quarta-feira, maio 28, 2014

Angola tem feitiço

         “Angola tem feitiço”, cuenta Dulce. Habla con dulce voz, conversando con su memoria. Tiene la mirada viva y la sonrisa lenta. Angola aparece en su mirada. Siendo aún colonia portuguesa viajo con su marido y su hija. Todavía, a sus 87 años, lleva África pegada en sus palabras, en el recuerdo, en las pupilas. Escuchando a Dulce, Angola se convierte en un lugar maravilloso, un lugar lejano hechizado, donde todo es posible. Entonces, Angola se convierte en el país de nuestros sueños.
         “Nuestro tío abuelo solía comenzar los cuentos con: “Había una vez en Checoslovaquia…”, cuenta Carles. Su tío nunca estuvo en Checoslovaquia, en aquel lejano lugar, el cual seguramente sólo existía en su imaginación. Y allí podía ocurrir de todo; allí, donde las bicicletas tenían las ruedas cuadradas.
         “Tenemos que ir a Panamá, oso. En Panamá todo huele a plátano”. El pequeño Tigre convence al pequeño Oso para conocer el lugar de sus sueños, en el precioso cuento ilustrado de Jannosch “Oh, qué bonito es Panamá”. Los dos amigos vivirán una aventura maravillosa camino de Panamá. Es que, es tan dulce el aroma a plátano…

         Cada persona buscamos nuestro territorio maravilloso, donde todo es posible. Ese territorio lejano, ya que el cercano es el de la cotidianidad; pero allí, en la lejanía, en Angola, Checoslovaquia, Panamá…, acontecen aventuras inesperadas. Y cuando alguien nos cuenta lo que se sucede en aquellos lugares comenzamos un viaje extraordinario. El narrador traerá a quien escucha aquellos relatos lejanos; sin embargo, ha tenido que estar allí. Embarcado en el velero de la imaginación. Atrapado por el feitiço.

quarta-feira, maio 14, 2014

La Fábrica

         “En la fábrica estábamos un montón de chicas, trabajando unas al lado de otras”. Como muchas mujeres, nuestra madre entró joven a trabajar. El Errenteria de entonces estaba repleto de fábricas de todo tipo y eran muchas las mujeres jóvenes que trabajaban en ellas. La madre montaba enchufes y otros componentes eléctricos. No son pocas las historias que hemos escuchado de esa época. Las anécdotas, una detrás de otra. Hay que imaginarse cómo sería aquella fábrica con sus cuatrocientos trabajadores y trabajadoras. Siendo muy joven conoció su primera huelga, en pleno franquismo. Las discusiones con el encargado por estar hablando entre ellas mientras trabajaban. “Una vez me mandaron a casa por hablar. Aquel encargado siempre metiéndose con nosotras”. La Fábrica Electromecánica Guillermo Niessen la fundó en 1914 un empresario llegado de Alemania huyendo de la guerra. El Errenteria de entonces era un pueblo netamente obrero, con fábricas y talleres por doquier, la Pequeña Manchester le llamaban. “No era como ahora; entonces se veía mucha gente por la calles muy de mañana, todos camino de las fábricas. Y para las diez de la noche todos durmiendo”.
         Han abierto una exposición recordando los 100 años de Niessen, y las imágenes de la mente aparecen en blanco y negro. Hileras de mujeres trabajando unas junto a la otras, ensamblando las piezas eléctricas de encima de la mesa. Imágenes de la fábrica. Fotografías de trabajadores. Mujeres reunidas para la fotografía. Tiempos de antaño. Historias de había una vez.

         La historia se convierte en relato de manos del tiempo; cuando se relatan en la cocina de casa. Lo que para los niños son tiempos remotos, para los adultos son vivencias de juventud. Las imágenes que se adhieren a la imaginación viven en un territorio fantástico y cuando se visten de palabras se convierten en relatos extraordinarios. Hace mucho tiempo en una fábrica unas mujeres trabajaban…

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

terça-feira, abril 29, 2014

No hay nada

         Ocurrió en un pueblo pequeño que esperaban impacientes la llegada de un narrador. Era conocido aquel contador de historias, y allí donde iba la gente se agolpaba para escuchar sus hermosos relatos y su verbo florido. En las calles, tiendas y tabernas no había otra conversación. El domingo anterior al evento el sacerdote contó desde el púlpito parábolas bíblicas, avisando que esas eran las únicas narraciones que merecían la pena y advirtiendo que solo la palabra de Dios era maravillosa.
         Llegó el día. Media hora antes el pequeño teatro estaba repleto en espera del narrador. Cuando faltaban pocos minutos llegó. Entró en el teatro, pero en vez de acceder al escenario directamente, avanzó por el pasillo central. Los murmullos callaron en un silencio impregnado de curiosidad. El narrador caminaba ensimismado, tranquilo, como si no hubiese nadie. Por aquella pequeña escalera accedió al escenario. Colocándose en el centro miro al público expectante. Justo al dar la hora de comienzo de la sesión, el narrador respiró profundamente y con una voz quebrada dijo: “No hay nada”. Y descendiendo del escenario se alejo por donde vino.

