemos que contar algo increíblemente original, y nos envolvemos en nosotros mismos para lograrlo. Pretendemos sorprender a los demás sin dejarnos sorprender nosotros mismos. Si queréis inventar una historia, les decía a los alumnos y alumnas, necesitáis tener todos los sentidos abiertos, reparar hasta en el acontecimiento más humilde y hacer preguntas sobre ello. El relato que buscamos lo encontraremos en la búsqueda de las respuestas. Y de esta manera, al contarlo sorprenderemos a quien lo reciba con nuestra sorpresa. O no, quien sabe, pero no lo sabremos si no andamos ese camino.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20121226/379588/eu/Koadernoa

terça-feira, dezembro 11, 2012

Gambas


         “Pero tiene que ser con gambas, no langostinos o parecidos, sólo gambas”. Entre otras cosas, Pere Sans escribe libros de cocina; y nos hablaba de lo que le comentó una mujer sobre la receta de pollo de corral con gambas al vino tinto. No tenía el mismo sabor si se sustituían las gambas. Un plato cambia su personalidad utilizando un ingrediente u otro, aunque sean parecidos. Quizás alguien preferiría aderezar el guiso con unos buenos carabineros en vez de unas humildes gambas, pero ese detalle llevaría al comensal por otros derroteros gastronómicos. El plato quedaría desvirtuado. Además, nos quedaríamos sin saber a qué sabe la unión del pollo con las gambas.
         Los cuentos se cocinan con distintos ingredientes. Cada narrador preparará su receta, como un cocinero del decir. Tendrá entre sus manos, o sus labios, la receta de algún cuento recogido aquí o allá. Y reflexionará sobre su preparación. ¿Hacerlo como siempre o introducir novedades? ¿Utilizar los ingredientes tradicionales o dar paso a nuevas influencias? Los cuentos traídos de la tradición popular tienen un parecido con las recetas de la misma procedencia. Son creaciones populares de antaño, sin autores conocidos, de sabor propio, con su preparación y presentación original, con variaciones según el lugar y la persona que los presenta. De todas maneras, como en esas recetas, en los cuentos también cada narrador tendrá su propia versión; aunque siempre, en una u otro, es imprescindible el conocimiento de los ingredientes. Qué, cuándo y cómo utilizarlos no es broma, ya que no es lo mismo una gamba que la cigala o un carabinero.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20121212/377450/eu/Ganbak

quarta-feira, novembro 28, 2012

Buenas y malas intenciones


         Al andar por la noche hay que tomar ciertas medidas para protegernos de la aparición de genios, ánimas y parecidos entes. Para empezar no hay ni que saludarles; al pasar al lado no hay que decirles “Buenas noches”, o algo parecido. Teniendo dudas sobre si quien viene de frente es buena o mala persona hay que preguntarle, “¿Vienes con buenas o malas intenciones?”, rápidamente santiguarse. En caso de tener malas intenciones desaparecerá de inmediato. En caso de entablar contacto con un ánima, no se le puede dar la mano ni tocar, ya que están incandescentes por el calor del Purgatorio; para darles la mano hay que protegerse con un pañuelo. Como las ánimas van por la acera, para no cruzarse con ellas lo mejor es caminar por medio de la calle. Todo esto nos señala Anton Erkoreka en uno de sus libros sobre cuentos, leyendas y supersticiones de Bermeo, Bizkaia.
         Es de agradecer que gracias a la labor de muchas personas, de sus investigaciones y recopilaciones, podamos acceder a estas informaciones. Los narradores y narradoras, accedemos a un instrumento gozoso para el trabajo, además de ser fuentes de conocimiento. Por supuesto muchas de estos relatos y creencias, quedan en estos tiempos algo trasnochados; porque, ¿cuánta gente puede haber que crea en el encuentro nocturno e inquietante, con un ánima del purgatorio en una acera de su localidad? Aún así, si se quiere narrar historias, nos ayudaran a entender los mundos fantásticos que han ido creando las personas y las culturas. La fantástica y la imaginación parten de una lógica similar, llevándonos a nuestros mundos interiores.
         Quien cuente deberá saber cómo traer todas esas creaciones fantásticas a nuestro tiempo, cómo adaptar esos mundos imaginativos llegados de antaño a nuestra fantasía contemporánea. Enseñar quienes son en este mundo nuestro los que traen buenas o malas intenciones.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

