"Aquí al lado había una casa, ahí donde ahora hay una nueva; pues decían que las dos hermanas que vivían ahí eran brujas. Yo las conocí y de pequeño nos contaban que...". Estaba en Mendaro, pequeña población gipuzkoana, y después de una sesión de cuentos en el bar, un hombre que asistió a ella, comenzó a contarme una historia de brujas que yo mismo habré contado muchas veces y de la cual conozco varias versiones. "Eso contaban...", decía el hombre. Con una cerveza en las manos, continuamos hablando de las cosas maravillosas que ocurren en el mundo.
Es una antigua pregunta. ¿De dónde surgen los cuentos? No me refiero, por supuesto, al relato puesto sobre papel en el que un escritor muestra sus mundos imaginarios; sino, a las historias que, en todas las culturas del mundo, han ido pasando de boca en boca. Habría un momento en que ese relato se puso en marcha; alguien que lo contó por primera vez. Al contrario que en la escritura, un relato que va de boca en boca, se ha ido enriqueciendo, evolucionando, transformando, viajando por personas, casas, pueblos, países. Y en ese viaje, el cuento ha ido adquiriendo una personalidad propia, en un continuo enriquecimiento y transformación.
La narración oral contemporánea ha agarrado esos cuentos y les ha dado un sentido escénico, ofreciendo ese deporte de la palabra dicha como una propuesta artística.
El narrador moderno será un reformulador de ese tesoro cultural, dándole a la creatividad popular otra mirada, haciendo de la narración oral un arte escénico. Y, quizás, en algún momento, llevará a escena alguna anécdota o relato surgido en una conversación entre amigos, llevando las palabras de boca en boca, desde el mundo de la realidad al mundo de la fantasía y la creación. Ya que, el narrador oral es un creador que nos invita a viajar a través de sus mundos imaginarios.
Originalmente publicado en euskara en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20120821/358296/eu/Ipuinen-sorrerak
quarta-feira, agosto 22, 2012
quarta-feira, agosto 08, 2012
La Agenda
Siendo como soy aficionado a la sección
de agenda de los periódicos, me gusta mirar las propuestas culturales que se
ofertan diariamente, no por que vaya a acudir a todas ellas, siquiera a alguna,
sino por saber lo que hay por ahí. Son cosa buena las agendas culturales
diarias, además de ofrecer una información concreta, puedes hacerte una idea
más o menos real del movimiento cultural existente. En los periódicos
encontramos agendas mejores y peores, por supuesto, más o menos amplias, pero
en todas con un golpe de vista nos haremos una idea de la oferta cultural del
ámbito que abarque el diario en cuestión. Las agendas suelen estar organizadas
por secciones: teatro, música, exposiciones, infantil, etc. Cada evento suele
aparecer bien definido en cuanto al día, la hora, quién lo llevará a cabo y el
lugar, y por supuesto, en su debida sección. Pero, en caso de querer asistir a
una sesión de narración oral, ¿dónde buscar?
Narradores y narradoras deberíamos
preguntarnos la razón por la cual la narración oral no goza de una sección
propia en las agendas de prensa. En las raras ocasiones en las que aparece,
suele ser en la sección infantil y, por supuesto, con un indefinido
“cuentacuentos”, condenados a lo innombrable. Reivindicamos la visibilidad, que se conozca y reconozca nuestro oficio;
pero, quizás, nos fijamos poco en ese pequeño espacio periodístico, sin
aparente importancia. Si la narración oral lograse ocupar ese ínfimo espacio;
si consiguiese que se nombrasen los espectáculos de narración, que se nombrasen
a sus protagonistas; si alcanzásemos a que no se identificase mayormente como
actividad infantil; si conquistase su propia sección en las agendas, habría
dado un paso en su visibilización. Está en manos de narradores y narradoras
tomar en cuenta ese pequeño lugar, reivindicar esa humilde existencia, para
poder ser seleccionados en un golpe de vista. Es un espacio pequeño el de la
agenda, pero muestra un mundo.
Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20120807/356063/eu/Agenda
quarta-feira, julho 25, 2012
I.V.A.