         En los siguientes días, semanas y meses hubo comentarios e interpretaciones de todo tipo. Surgieron multitud de versiones sobre aquella sesión de cuentos; y los abuelos lo relataban a los nietos. En aquel pueblo nunca más contrataron un narrador de cuentos.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

terça-feira, abril 15, 2014

Lentejas

Los sentidos tienen sus recuerdos, y las personas sensatas no olvidan el recuerdo. Nuestra madre hizo un descubrimiento. Estando preparando unas lentejas se le ocurrió enriquecerlas con unas gotas de vinagre de módena. Al probar el tantas veces cocinado potaje tuvo una revelación memorística: "Era esto!" Aquellas lentejas la transportaron a la cocina de su infancia. "Muchas veces pensaba en lo que nuestra madre ponía a las lentejas para darles aquel sabor especial, que nunca supe reproducir, hasta que el otro día lo descubrí. Era vinagre de módena!" Y a partir de entonces, más que de lentejas, comenzó a relatar aquellos tiempos, la mano de nuestra abuela para la cocina, las historias que contaba,... Aquellas humildes lentejas cumplieron su papel de "bomba fantástica" que nos proponía el pedagogo y escritor Gianni Rodari.
De dónde sacará el narrador la fuerza para poner en marcha la imaginación? Como hará suya la historia que desea contar? En qué recuerdos se perderá al hilo del relato? Contar un cuento no es, sin más, juntar una palabra tras otra componiendo un relato; no es dar al públicomlomque desea oir; no es escoder en cierto "efectismo" el vacio del relato. Quien narra tiene que viajar a través de la memoria, encontarndomsunlugar en esos territorios imajinarios. Construir nuevos recuerdos, descubrir lugares ignorados. Y junto con él, con ella, tiene que invitar a quien escucha a transitar por esos senderos, recorriendomcada cual el suyo. El narrador que cuenta historias tiene que hacer explotar en cada oyente una bomba fantástica. Como cuando se prueban unas lentejas enriquecidas con vinágre de módena.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

domingo, abril 13, 2014

Historias navegantes

"Con la idea de dar continuidad a su linaje, un pescador vasco que vivía en la costa norte de Saint Laurent, ofreció su hija a un jefe indígena, quería que ella le diese un niño de gran naturaleza para que continuase con el oficio de pescador". Así comienza el cuento  Los amantes perseguidos narrado por el pueblo amerindio de los Naskapi, recogido por el antropologo Jean-Claude Dupont en su libro Mythes et légendes des Amérindiens. Por encima de estos detalles y de una historia hermosa, es llamativo, al menos para mí, que el la protagonista sea hija de un pescador vasco en 
Quebec. Es sabido de la huella dejada en aquellos lugares por los pescadores vascos llegados desde hace siglos en busca del bacalao y la ballena; prueba de ello, entre otros detalles, la toponimia y otros restos arqueológicos. Pero en esta ocasión lo verdaderamente llamativo es la presencia en un relato indígena. Cómo puede llegar a convertirse un pescador vasco en personaje de un relato indígena? Por qué decidió la persona que narró el cuento convertir a un personaje de una lejana cultura en protagonista de su cuento? Qué idea tenían los naskapi sobre los pescadores vascos?
Es maravilloso el territorio de la imaginación. Las personas, al viajar de un lado a otro del planeta, llevan consigo sus imaginarios, y al llegar a su destino los comparten, muchas veces inconscientemente. Surgen sincretismos de los imaginarios y el mundo se enriquece con ello. Erigir vallas cortantes contra esas migraciones es un atentado contra la maravilla de la existencia humana, cortando el camino a bellas historias. 

sexta-feira, março 21, 2014

Aburrido

         Un momento antes de comenzar la sesión de cuentos, un alumno de la escuela donde ha estado aprendiendo a contar cuentos con Itziar me pregunta si después de la intervención que van a hacer se puede ir. Itziar le empuja a decirme la razón: “Los cuentos son aburridos”. ¡Dios mío!, publico difícil parece que va ser el de hoy. Pronto comenzaremos a contar Yoshihira Hioki y yo una de las sesiones organizadas dentro del Festival Ahoz Ahoz, en Ordizia. Comienza Yoshi, vestido con un traje japonés; como está estudiando euskara, ¡en Barcelona!, decide comenzar presentándose en euskara, ante la estupefacción de los presentes, tanto infantes como adultos. Antes que nosotros los alumnos y alumnas de Itziar han contado los cuentos que tenían preparados. El muchacho que tenía intención de escapar continua sentado escuchando a Yoshi, atrapado, como los demás, por su narración. Ese muchacho no parece que tenga intención de huir, ¿qué imágenes y sensaciones recorren su imaginario? Yoshi y yo nos intercalamos en la narración. Resulta una sesión bonita. Niños y adultos salen con una fina sonrisa.