quarta-feira, novembro 14, 2012

El Príncipe Azul


         Una vez estuve buscando al Príncipe Azul en los cuentos clásicos. Por cuentos clásicos se suele entender, normalmente, aquellos recopilados por los hermanos Grimm y por Perrault. De todas las decenas que recopilaron los que se mencionan no van más allá de media docena: Cenicienta, Blancanieves, La Bella Durmiente, Caperucita Roja y alguno más. Quizás no busqué concienzudamente, ya que no encontré ni rastro del dichoso Príncipe Azul; aunque, por supuesto príncipes sí, pero ninguno vestido con ese color. Los he solido ver eso sí, en distintas ilustraciones y animaciones, de la factoría Disney principalmente. Entonces me pregunté si cuando se critican esos cuentos, y por extensión todos los cuentos populares, se hace desde el conocimiento o, simplemente, desde una idea estereotipada de ellos, llena de tópicos e ideas preconcebidas.
         Los cuentos populares son creaciones anónimas que evolucionan con el tiempo y, sobre todo, en la voz de quien los narra. No hay en el mundo una cultura en la que no se cuenten cuentos. El narrador, quizás desde el mismo momento en que surgió la palabra, ofrece con sus narraciones una visión del mundo que habita. Cuando cuenta es parte del imaginario y la simbología de ese mundo, expresando su visión de todo ello. El cuento tradicional vivirá en la voz de quien lo cuenta, y cuando lo ofrece a la gente, expresará lo que desea a través de la narración. En ese ir y venir entre quien cuenta y quien escucha se construirá una suerte de dialéctica fantástica. En esa relación el cuento no será más que un instrumento. Los cuentos irán evolucionando con el tiempo en el interior del narrador, de la narradora. Ese bello durmiente se despertará en la boca de quien cuenta. Si viste al príncipe de azul, o con los colores del arco iris, será su decisión.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20121113/372315/eu/Printze-urdina

terça-feira, outubro 30, 2012

Idiomas secretos


         Una vez estuve contando en Paraguay. Estando esperando para contar en una escuela pública se me acercaron dos niños preguntando; de dónde venía y para qué, y cosas así. Entonces comenzaron a hablar en guaraní entre ellos, después me miraban y comenzaban a reír, me miraban de nuevo, y más risas, mientras hacían algunos comentarios que yo, por supuesto, no entendía; y más risas. Para su sorpresa comencé a hablarles en euskara, diciendo que yo también tenía un idioma secreto. Los niños me miraban asombrados. Recuerdo la sorprendida cara de uno de ellos con la boca abierta. En su esquema “lingüístico” no entraba un idioma diferente del guaraní o el castellano, y por supuesto menos, viniendo de la boca de un blanco “español” como yo. Esa mañana, en aquella escuela pública de Asunción, comencé la sesión de cuentos hablando en euskara.
         El ser dueños de un idioma secreto encandila a los niños; quizás por eso inventamos idiomas en la infancia, convirtiendo las palabras en juegos. No sé qué impresión dejaría el sonido del euskara en aquellos niños, de aquella escuela pública paraguaya, pero viendo sus caras sorprendidas, la silenciosa atención mantenida durante dos minutos, ofreciéndoles palabras para ellos incomprensibles, nos lleva a reflexionar sobre el habla. Hablar no es un ejercicio vacío, sino una expresión maravillosa de nuestros territorios interiores.
         Al contar en euskara nos adentramos en los escondrijos de los secretos. En los territorios de la sorpresa. En la maravilla del habla. Contar en euskara no es solo contar una historia bonita, maravillosa o, quizás, repelente, es también ofrecer un mundo, un mundo que se construye entre la historia, el habla, quien cuenta y quien escucha. Y cuando acaba el relato se guarda un secreto.