Desde hace tiempo los narradores y narradoras
llevamos una “pelea” para que la narración oral tome en la cultura el lugar que
le corresponde, es decir, ser considerada como una expresión creativa de las
artes escénicas. Por lo menos algunos y algunas. Quizás para muchos esto sea
una verdad de Perogrullo; pero, en general, lo que destaca es una falta de
definición. La narración oral como una actividad dirigida a la infancia es,
seguramente, la idea más extendida, y, muchas veces, más que estar dirigida a
enriquecer el acerbo cultural de niños y niñas, se limita a mero pasatiempo. También
suele considerarse como una rama de la literatura escrita, de este modo, parece
ser que las bibliotecas son el espacio “natural” de la narración contada.
Quizás debido a esta consideración es complicado, cuando no imposible, acceder
a salas teatrales, pequeñas, medianas o grandes. Estos no serían grandes
problemas si no ocultasen la evolución que presenta la narración oral
contemporánea.
Podemos enumerar más preocupaciones en
torno a la narración oral, pero estos últimos días ha caído sobre esta
actividad una verdadera bomba de relojería, que puede llegar a condicionar la
existencia de la narración oral como actividad profesional. La subida del IVA
al 21% viene a levantar un verdadero muro al desarrollo y supervivencia de la
narración oral. Si hasta ahora había verdaderas dificultades para poder
negociar unos cachés dignos, con esta subida se convertirá en una labor de
titanes, precarizando aún más el oficio, teniendo que asumir el o la artista en
su salario la subida para poder trabajar. En estos tiempos procelosos, la
cultura sufre una situación de crisis brutal, en silencio, pero con miles de
puestos de trabajo al filo de la navaja; siendo la narración oral en esta
situación la cenicienta. Contar cuentos no es simplemente, algo “bonito” ni de
tradición milenaria, es también un oficio, y las políticas económicas neoliberales
que estamos sufriendo, tal y como estallan en las vidas de la clase
trabajadora, condena a los narradores y narradoras a un agujero negro sin
fondo. Nos atañe a nosotros y a la sociedad que la narración oral no se hunda
en estos embates económicos. Para que no gane el rey malvado.
terça-feira, junho 26, 2012
Transmisión
Pongamos por caso que dentro de cien años un antropólogo quiere recopilar e investigar los cuentos que saben los abuelosy abuelas. Se encontrará con ellos cargado de diferentes aparatos tecnológicos esperando recoger fielmente el tesoro narrativo oral que guardan. ¿Qué historias recopilará? ¿Cómo las contarán? ¿Cuál será el lugar y el momento donde las recoja? ¿Dónde se ubicará la abuela? ¿Junto al hogar? ¿De dónde y cuándo almacenó en su memoria esos cuentos? ¿Qué imaginario descubrirá el investigador? ¿Qué mundo fantástico?
La narradora e investigadora de cuentos Gilka Girardello me advertía de cómo está cambiando la estructura y la mirada hacia los cuentos a través de los modelos que se ofrecen en los medios audiovisuales, y de la literatura muchas veces. Se está extendiendo un modelo único en contraposición a los diferentes modelos que las culturas del mundo han ido construyendo y fortaleciendo a través de los tiempos. Comentaba preocupada que la globalización también se está dando en la narración oral. Hasta entonces no había sido plenamente consciente del problema, pero enseguida me percaté de que no le faltaba razón. Me hizo pensar sobre la importancia que tiene el que los narradores y narradoras reflexionemos y trabajemos en torno a los modelos narrativos orales que recibimos y transmitimos. Tal y como hicieron los que nos precedieron, nosotros también deberíamos enriquecer, fortalecer y darle una entidad propia a nuestra narración, rechazando un modelo globalizado.
Pero aún no siendo narradores, cualquier persona debería tomar en cuenta qué tipo de cuentos y cómo los transmiten a sus descendientes, reflexionar sobre la importancia que tiene para una cultura desarrollar su propio modelo narrativo oral. Para que dentro de cien años, un investigador y recopilador de cuentos, no se encuentre siempre ante la misma historia, contada de la misma manera, aprendida de alguna televisión (o biblioteca).
Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20120626/348854/eu/Transmisioa
Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20120626/348854/eu/Transmisioa
terça-feira, junho 12, 2012
Kontalaria.net
Salseando por internet mira por donde
me encuentro con una actividad en torno a la narración oral llevada a cabo hace
dos años por el Gobierno Vasco. La lalmaron “Kontalaria” (Narrador). Una
propuesta simple e interesante. La actividad consistía en una camioneta
debidamente acondicionada, que recorría diversos pueblos. Al llegar a ellos
quien lo desease entraba en ella y grababa en video una parte improvisada de un
cuento. Al finalizar el día, entre todos los participantes componían un relato
narrado oralmente. Se planteó como una actividad para promocionar el euskara, y
con la intención de hacerlo de una manera lúdica y participativa, escogieron la
narración oral de cuentos.
En si, el objetivo de la actividad no
era pequeña, en boca de la consejera de cultura Blanca Urgell, “Si
consiguiésemos con los cuentos y el euskara inducir al disfrute, sería algo
extraordinario”. De todas maneras, en mi opinión, antes y ahora, el proyecto
adolecía de un fallo básico, la falta de consideración hacia el trabajo de los
narradores y narradoras que llevamos años recorriendo la geografía de Euskal
Herria, llevando el euskara y los cuentos a miles de personas. Este sería en mi
opinión el mayor fallo de esta propuesta.
¿Por qué no se les toma en cuenta? Parece ser que todo el mundo sabe
sobra narración oral, que a cualquiera se le puede ocurrir algo con la
narración oral de cuentos. Quienes llevamos muchos años en esto sabemos de lo
complicado y dificultoso que es y el trabajo que cuesta hacer un trabajo que
sea tenido en cuenta. Y, además, ¿qué ganó la narración oral vasca con esto?
Durante los últimos 30 años miles de
niños, jóvenes y adultos han podido escuchar cuentos en euskara por boca de
narradores y narradoras vascas. Estas personas son las que componen el
verdadero proyecto “Kontalaria”. Aunque no estén en boca de la consejera de
cultura.
Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20120612/346495/eu/Kontalarianet
Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20120612/346495/eu/Kontalarianet
quarta-feira, maio 30, 2012
Profesionales
Es una discusión que surge cada
cierto tiempo, aunque siempre pervive en el aire. ¿Quién es profesional? ¿Qué
es ser profesional? Suele dar la impresión de ser una de esas discusiones sin
salida, imponiéndose, normalmente, la definición de cada cual. No por ello, en
cambio, deja de tener importancia. De hecho, suelen ser dos las visiones y
planteamientos que protagonizan el debate. Por un lado, el defender la profesionalidad
como el tener la actividad de contar cuentos como oficio. Por otro lado,
entender la profesionalidad como la actividad bien hecha. Aunque a veces da la
impresión de ser dos puntos de vista diferentes y diferenciados, la verdad es
que una cosa no quita la otra. Pero el problema, en esta cuestión de la
narración oral al menos, no creo que
sea este debate sin final, sino otro.
¿Qué le ocurre a quién tiene la
narración oral como oficio? Entendido lo de oficio como forma de ganarse la
vida. Podemos mencionar, por ejemplo la parte administrativa, es decir lo que
tiene que ver con impuestos y cuestiones afines. La administración pública al
convertirse en casi exclusivamente patrón y contratadora única de las
actividades culturales escénicas, ¿qué medios pone para que los creadores
culturales puedan desarrollar su actividad con la mínima precariedad?
Últimamente lo vemos y sufrimos crudamente, recortes brutales en cultura y
atraso de pagos (sine die muchas veces). Todo esto como ejemplo y resumiendo
mucho.
Por otro lado, ¿cuál es la imagen que existe en la sociedad
sobre los narradores y narradoras? Más o menos, y consciente de ser demasiado
general, la de unas personas que realizan esta actividad como pasatiempos y,
sobre todo, que es válida para entretener a las criaturas. Y, claro, no merece
la pena gastar muchos cuartos en ello. Además, eso no es un oficio, sino una
afición. Pero todos no exigen que hagamos nuestro trabajo de la mejor manera
posible, cumpliendo nuestros deberes impositivos y artísticos.
Es normal que esto sea así, la
exigencia del trabajo bien hecho, y el cumplimiento impositivo, de que seamos
buenos profesionales. Pero por nuestra parte deberíamos exigir la misma
“profesionalidad” a la otra parte, que tanto condiciona y habla de nuestro oficio.