         Pero, ¿por qué tenía el niño esa idea sobre las sesiones de narración? ¿Quizás porque es algo para niños pequeños? ¿Porque los cuentos son algo lejano a su mundo? ¿Qué será para él algo no aburrido?¿Qué le han ofrecido hasta ahora? Los niños y niñas pre-adolescentes de su edad son la mayoría de la misma opinión; pero, ¿Son los cuentos el problema? Seguramente, los que andamos contando historias deberíamos pensar en si al narrar nos adentramos en su mundo, o sus mundos; o, por el contrario, intentamos atraerles al nuestro, como si fuese mejor. En vez de viajar juntos, les obligamos a entrar en nuestro barco. Y eso, para viajar, es aburrido.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

quarta-feira, fevereiro 19, 2014

Historias vivas

         Son como las plantas las palabras. Para sobrevivir necesitan oxígeno, luz, agua y tierra. Las plantas, bien cuidadas, no devolverán belleza, et con la fotosíntesis, revivirán el aire. Del mismo modo, las palabras, necesitan del oxígeno de la respiración, la claridad mental, la humedad de la boca y la relación con la tierra. Con un buen cuidado nos devolverán belleza, y una renovación de aquello que nos rodea. Las palabras formarán historias y las historias cobrarán vida propia en la voz y el cuerpo de quien las narra; y en el viaje hasta quien las escucha crecerán y se expandirán, como las esporas florales, fecundando vida. La narradora es como la jardinera. Tiene un hermoso jardín que cuidar, distintas plantas, de aquí y de allá, grandes y pequeñas, fuertes y delicadas, altivas y humildes. Entre todas formarán el Jardín de las Delicias.
         Los amigos de Alabazan han convertido durante el mes de Febrero Bilbao en un gran jardín. Con las jornadas d enarración Cuentos Encadenados-Istorio Biziak, están fecundando la ciudad. Las esporas habladas, como flores, llevan a los bilbaínos y a quien se acerque por los senderos de la imaginación. Van floreciendo con historias, cuentos, bertsos; abonando lo cotidiano con imaginación, oxigenando las angustias, iluminando las sombras. Al contar cuentos, el cemento que nos aguanta se resquebraja, dejando sitio a hierbas enérgicas.

         Parece que la narración oral va afirmando cada vez más su presencia en nuestras programaciones culturales. Cuentos Encadenados-Istorio Biziak es una propuesta que refuerza ese camino. 

Alabazan, ala bedi/Si así fue, que así sea.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

sexta-feira, fevereiro 07, 2014

Para nada

         Muchas veces andamos sin saber cómo dar salida a una preocupación y, muchas veces, te encuentras metido en retorcidos atajos, por ejemplo, ¿para qué demonios sirve andar contando cuentos? En esta sociedad de consumo, ¿qué bienes produce la narración oral? ¿Qué le aporta a la economía de mercado? Quien narra, ¿cómo puede explicar los beneficios de su oficio a esta sociedad? Estas retorcidas preguntas te harán sentir náufrago; ya que da la impresión de que estos oficios y actividades hay que medirlas en beneficios cuantificables, o en los valores ético-morales que aportarán, o las dos cosas al mismo tiempo. Se pondrá en duda en valor de la narración en sí misma, o simplemente, ni se planteará, porque ¿qué valor tiene lo que no tiene valor? Y cuando andas sin poder despegarte de esta telaraña, pequeñas sorpresas llegan para ayudarte.
         Me regala Carles un pequeño pero firme libro, presentado como manifiesto por su autor Nuccio Ordine: La utilidad de lo inútil. Y han comenzado a aclarárseme algunas cosas, creo. Los comentarios y propuestas de Ordine traen algo de luz a esas tinieblas dubitativas en las que divagan las ideas mencionadas. Ayuda a centrar las reflexiones y, al mismo tiempo, pensar en torno a esta sociedad abocada a la ideología del utilitarismo. Me ha dado pie a entender en cierta manera, por ejemplo, el por qué muchos cuentos y sesiones de narración, especialmente dirigidas a niños y niñas, tienen los valores como razón de ser, siendo esto su principal importancia. Las sesiones de cuentos en sí mismas parece que no tienen valor; no ofrecen nada productivo a la sociedad. El narrador ofrecerá a quien escucha su propuesta creativa, desde la belleza. Y en esa propuesta artística ofrecerá directamente o indirectamente sus reflexiones; pero ¿qué vale eso? ¿Cuánto? ¿Para qué?