   Original en euskara publicado en el diario GARA: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20121030/369881/eu/Hizkuntza-sekretuak

terça-feira, outubro 16, 2012

Creatividad


         En esta época de crisis suelen darse largas discusiones sobre el destino de los dineros. En las instituciones se discute largo y tendido sobre ello, apareciendo, como es lógico, distintos criterios. ¿En qué gastar el dinero? ¿Cómo repartir de la manera más justa los escasos dineros institucionales? Por supuesto, cada cual arrimará el ascua a su sardina. En el mundo de la cultura sabemos algo de eso. De todas maneras muchas veces tengo la impresión de que nos quedamos algo cortos al exponer nuestros argumentos. Se suelen oír defensas de la Cultura como quien defiende una religión. Solo falta que se le pongan altares. Bueno, quizás esas macro estructuras culturales sean una señal de esto último.
         Suelen oírse también argumentaciones defendiendo la cultura como un pasatiempo, como algo que no hay que ideologizar. A veces parece que la creatividad viene dada por algún dios, como si fuese una bendición. Y entre tanto palabrería, se nos olvida para qué demonios sirve esa creatividad que es inherente a toda persona, y cómo podemos utilizarla. En estos casos de duda suelo acudir a Gianni Rodari, pedagogo y escritor italiano, desfacedor de algunos de mis entuertos mentales. “Si una sociedad basada en el mito de la productividad (y sobre la realidad del provecho), necesita hombres a medida –fieles ejecutores, diligentes reproductores, dóciles instrumentos sin voluntad-, se puede decir que está mal hecha y que es necesario cambiarla. Para cambiarla se necesitan hombres creativos, que sepan utilizar su imaginación”. El narrador o la narradora, como parte de ese mundo cultural, si no pone su creatividad al servicio del cambio social, no hará más que rezos en el altar, sin llegar a entender la utilización de la imaginación.

Original en euskara publicado en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20121016/367500/eu/Kreatibitatea

terça-feira, outubro 02, 2012

Huelga


         Recuerdo las huelgas de juventud en mi pueblo. Había ocasiones que duraban hasta dos días. La asamblea popular, con la plaza a rebosar, decidía cómo organizarla, y las discusiones encendidas. En ese ambiente observábamos a los chiquiteros “profesionales”, a la búsqueda de un trago. Las sociedades gastronómicas o algún bar perdido en algún barrio, aplacaban la costumbre diaria. Sí algún día estallaba la revolución en Euskal Herria, bromeábamos, sería como consecuencia de tener los bares una semana cerrados. Las tabernas eran, quizás, lo que más se echaba en falta en los días de huelga. ¿Qué revolución estallaría, en cambio, si no se contasen cuentos durante una semana en ningún lugar? ¿Qué huelga puede hacer el narrador? ¿Qué consecuencia tendría? Alguna vez he imaginado una manifestación, grande o pequeña, en un día de huelga en la que los narradores y narradoras portásemos una pancarta con la soflama: “¡Hoy no hay cuentos! ¡Los narradores en huelga!”. Y los niños y niñas, como detrás del Flautista de Hamelín, siguiéndonos con otra pancarta: “¡Los niños y las niñas con los narradores!”. Y los padres y madres: “Los cuentos en huelga, ¡nosotros también!”. Y las soflamas al aire: “Huelga general, cuentos igual!”. Quizás. Más delante o detrás, una pancarta exclama: “¡No nos contéis cuentos!”. Y nosotros: “Tranquilos, hoy ni había una vez”.
         El narrador, la narradora que tiene la voz como instrumento de trabajo, callando hace huelga, levantándola para poder seguir siendo narrador. Para que las sesiones de cuentos puedan existir dejará de contar, para estar en otros cuentos; convirtiéndose en escuchador de las historias de otros. Para no ser condenado al silencio, el narrador, la narradora huelguista, callará sus cuentos, por un día siquiera. Para que las historias de los demás sean las suyas.