Publicado originalmente en euskara en el diario GARA : http://www.gara.net/paperezkoa/20120529/343805/eu/Profesionalak
terça-feira, maio 15, 2012
Los puertos del recuerdo
Desde pequeño he disfrutado mirando
desde la plaza o el paseo de Bonanza de Pasajes de San Juan los mercantes o
pesqueros entrando y saliendo del puerto. Los puedes casi tocar cuando pasan
por el estrecho canal que abre el mar entrando hacia el interior terrestre.
Cuando salen hacia el mar abierto piensas hacia dónde se dirigen, a qué lejanas
tierras, qué periplo les espera mientras se alejan hasta perderse en el
horizonte. Y cuando entran, ¿qué noticias traerán? Los bou que regresaban de
Terranova, después de una larga temporada transcurrida en lejanos mares
brumosos y helados, además de bodegas repletas de bacalaos, traían con ellos
extraordinarias historias; como la de los marineros encontrados en la bruma
helada de un mar implacable, perdidos en una chalupa repleta de pescado.
A los narradores nos preguntan muchas
veces cómo podemos recordar las historias que contamos. Yo suelo responder que
no las recuerdo, simplemente reposan en algún lugar de la mente, esperando a
salir. Entonces, el cuento inicia su viaje, siendo las palabras el navío que lo
transporta. Otras veces hacen el viaje contrario. Al escuchar una historia por
boca de otra persona, entran por esa lengua de mar hasta atracar en mi memoria.
Imagino los cuentos en mi puerto de la
memoria, esperando a surcar los mares de la imaginación. Como en el puerto de
Pasajes, cuando salen por la bocana, sabes cuál es su carga, sabes su destino;
no sabes, en cambio, los avatares que le esperan en su periplo. La labor de
quien cuenta será invitar a subir al navío a esa persona que mira desde tierra.
Para que cada cual tenga su puerto del recuerdo.
Originalmente publicado en euskara en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20120515/340908/eu/Oroimeneko-portuak
El título en euskara nos lleva a un poema del prolífico y estupendo escritor vasco Joseba Sarrionandia, cantado por el recordado y entrañable Imanol. http://eu.musikazblai.com/herrikoiak/oroimeneko-portua/
quinta-feira, maio 03, 2012
Tiernamente, un cuento
Me cuenta Derrin que una novia
que tuvo le pedía un cuento en la ternura de la cama. Desde entonces no ha
vuelto a tener tal petición. Un amigo contaba un cuento que me escucho para
aparecer tierno con las chicas. En las fiestas de Oiartzun, al arrimo de una
cantina popular, de madrugada, un chico joven me pide un cuento: “Cuéntame un
cuento, para contarle a esa chica, ya que quiero ligar con ella”. A los diez
minutos, apoyado en la barra, estaba contando cuentos a la pareja, de
madrugada, en fiestas.
Como en el amor, en los
cuentos también queremos alejarnos a otros mundos, para poder estar en este.
Queremos recorrer los caminos de la ternura, para traer ternura a la vida.
Queremos andar los caminos de la fantasía, para tener una vida fantástica. En
los cuentos nos veremos en aventuras y situaciones increíbles, momentos
maravillosos, con personajes sorprendentes; como si fuesen sueños que nos
atrapan despiertos. Y como los sueños, nos rondaran, haciendo preguntas
incomprensibles, planteándonos cuestiones inquietantes.
Quien narra tiene un hermoso
reto ante si. Tendrá que llevar a quien escucha a través de territorios
deseados y soñados. No será suficiente,
sin embargo, sacar de su boca una palabra tras otra. No será suficiente hacer
odas a la belleza. Quien narre tendrá que reflexionar. Cavilar sobre la
importancia de la fantasía en la vida de las personas. Buscar dónde esconden
los cuentos la llave para transformar la realidad. Prepararse técnicamente. La
narradora, el narrador, no puede enfrentarse a su oficio con simpleza; para que
Derrin puede recuperar la ternura.
terça-feira, abril 03, 2012
Quitar, quitar, quitar
“Utilizaba
mucha parafernalia, y a raíz de eso la atención de los niños se desviaba. Poco
a poco comencé a utilizar menos cosas. Quitar, quitar…,¡al final he acabado por
no utilizar nada!”. En una entrevista publicada en el suplemento Gaur8 del
diario GARA así explicaba la narradora Maite Franko su evolución en la
narración oral. Llegando del teatro hasta la narración oral, comenzó a contar
bajo esa influencia, viajando poco a poco hacia la sobriedad, hacia la palabra
desnuda. Y tiene toda la razón, ya que esa sobriedad le dará a la narración
personalidad, a la narradora reflexión y al público un camino para su
imaginación. Oteiza explicaba que desnudando la escultura, vaciándola, quitando
lo que sobraba intentaba entender el alma humana.