         Al llegarse a la conclusión de que eso no tiene un valor cuantificable, entonces se tiene que convertir en “algo”, hay que “cosificarlo”, para de este modo poder darle un valor. Por ejemplo, las sesiones de cuentos que trabajan los “valores” pueden responder claramente a la pregunta “Para qué”: para educar a los niños en valores necesarios. Así, lo que no sirve para nada se convierte en necesario y útil. El pensamiento y las propuestas artísticas valorarlas en función de sus valores económico-morales nos lleva a tratar a  las personas desde un punto de vista utilitarista, infravalorando aquellas actividades humanas que no son cuantificables: observar una noche estrellada, charlar a la orilla del mar… O escuchar una historia.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

sábado, janeiro 25, 2014

Brujas

        Las brujas no existen- asevera la niña. ¿Por qué no?- le pregunto. Me lo ha dicho mi padre. Claro, se acabó la discusión, no se puede dudar de la palabra por el padre. Aunque, seguramente el padre no le habrá desvelado la identidad de los Reyes Magos, ¿cómo le va a quitar esa ilusión? Es más, el padre disfrutará, como es normal, manteniendo a la hija en esa inocente mentira, ya que no hay nada que iguale esa ilusión que ilumina la cara de la niña al verlos en la calle, y qué decir al descubrir esos regalos mágicos. Pero, ¿por qué los Reyes Magos sí y las brujas no? O los fantasmas, o los duendes, o los ogros…
         Es comprensible que se quiera dar a las criaturas una vida sin falsas creencias, que vivan integrados en la realidad, no crearles miedos inútiles. Muchas veces, en cambio, se confunden falsas creencias o supersticiones con el mundo de la imaginación, la fantasía, los imaginarios. Mas, con toda la buena voluntad, al negar ese mundo fantástico se ponen trabas a los senderos de la imaginación. Como los niños, los adultos también vivimos lo cotidiano de la realidad, de la lógica, de lo concreto; pero al mismo tiempo, estamos integrados en mundos ilógicos, oníricos e incomprensibles. Cuando nos adentramos en los territorios de los sueños, son parte de nuestro ser, aunque se encuentren fuera de toda lógica. El ser humano, al crear tantos y tantos personajes mitológicos y fantásticos no lo ha hecho para huir de la realidad, si no para entenderla, para comprender la vida misma.

         Quizá, en parte, la labor de narradores y narradoras sea dar a conocer esos seres, brujas, duendes, ogros, diablos, lamias… Para que no desaparezcan. Para que así como de la lógica, los niños y adultos podamos aprender de la fantástica.


Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

terça-feira, janeiro 07, 2014

Terapias

            En medicina se utiliza el término terapia para el tratamiento de una enfermedad. Así, estando enfermo, el médico puede decidir una determinada terapia, por ejemplo la quimioterapia. Antes de aplicar la terapia, por supuesto, habrá que determinar la enfermedad. La enfermedad se define como un daño de la salud, grande o pequeño. También hay otra definición de enfermedad como una pasión dañina o una alteración de la moral o de la espiritualidad. Veamos esta segunda definición, ya que puede dar pie a diferentes interpretaciones. El espíritu, ¿Qué demonios es? ¿Cómo se daña? ¿Dónde se encuentra? ¿Cómo se sana? Esta definición de enfermedad, al dar ocasión para múltiples interpretaciones, hace que surjan diferentes terapias curativas, abundando cada vez más terapias curiosas: Monterapia, Risoterapia Y Cuentoterapia.

            La medicina utiliza, sobre todo en el tratamiento de males psicológicos y psiquiátricos, distintas técnicas adaptadas de procesos creativos, tanto del teatro como de otras artes, por lo que la utilización de relatos, siempre desde criterios médicos, puede ser interesante para ayudar a que pacientes diagnosticados con distintos males puedan enfrentarse a ellos. ¿Qué ocurre en cambio cuando esta utilización de los cuentos se confunde con narración oral? Y lo que es más preocupante, ¿qué ocurre cuando la puesta en práctica de dichas terapias se lleva a cabo por personas sin una necesaria y obligada preparación médica? ¿No estaremos ante un fraude? Suelen presentarse estas terapias con un lenguaje pseudo-científico sobre la capacidad sanadora de los cuentos, en el caso que nos ocupa, cuando menos bastante dudosa. El placer y hasta cierta tranquilidad y sosiego interior que podamos experimentar ante una propuesta artística no debería confundirse con una necesidad de eso mismo sobrevenida por una determinada patología. El considerar que todos necesitamos curar el alma, es considerarnos a todos enfermos, y eso es frivolizar el concepto mismo de enfermedad. La necesidad del ser humano de encontrar una razón a su existencia y disfrutar de ella, no es una enfermedad sino una característica misma de su ser. Por lo tanto, el considerar la narración de cuentos como una terapia en sí misma pervierte el sentido artístico y creativo de la narración oral. ¿Es la Cuentoterapia narración oral? ¿Es la narración de cuentos una actividad sanadora? Deberíamos hacernos estas preguntas ante tanto discurso supuestamente curativo que integra a la narración en esta nueva corriente de propuestas pseudo-terapéuticas. Los narradores somos artistas creadores, no terapeutas. El medio para sanar a las personas es la medicina. La narración oral es, en cambio, una actividad artística. Y cada una por su lado busca que disfrutemos de la vida.