terça-feira, setembro 18, 2012

Naqqâli


         "El naqqâli es una forma de teatro, donde un solo actor puede hacer diez roles, lo mismo de caballo que de dragón, sin la preocupación de los decorados y los elementos necesarios para la puesta en escena. Pero, al mismo tiempo, el naqqâli es un arte difícil de dominar, y muy difícil de aprender también, ya que las investigaciones sobre él son escasas, casi inexistentes”. Fâtemeh Habibizâd, conocida como Gordafârid en su faceta de naqqâd, es la primera mujer que practica este arte narrativo tradicional de Irán. Este arte oral milenario, parece que está en riesgo de desaparecer. El naqqâli se ha desarrollado tradicionalmente en las casas de café, ghaveh-khânehs, especialmente en Ispahan y Bagdad, narrando gestas heroicas. Desgraciadamente cada vez es más difícil escuchar a los naqqâd en esos lugares tradicionales cantando gestas centenarias. “No queda más que tres o cuatro que ofrezcan sus espectáculos en los ghaveh-khânehs. Cuando estos mueran se llevarán con ellos una gran parte de la tradición oral de nuestro país. Yo pienso que detrás de mí no tomará nadie el relevo, y dentro de unos años el naqqâli desaparecerá totalmente”.


         Desgraciadamente hay muchos ejemplos como este en el mundo. Los relatos han pasado de una transmisión directa a una tecnológica. Los media han inventado  un nuevo naqqâli; nos llega la voz de los nuevos naqqâl desde la lejanía, ofreciendo relatos extraños, en vivos colores y sin tiempo para la reflexión. La cuestión no es caer en las garras de la nostalgia, sino la defensa de los tesoros culturales. . La narración oral contemporánea también tiene que cuidar y defender sus tesoros. En el mundo hay muchos naqqâl acabando sus días. Quien narra trae en su voz ecos de antaño. Perderlos sería perderse en un mundo estridente, pero silencioso.








Artículo publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20120918/362784/eu/Naqq%C3%A2li

terça-feira, setembro 04, 2012

Conciencia


“La conciencia de nuestras limitaciones es, en definitiva, una conciencia de nuestra realidad. En medio de la niebla de la desesperanza y la duda, es posible enfrentar las cosas cara a cara y pelearlas cuerpo a cuerpo: a partir de nuestras limitaciones, pero contra ellas.
En este sentido, resulta tan desertora una literatura “revolucionaria” escrita para convencidos, como una literatura conservadora consagrada al éxtasis en la contemplación del propio ombligo”.
         Son estas, líneas escritas hace tiempo por Eduardo Galeano. Una pequeña mención a reflexiones más extensas en torno a la postura y la imagen que el  escritor tiene de su oficio en la sociedad. Robando al escritor uruguayo su reflexión, sustituyamos escritor por narrador oral, ya que no hay mucha diferencia, uno coloca letras en el papel, el otro palabras en el aire. Reflexionemos sobre el lugar que toma el narrador en una situación de crisis y complicaciones como la actual. El narrador habla a la gente desde el territorio de la imaginación, le trae historias a la conciencia, ofrece relatos a quien tiene delante para que se adentre por los senderos de la imaginación. ¿A dónde querrá llevar a quien le escucha? ¿Desde qué reflexiones partirá para invitar a reflexionar a sus escuchadores? Se habla mucho de despertar conciencias, pero ¿tiene despierta la suya quien narra? El narrador que habla a la gente, ¿desde qué lugar de la sociedad que habita se dirige?
         En otras líneas Galeano escribe que el escritor necesita interlocutores, no admiradores. ¿Qué necesita el narrador? Meciéndose en medio de la desesperanza y la duda, ¿cómo se enfrenta a la esperanza del futuro?

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20120904/360507/eu/Kontzientziaz

quarta-feira, agosto 22, 2012

¿De dónde surgen los cuentos?