En esta sociedad consumista e hipócrita
que habitamos, casi sin darnos cuenta nos dedicamos al relleno. Estamos construyendo
una sociedad del relleno. Pero cuando nos deshacemos de todo aquello bajo lo
que nos escondemos, no entendemos esa sobriedad, nos da miedo, se nos hace
enorme.
Al contar cuentos, si tendemos a lo
sobrio, a quitar lo que sobra, a buscar la esencia de lo narrado, también
hacemos un ejercicio vital. Ese trabajo empujará a quien narra a la reflexión,
mostrándose desnudo ante la gente, armado solamente de la palabra y el cuerpo. Y
encandilar así a quien escucha y mira, exigirá crear lazos comunicativos, de
entendimiento, de complicidad. Uno y otro no tendrán más que la imaginación
para adentrarse en esos caminos. Y quizás aprendamos que, del mismo modo que al
contar o escuchar cuentos, en nuestras vidas también tenemos mucha parafernalia
y que tenemos que tratar de quitar y quitar; para que los demás nos entiendan;
para entender a los demás.
Publicado originalmente en euskara en el diario GARA
terça-feira, março 20, 2012
La cuarta pared
En el teatro se suele mencionar la
cuarta pared como esa frontera invisible entre el escenario y el público, algo
que dificulta la comunicación. En la narración, en cambio, esa idea de la cuarta
pared es imposible, ya que el contar cuentos trae consigo una relación directa
con el público. Quien narra no podría contar sin contar con quien tiene
delante. En esa relación directa se construye la acción narrativa. El cuento
cambia, evoluciona sin cesar, en todo momento. El narrador traerá nuevas
aportaciones al cuento, a veces evidentes, otras veces imperceptibles, pero
cada sesión será diferente.
De todas maneras, la narración oral
tiene también su cuarta pared, seguramente más difícil de franquear que la del
teatro, por ahora al menos. Esa pared, ese muro es el de la invisibilidad. Si
preguntamos a una persona aficionada a los cuentos que no viva en las
poblaciones gipuzkoanas de Tolosa u Ordizia, sobre el Festival Internacional de Oralidad Ahoz Aho que recientemente ha
celebrado en esas localidades, seguramente responderá, extrañada, que no tenía
noticia de ello. Y no es de extrañar, ya que difícilmente habrá podido recibir noticias
de ello a través de los medios de comunicación, ya que en las secciones de
cultura de los mismos la narración oral no merece ni unas míseras líneas. La
información sobre los festivales de narración oral en Euskal Herria se escriben
con tinta simpática en las páginas de cultura. Las propuestas escénicas de la
narración oral contemporánea, sus debates, las sesiones para adultos se
esconden tras esa cuarta pared. Como en el teatro estamos necesitados de romper
ese muro que nos condena a la inexistencia, para reivindicar un arte vivo. En
este Día Internacional de la Oralidad, también.
Articulo publicado originalmente en euskara en el diario GARA
quarta-feira, março 07, 2012
Piripidpit
“Piripidpit, una joven con ideas claras y mucho
carácter, tenía que casarse con el guerrero Moroiá, pero no lo soportaba”. Así
comienza un cuento de los indígenas tupari del Amazonas. Como otras muchas en
el mundo, la chica de esta historia pagó muy caro ese desprecio. “En cierta ocasión, al ser rechazado de
nuevo, Moroiá no se contuvo y, lleno de odio, juró vengarse. Después invitó a
sus amigos a tender una trampa a la joven”. Y como muchas otras mujeres, Piripidpit cayó en la trampa, y la
mataron. Después de asesinarla, encendieron un fuego y asaron el cuerpo de la
chica. “Mientras la asaban, cantaban
canciones feroces alrededor del fuego. La carne chisporroteaba como la de un
animal grasiento asándose lentamente”. Después, comieron el cuerpo de la
joven. Un cuento duro. La mujer que cuenta la historia explica que esta
historia se les contaba a las chicas que no querían casarse.