Traducido del euskara y publicado en el diario GARA

terça-feira, dezembro 24, 2013

El cerebro

Parece el comienzo de un chiste. Estábamos una vez un bertsolari, un cantautor y un narrador hablando con un investigador de las funciones cerebrales. La investigación que hicieron con el bertsolari sobre cómo funcionaba el cerebro a la hora de improvisar versos nos dió el pie para la conversación. Una investigación interesante que encendió nuestra curiosidad en torno a la relación entre nuestros cerebros y los procesos creativos que cada cual llevábamos a cabo. Las preguntas más curiosas trataban sobre la relación entre las ideas y la memoria. Utilizábamos igual la memoria? El bertsolari y el narrador coincidíamos en nuestra dificultad para aprender una canción de memoria, quizás por la influencia de nuestras respectivas actividades creativas, basadas en gran parte en la improvisación; mientras que no teníamos gran problema en improvisar combinaciones imposibles con elementos de la caja de los recuerdos. El cantautor, en cambio, podía recordar sin problemas una canción que aprendió veinte años atrás. El investigador nos iba explicando las razones de ello. En la conversación fueron saliendo el cortis frontal, la plasticidad cerebral, sinapsis, proteínas, lado derecho, izquierdo... Como el aficionado espera ansioso que el bertsolari improvise su verso, esperábamos nosotros las explicaciones sobre las curiosidades neuronales. Una muestra de que la cultura y la ciencia no son caminos paralelos y separados, sino compañeros de viaje.
Muchas veces me preguntan cómo puedo guardar tantos cuentos en la memoria. A decir verdad, suelo responder, no los recuerdo, como puede hacerse con una canción o un rezo. A saber en qué rincón de la cabeza se esconden los cuentos y según comienzo a contar van surgiendo, nunca de la misma manera, siempre se agrega o se desecha algo; mientras avanza la narración viene a la mente una idea nueva o una imagen que pasa de la mente a la lengua. Por qué ocurre eso así? Seguramente porque en el territorio fantástico del cerebro están ocurriendo tantas historias. Y atrapan al narrador.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

terça-feira, dezembro 10, 2013

Jaun Zuria

Es el primer día de la Feria del Libro Vasco en Durango. Este año está dedicada a Escocia. Dentro de una hora comenzará el acto inaugural. Tengo que hablar con el gaitero que participará para coordinar su colaboración en mi actuación. Los nervios en danza. Tomar parte en el mayor y más importante evento cultural del Pais Vasco no es moco de pavo. Demasiada responsabilidad quizá? Autoridades, gente de la cultura, periodistas, visitantes... Tengo que contar y cantar la leyenda de Jaun Zuria, primer señor de Bizkaia. Lo haré dignamente? Lograré entonar bien? A ver si encuentro unos libros que me interesan, y de paso doy esquinazo a los nervios. No puedo quitarme la balada de la cabeza: Jaun Zuriano, Jaun Zuriano lotan zagoza itzarri... (Don Blanco, Don Blanco estás dormido, despierta...)
Comienza a llenarse la sala. Un escalobrio recorre mi espalda. Aprovecho para relajarme hablando con la presentadora. Pienso en lo que tengo que contar. Es una historia maravillosa, de héroes clásicos, mítica, arturiana. Lo tiene todo. Las autoridades comienzan con sus discursos. El gaitero y el guitarrista escoceses nos ofrecen su música. Me dirijo al escenario. Con el sonido de la gaita de fondo comienzo mi narración: "Ha ocurrido una tragedia en el reino de Escocia..."
En más de una ocasión nos piden que contemos sobre este o aquel tema. Algunas veces las propuestas nos sorprenden en caminos inesperados. Cuando me propusieron contar la leyenda de Jaun Zuria me encontré con descubrimientos sorprendentes, aún conociendo la historia de antes. Es una leyenda mítica, con dioses, un héroe valiente y salvador, con pruebas a superar, elementos mágicos (la espada)... Mientras preparaba la sesión me fuí adentrando en un mundo mágico inesperado, transitando a través de la mitología vasca, descubriendo una conjunción de componentes míticos de procedencias diversas. De repente, estaba atrapado en la leyenda de Jaun Zuria, en lo maravilloso de las historias que surgen de la imaginación popular.
Ha finalizado el acto. "Hasi da eta denen aurrean gora daroia ezpatia" (Ha comenzado y delante de todos alza la espada)