"Aquí al lado había una casa, ahí donde ahora hay una nueva; pues decían que las dos hermanas que vivían ahí eran brujas. Yo las conocí y de pequeño nos contaban que...". Estaba en Mendaro, pequeña población gipuzkoana, y después de una sesión de cuentos en el bar, un hombre que asistió a ella, comenzó a contarme una historia de brujas que yo mismo habré contado muchas veces y de la cual conozco varias versiones. "Eso contaban...", decía el hombre. Con una cerveza en las manos, continuamos hablando de las cosas maravillosas que ocurren en el mundo.
 Es una antigua pregunta. ¿De dónde surgen los cuentos? No me refiero, por supuesto, al relato puesto sobre papel en el que un escritor muestra sus mundos imaginarios; sino, a las historias que, en todas las culturas del mundo, han ido pasando de boca en boca. Habría un momento en que ese relato se puso en marcha; alguien que lo contó por primera vez. Al contrario que en la escritura, un relato que va de boca en boca, se ha ido enriqueciendo, evolucionando, transformando, viajando por personas, casas, pueblos, países. Y en ese viaje, el cuento ha ido adquiriendo una personalidad propia, en un continuo enriquecimiento y transformación. La narración oral contemporánea ha agarrado esos cuentos y les ha dado un sentido escénico,  ofreciendo ese deporte de la palabra dicha como una propuesta artística.
El narrador moderno será un reformulador de ese tesoro cultural, dándole a la creatividad popular otra mirada, haciendo de la narración oral un arte escénico. Y, quizás, en algún momento, llevará a escena alguna anécdota o relato surgido en una conversación entre amigos, llevando las palabras de boca en boca, desde el mundo de la realidad al mundo de la fantasía y la creación. Ya que, el narrador oral es un creador que nos invita a viajar a través de sus mundos imaginarios.

 Originalmente publicado en euskara en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20120821/358296/eu/Ipuinen-sorrerak

quarta-feira, agosto 08, 2012

La Agenda


         Siendo como soy aficionado a la sección de agenda de los periódicos, me gusta mirar las propuestas culturales que se ofertan diariamente, no por que vaya a acudir a todas ellas, siquiera a alguna, sino por saber lo que hay por ahí. Son cosa buena las agendas culturales diarias, además de ofrecer una información concreta, puedes hacerte una idea más o menos real del movimiento cultural existente. En los periódicos encontramos agendas mejores y peores, por supuesto, más o menos amplias, pero en todas con un golpe de vista nos haremos una idea de la oferta cultural del ámbito que abarque el diario en cuestión. Las agendas suelen estar organizadas por secciones: teatro, música, exposiciones, infantil, etc. Cada evento suele aparecer bien definido en cuanto al día, la hora, quién lo llevará a cabo y el lugar, y por supuesto, en su debida sección. Pero, en caso de querer asistir a una sesión de narración oral, ¿dónde buscar?
         Narradores y narradoras deberíamos preguntarnos la razón por la cual la narración oral no goza de una sección propia en las agendas de prensa. En las raras ocasiones en las que aparece, suele ser en la sección infantil y, por supuesto, con un indefinido “cuentacuentos”, condenados a lo innombrable. Reivindicamos la visibilidad, que se conozca y reconozca nuestro oficio; pero, quizás, nos fijamos poco en ese pequeño espacio periodístico, sin aparente importancia. Si la narración oral lograse ocupar ese ínfimo espacio; si consiguiese que se nombrasen los espectáculos de narración, que se nombrasen a sus protagonistas; si alcanzásemos a que no se identificase mayormente como actividad infantil; si conquistase su propia sección en las agendas, habría dado un paso en su visibilización. Está en manos de narradores y narradoras tomar en cuenta ese pequeño lugar, reivindicar esa humilde existencia, para poder ser seleccionados en un golpe de vista. Es un espacio pequeño el de la agenda, pero muestra un mundo.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20120807/356063/eu/Agenda