Es un cuento, del Amazonas;
desgraciadamente hay muchas Piripidpit en el mundo y fuera de los cuentos. El
universo de los cuentos nos traen el imaginario y la realidad de las personas a
través de narraciones crudas o, supuestamente, “inocentes”. El narrador, la
narradora se convierte en una suerte de intermediaria entre la historia y el
público. La narración nos cuenta una historia, pero quien la narra decidirá
cómo colocarse ante ella. La historia de Piripidpit es la de muchas que han
sido y son. Quien la narre debe decidir si la hace suya. Como en la vida en los
cuentos también tendrás que decidir desde dónde miras, y aquí también, si
colocarte las gafas violetas o no; ser guerrero, o una mujer de ideas claras y
mucho carácter.
Publicado originalmente en euskara en el diario GARA
segunda-feira, fevereiro 27, 2012
¡Ni siquiera el sueldo mínimo!
Las sesiones de cuentos no resultan
muchas veces tan placenteras como la gente cree. Algunas veces nada más acabar
mandarías todo al carajo y de regreso a casa un pensamiento te ronda en la
cabeza: “¿Cuánto habría que cobrar por este trabajo? ¿Merece la pena?”
La respuesta la encuentro en la
presentación de la programación de este año del Auditorium de Barañain en
Navarra: “(…) cobrarán lo que el público
decida con la compra de entradas: más entradas vendidas, más cobrarán”. Lo he
copiado palabra por palabra. Pero se puede entender de otra manera; el
ayuntamiento de Barañain no pagará nada por la programación cultural del auditórium.
Quizás piensen que el trabajo de los creadores no vale nada, o el público,
público potencial, decidirá si el artista come o no. ¿Qué exagero?: “¿Riesgo? Todo. Nadie les asegura los
viajes, ni los hoteles… ¡ni siquiera el sueldo mínimo! Están en vuestras manos,
en tus manos.”
Pongamos por caso que el sueldo del
responsable del auditórium de Barañain fuese en función de las entradas
vendidas; o el del diseñador del cartel; o el de la imprenta… ¿Qué pensarían? Y
además si el ayuntamiento eso lo presentara como un número de circo: “Señoras y señores, estimado público, ¡más difícil
todavía! ¡Quizás no cobren!” Pues eso mismo pensamos nosotros cuando muchos
ayuntamientos nos plantean trabajar a cuenta de las entradas vendidas, dejando
la supervivencia de los creadores en manos del azar, quitándose de encima su
responsabilidad de sostener y potenciar la cultura. La Reforma Laboral hace
tiempo que la aplican con nosotros, y en silencio; como si un sueldo mínimo y
digno fuese un capricho de artistas. Y todavía tenemos que escuchar muchas veces
eso de “¿hacéis lo que os gusta y encima
queréis cobrar? ¡Vosotros sí que sabéis vivir bien!”. Y tú, ¿qué piensas?
quarta-feira, fevereiro 08, 2012
Los lugares de los cuentos
Lo vi hace poco en una grabación. Me lo
enseño un colega. En un mercado de abastos de Quebec entra una troupe de gente.
La mayoría son músicos, tocando violines, acordeones, guitarras y distintos
instrumentos de percusión, componiendo entre todos un hermoso pasacalles entre
los puestos del mercado. Uno de los violinistas se sube, entonces, encima de
una mesa que hay en mitad de una pequeña plaza que hay en mitad del edificio
del mercado, y comienza a relatar una historia, mientras los músicos le
acompañan. Cada vez más gente se arremolina en torno a la mesa, atendiendo al
narrador que cuenta en rededor, con la voz y con el cuerpo, agitado, brioso.
Cuando la historia está llegando a su fin, un mundo rodea la mesa, escuchando,
bailando, observando. Al finalizar el relato el narrador se coloca una larga
chistera desde la que sale un humo blanco cual chimenea de tren, y uniéndose al
resto de los músicos continúan el pasacalles. Ese día el mercado más que un
lugar de compra-venta, se transformó en una fiesta, por un momento siquiera.