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

quarta-feira, novembro 27, 2013

Versos vs cuentos

            Una vez, invitados por la ikastola de Hendaia, nos propusieron al bertsolari (improvisador de versos cantados) Amets Arzallus y a mí hacer una sesión de controversia entre versos improvisados y cuentos contados. El procedimiento era simple, cada cual teníamos que responder al otro desde nuestra especialidad. Una propuesta interesante pero al mismo tiempo complicada. Comencé yo contando un pequeño cuento al cual respondió el bertsolari con un verso improvisado, respondiéndole yo a continuación con otro cuento. Así fue avanzando la sesión encendiendo la curiosidad de los asistentes, así como la nuestra propia. De vez en cuando un sudor frío recorría mi espalda mientras escuchaba al bertsolari y rebuscaba en mi baúl mental un cuentecito para responderle. Estaba convencido que a él se le haría más fácil este trabajo, al estar ellos acostumbrados a estas controversias, pero me sorprendió el comentario de Amets diciendo que a él también se le hizo complicado, ya que según escuchaba el cuento no podía decidir a qué agarrarse para improvisar el verso. Un hermoso ejercicio para los dos, con la oralidad en estado puro.
            El verso improvisado y la narración de cuentos serán, seguramente, los mayores emblemas de la oralidad artística, uno en rima y el otro en prosa, representantes de un mismo mundo creativo que nos llega desde antiguo. La oralidad ha sido durante siglos la principal y, podemos decir, única forma de expresión de la gente humana, transmitiéndose de este modo los conocimientos de la comunidad, de lo cual sabemos algo los vascos al negársenos hasta hace bien poco el derecho a ser alfabetizados en nuestra lengua. El verso improvisado y la narración oral han sido instrumentos artísticos imprescindibles en esa transmisión. Hoy en día, estas dos expresiones orales y artísticas han evolucionado, sin perder la esencia del pasado, convirtiéndose en formas de expresividad y creatividad contemporáneas equiparables a cualquier otra forma de expresión artística. El ponerlas a crear juntas, muestra la incomparable fuerza de la oralidad.

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

segunda-feira, novembro 25, 2013

Que somos y no somos

            Un amigo vivió un suceso extraño. Como iba a casarse en el extranjero tuvo que formalizar unos papeles en la embajada española; su sorpresa fue extrema cuando le comunicaron que no existía. No podía creerlo, asaltado, de repente,  por las dudas de su propia existencia. Nacido fuera de España, en el exilio de su familia republicana, parece ser que no existía registro alguno de su llegada al mundo. Pero él estaba allí, en carne y huesos, delante de aquel funcionario. Y este se dirigía a él. No era, pero estaba. Tenía nombre y lo nombraban. Parece ser que el exilio lo condenó a la inexistencia.
            El escritor vasco Marc Legasse imaginó una linda metáfora con los contrabandistas y Euskal Herria, en su obra “Los contrabandistas de Ilargi Zaharra”. Los contrabandistas, como Euskal Herria, son pero no existen; transitan bajo la luz de  ilargi zaharra, la luna llena, en un mundo sin fronteras. Condenados a la inexistencia, caminan por senderos ocultos conscientes de su propia presencia. Como las brujas. Unos hombres discutían en un bar sobre la existencia de las brujas. Uno de ellos regresaba a casa echada la noche, cuando se le aparecieron las brujas en el camino. Y se lo dejaron claro: “¡Que no somos pero somos, aquí estamos ciento cincuenta y cinco!”. Y una tras otra le fueron golpeando. Al amanecer lo encontraron ahorcado de un árbol. 
            Del mismo modo los narradores y narradoras extienden, a la luz de la luna llena, los nombres de lo que existe. Viajan a través de las palabras. Y con ellas. Eduardo Galeano escribió que “quien sabe contar cuenta sabiendo que el nombre es la cosa que el nombre nombra”. Y aun habiendo muchos narradores y narradoras, es difícil conocer sus nombres. Como ese amigo inexistente, al narrador, a la narradora le ocurre que tiene que reivindicar su existencia, su nombre.