En estos tiempos en los que la
privatización de los espacios públicos cada vez es mayor, ocupar la calle con
alegría es hacer partícipes a los ciudadanos y ciudadanas del devenir de la
ciudad que habitan y viven. Y contar cuentos es ayudar a llevar la imaginación
a los espacios urbanos. Pero los cuentos necesitan también de otros espacios.
Un espectáculo de narración creado por un narrador, una narradora, necesita de
otros espacios. Relatar cuentos no es, sin más, maravillar a quienes escuchan
con historias bonitas, y hasta interesantes. En condiciones inadecuadas se
pierde el encanto de la narración. Un espectáculo de cuentos necesita espacios
adecuados, para que la narradora, el narrador, puedan exponer su propuesta de
manera digna, para que el público esté cómodo ante el espectáculo. Es precioso
contar a la gente que transita de puesto en puesto, en mitad de un mercado,
subido a una mesa, ya que ayuda a humanizar los espacios públicos; pero para
humanizar los espectáculos de narración hace falta otros espacios, también.
¿Los teatros quizás?
Artículo publicado originalmente en euskara en el diario GARA
quinta-feira, janeiro 26, 2012
¿Quién es narrador?

He admirado siempre a aquellas personas
que se dedican a definir el significado de las palabras, confeccionando
diccionarios. Me parece que hay que tener una gran capacidad de
conceptualización. Muchas definiciones, en cambio, no se ajustan a las
expuestas en los diccionarios, ya que se construyen en función de otros
intereses.
Tenía
interés en cómo aparecía la definición de narrador/a en el diccionario. Veamos
qué nos ofrece la Real Academia de la Lengua Española:
Narrador,
ra: adj El que
narra.
Bueno,
no especifica mucho. Veamos otra cosa:
Narrar: 1. Contar, referir lo sucedido, o un hecho o una historia ficticios.
No me sirve para lo que busco. Quizás con...
Cuentacuentos: La palabra cuentacuentos no está en el Diccionario.
Veamos una última opción:
Cuentista: 1. adj. coloq. Dicho de una persona: Que acostumbra a contar enredos, chismes o embustes.
2. com. Persona que suele narrar o escribir cuentos.
3. com. colq. Persona que por vanidad u otro motivo semejante exagera o falsea la realidad.
Bueno parece ser que esto ya se ajusta
más a lo que busco, sobre todo la segunda acepción. Aunque en ninguna logro
encontrar aquella definición que trata la narración oral como oficio.
Pero yo en realidad quería saber, simplemente, quien es narrador, cómo definir a quienes tienen esta actividad
como oficio, ya que últimamente andamos perdiendo el tiempo en estas
cuestiones. Y todo por la necesidad de definir el oficio en función del mercado.
De todas maneras, ¿Quién dicta quien es narrador, cuentista, cuentacuentos,
cuentero? Quizás sea el precio a pagar por enredar en este maldito mercadeo
cultural donde lo único que importa son las cuentas, más que los cuentos.
Pintura de Mariana Sellanes
Artículo publicado originalmente en euskara en el diario GARA.
Pintura de Mariana Sellanes
Artículo publicado originalmente en euskara en el diario GARA.
quarta-feira, janeiro 11, 2012
La historia del niño que quería dibujar una raya
Jo sabi un conte.
Una vez un niño estaba extrañado por no
ver la línea de la frontera en el suelo, tal y como aparecen en los mapas. “Si no hay rayas, ¿cómo sabes dónde está la
frontera?”, preguntó. En lugar de recibir la respuesta demandada, tuvo que
escuchar toda una perorata sobre los mojones fronterizos. Pero, seguramente, no
iba tan descaminado, ya que si en la realidad no existen esas líneas
imaginarias que diferencian dos territorios, ¿cómo podemos saber en cuál de
ellos estamos?; sobre todo si quieres contrabandear, o escapar, o, quizás,
hacer más interesante el interesante país de esa amante tan interesante.
El niño no quería saber, en realidad,
dónde estaba la línea sino él mismo. Entonces podría decir: “¡He estado en el extranjero!”; y sus
compañeros de clase escucharían boquiabiertos las historias de las gentes y los
lugares allende la frontera. Por eso quería dibujar una raya en el suelo, para
hacer un viaje maravilloso.