terça-feira, novembro 19, 2013

Programando


Es conocida la frase con la que algunos, bastantes, programadores suelen rechazar un espectáculo: "no es adecuada para mi público". Oida aquí y allí, en un tiempo pensaba que era algo así como una leyenda urbana atribuída a estas personas, hasta que la oí de boca de una de ellas. Es curiosa esa capacidad de apropiarse de la opinión de un grupo heterogéneo de personas llamada público, agrupándolas en un determinado gusto estético, sin consultarlo con ellas, por supuesto. Además, de alguna manera, se infantiliza a ese público, al negarle la autonomía de poder optar por este o aquel espectáculo, siendo otra persona, el programador, por supuesto más preparada para tomar ese tipo de decisiones, quien decide qué le conviene ver y qué no. Ante esta cuestión suelo pensar dónde se podrá comprar un grupo de público para poder responder ante el anterior comentario con un "tranquilo yo me traigo a mi público". De todas maneras hay que admitir que el llevar a cabo un programación cultural digna no es algo que se haga en un pis-pas. 
Hay también otro tipo de programaciones llevadas a cabo de una manera aficionada, es decir, por personas que dedican parte de su tiempo libre a promocionar las actividades culturales a través, por ejemplo, de asociaciones, la mayoría de las veces con ayudas públicas.
Por supuesto que a estas personas no se les puede exigir el mismo grado de responsabilidad y conocimiento del hecho cultural que a quien se dedica profesionalmente a ello. De todas maneras, sería interesante saber los criterios utilizados a la hora de llevar a cabo esas programaciones, si obedecen a un interés y conocimiento sobre aquello que se programa, o en cambio, se busca más un efecto mediático, y para ello se programan espectáculos en los que predomina esa idea. Dichos grupos culturales tendrían que ser el contrapunto a la manera institucional de llevar a cabo las políticas culturales. Y, ante todo, los integrantes tendrían que interesarte realmente en el hecho cultural, fomentando el debate en torno a ello y no plegarse sin más a estándares culturales o a lo que "la gente quiere", otra expresión similar a la anteriormente mencionada.
Y la narración oral, cómo aparece en estas programaciones culturales? Qué criterios se utilizan a la hora de organizar una sesión de cuentos? Quienes programan ya saben en qué consiste la narración oral? Asistirán a espectáculos de narración? Serán las sesiones de narraciones oral adecuadas para los públicos de los programadores? Seran los programadores adecuados para los narradores?

Publicado originalmente en euskara en el diario GARA

segunda-feira, outubro 21, 2013

Gitanos

         En un cuento recogido a gitanos rusos se explica por qué están los gitanos repartidos por el mundo. Parece ser que una familia gitana viajaba con su carro repleto de cacharros y niños, llevado a duras penas por un caballo flaco y débil. Debido a los malos caminos y al balancear del carromato, de vez en cuando caían cacharros y hasta alguna criatura. De día no había problema para recogerlos, pero durante la noche, la oscuridad dificultaba la labor, por lo que se fueron perdiendo niños en el camino, además ¿cómo llevar la cuenta de tantos niños? Y como la familia recorrió el mundo de un lado a otro, así es como los gitanos se fueron repartiendo por todos lados.
         Preparando estos días una sesión de cuentos gitanos, me da pie para reflexionar, como otras muchas veces, sobre el contar historias de otras culturas diferentes a la mía. Los cuentos han servido a todas las culturas para reafirmarse en su existencia y su identidad. Han construido su historia oral a través de sus relatos y narraciones. Muchas veces esos cuentos han sido adaptados de otras culturas, haciéndolos suyos. De este modo descubrimos un cuento de los gitanos del subcontinente indio casi idéntico a un cuento vasco. Las palabras han sido y serán viajeras, acompañantes de las personas humanas. En el caso de los gitanos enseguida aprecias que sus relatos no se circunscriben a un territorio concreto, sino que, como ellos, están repartidos por lugares diferentes, sin perder su identidad, mas absorbiendo la esencia del lugar y la cultura donde se encuentran.

         Siendo un vasco no gitano, ¿cómo, entonces, osar contar sus historias? Quizás, adentrarse en esos territorios fantásticos sea la labor del narrador, para viajar a otros lugares. Acompañado de palabras nómadas.

sexta-feira, outubro 04, 2013

Mutis

Una vez, con ocasión de los premios Cervantes, por parte del Festival de narración oral que se celebraba en Alcalá de Henares, se propuso a los narradores participantes preparar algo con escritores premiados hasta entonces. A mí me tocó en suerte el escritor colombiano Alvaro Mutis. Comencé a leer las aventuras de Maqroll el gaviero, introduciéndome inmediatamente en esos territorios imaginados por el autor. Pero además de la obra, me interesé por la vida del autor, cosa lógica al tener que preparar algo sobre él. Y entonces me pareció que la verdadera aventura era su vida misma, interesándome lo mismo o más que su obra misma. El desvío de fondos de la multinacional Esso para proyectos culturales me pareció digno de cualquier personaje literario. Ese hecho le llevo a huir a México, donde no se libró de pasar quince meses en la prisión de Lecumberri. Durante esa estancia escribió Diario de Lecumberri. Ha muerto Alvaro Mutis, pero nos deja una obra genial, y sobre todo, el recuerdo de un escritor que podría ser un personaje de sus obras.

Salvando las evidentes distancias, cuando cuento para adolescentes, suelo sentir una sensación parecida, es decir, si en cierto momento no seré yo para ellos un personaje salido de cualquier narración. De hecho, contar cuentos es más que relatar una historia, las anécdotas personales o no, los pasadizos, las ocurrencias se convierten en parte de la narración, convirtiendo al narrador en parte de lo narrado. En el imaginario de esos jóvenes quizás ocurra lo mismo que en el mío con Mutis, convirtiéndome en un personaje ante ellos. ¿Qué quedará en su recuerdo, la historia contada o la imagen de quien la contó? ¿No ocurrirá a veces que esa imagen nos atrapa, nos domina? O quizás, quiero pensar, que en realidad la narración oral es esa simbiosis entre lo narrado y quien narra. Por la senda del binomio fantástico Maqroll/Mutis.

La Grande Oreille

Orejudo es un insulto pequeño, infantil, mientras no sea uno quien en el patio del colegio lo reciba claro. Las orejas como característica física, al igual que la nariz (recordemos a Quevedo), se han utilizado como recurso para reírse de la persona “afectada” y, en cierto modo, humillarla. Pero además de la evidente propiedad física, la oreja guarda dentro de sí un rasgo sensorial. Tener buen oído hará referencia a alguien con capacidades para la música, no tenerlo dificultará el cantar ante los demás, aún siendo colegas. Afinar el oído será necesario para poder escuchar mejor aquello que nos interesa. La oreja será ese saliente corporal, que como un balcón, nos asoma al exterior. Para los narradores suele ser conveniente que esa característica arquitectónica corporal, la tengamos bien cuidada, florida y adecentada, ya que las historias pueden surgir en cualquier momento y lugar.
La Grande Oreille es una orejuda revista, de oído fino. Se publica desde hace quince años en Francia y la narración oral es la razón de su existencia. Escriben y participan en ella narradores y narradoras francesas de primera línea, así como de otros países de la francofonía, que, como en numerosos proyectos del estilo, mantienen viva la necesidad de compartir informaciones y reflexiones sobre la narración oral. Desgraciadamente este proyecto, como muchos otros, se encuentra en una situación precaria, en peligro de desaparecer. Como advierten en el editorial del último número editado, necesitarían aumentar las suscripciones para poder seguir publicando. Como es lógico, muchas personas que no entienden el francés se les hará difícil apoyarles de esa manera. Pero eso no es lo verdaderamente importante, aunque necesario; el mero hecho de conocer la situación y difundirla, de tener empatía con un proyecto de esta índole, hace que realidades culturales como esta no caigan en la indiferencia, en la invisibilidad. La solidaridad no es algo que se construye simplemente con dinero, aunque sea necesario.
La narración oral, sea en el idioma que sea, está necesita de tribunas donde se reflexione, se divulgue, se diga. Necesita tener un lugar en la vida cultural, un lugar digno, atractivo, en el que reivindicar y demostrar su importancia dentro de las propuestas culturales y escénicas. Necesita reclamar el interés por ella en sí misma.

La narración oral necesita pensarse, necesita de grandes orejas, finos oídos para que su palabra se escuche claramente.

quarta-feira, setembro 04, 2013

Se fue el verano...

Llegó el invierno, dice una canción vasca. Bueno todavía no, ya que entremedio está el otoño. No vamos a decir lo que un colega narrador colombiano: "En Colombia hay dos estaciones, verano e invierno. Verano es todo el año; invierno cuando llueve". De todas maneras, en esta vuelta a la normalidad post veraniega, me entra la preocupación sino ocurrirá también aquí como en Colombia, pero en sentido inverso, es decir, que tengamos sólo dos estaciones, invierno todo el año y verano de vez en cuando. Y no me refiero al tiempo. Quienes nos dedicamos a las artes escénicas, la narración oral en este caso, vivimos en esa organización estacional. Todo el año invierno y a veces verano.
En estos momentos en que el verano meteorológico está llegando a su fin, no embarga la esperanza de que las actividades culturales tengan la importancia que merecen. La parada veraniega valdrá para reflexionar; las noches de kalimotxo generarán nuevas ideas locas; la arena de la playa ampliará los proyectos; los paseos montañeros clarificaran la mente; los viajes maravillosos abrirán fronteras. Quien pierde la esperanza pierde la ilusión de la vida.
Quienes andamos metidos en esto de las artes escénicas, la narración oral en este caso, escuchamos continuamente que pertenecemos al Club de la Queja Permanente, y quizás muchas veces demos argumentos a quienes nos ven así; pero ¿acaso no tenemos razones para la queja? La crisis económica no vapulea sin piedad. Si perteneciésemos a otro sector laboral y económico, se vería lógico nuestro malestar, pero parece ser que quienes hacemos un trabajo que nos apasiona y además cobrando, no tenemos muchas razones para quejarnos. Tenemos mucha suerte al hacer lo que hacemos.
Acaba el verano; las programaciones culturales retoman sus rutinas; comenzarán, esperamos, las llamadas y todo retornará a la normalidad. Si la cultura no escapa de esa normalidad corre el peligro de convertirse en culturismo.