Acaso, para eso están las fronteras,
para que contemos historias maravillosas. Pero dejemos ahora al niño dibujando
su raya.
El monte Urdaburu no es un monte alto,
es más bien pequeño, de unos 600 metros, fácil de ascender. En cambio, nada más
llegar a su pequeña cima una hermosa visión nos rodea. A nuestros pies el
bosque de Añarbe, extenso, extraordinario, mágico. Hacia el sur montes hasta el
horizonte, salpicados de caseríos, prados y frondosos bosques. Al girarnos, al
norte, podremos ver a lo lejos San Sebastián/Donostia y los pueblos de la
cuenca del Urumea, rio que bordea el Urdaburu. A la derecha el valle del
Oiartzun, alternando lo rural y lo estrictamente urbano; más a la derecha las
poblaciones del valle del Bidasoa. Y como fondo de todo ello el mar. En la
misma cima del Urdaburu existe un mojón fronterizo, que marca los lindes de
tres poblaciones: Donostia, Hernani y Errenteria. Y sentándote encima
reflexionas sobre dónde te encuentras en ese momento. No ves líneas divisorias
en el suelo. Y piensas: ¿Será este mi mundo? ¿Habrá otro mundo más allá de las
montañas y la mar? ¿Cómo se señala nuestro lugar en el mundo?
Escuchemos la historia de esta chica.
Una joven quiso saber hasta dónde
llegaba el mundo. Había oído que allí, a lo lejos, había un precipicio
gigantesco, desde el cuál caía el mar al infinito. Decían que aquello era el
fin del mundo.
Se despidió de los de casa y se fue. El
viaje era largo, muy largo. Atravesó los montes que veía desde la ventana de su
casa, los lindes de su mundo. Desde allá arriba se extendían ante sus ojos
verdes prados infinitos. Cruzó bosques y ríos, desiertos y selvas. Conoció
lugares y gentes extraordinarios. Y cuando preguntaba sobre el final del mundo
le respondían: “Más adelante, más
adelante”.
Recordó la historia de las ovejas.
Cuando
todos los seres vivos hablaban, las ovejas andaban buscando frescos y sabrosos pastos.
Pero cada vez que agachaban la cabeza para probar la hierba, esta les decía:
“Más adelante mejor, más adelante mejor”. Y seguían adelante sin probar bocado.
Pero más adelante recibían la misma respuesta: “Más adelante mejor, más
adelante mejor”. Al final la ovejas decidieron: “Aquí mejor, aquí mejor”. Y
desde entonces podemos ver en nuestros montes a las ovejas disfrutar de los
verdes pastos.
¿Dónde acababa el mundo? ¿Más adelante,
más adelante? Iba ensimismada en estos pensamientos cuando vio una vieja
cabaña. Estaba en mitad de un claro que se abría en el bosque. A la puerta de
la cabaña había un hombre sentado, un hombre anciano. Plácidamente sentado.
Mientras la chica se acerca al anciano
os contaré una cosa.
Una vez, mientras cuidábamos las
ovejas, o las ordeñábamos o les dábamos a comer avena, ya sabéis para que se
“calentasen” antes de enviarlas a los prados estivales de montaña, Manex me
dijo, sin ninguna razón previa, a mi entender por lo menos: “Sigue así, hablando euskara, ya que sin eso
no somos nada”. Y siguió con su trabajo. Nacido en aquel caserío de
Azkarate, cerca de Saint Jean Pied de Port/Donibane Garazi, estuvo de pastor
emigrante en Estados Unidos, en Nevada, y regresó para hacerse cargo del caserío,
con sus ovejas y sus viñas. Ese mundo suyo casi exclusivamente sólo existía en
euskara, siendo el francés un idioma algo extraño en su boca.
Cada quince días cruzaba en tren la
frontera en Hendaia de regreso al caserío. Allí montaba en otro tren hasta
Baiona, y después, en un tercer tren, llegaba hasta Garazi/ St Jean Pied de
Port. Cada vez, en el puente internacional la policía me sacaba de la fila y me
hacía esperar mientras hacían “comprobaciones” con mi documento de
identificación. Después me dejaban seguir. Cruzar la frontera no era tan libre.
Cuando llegaba al caserío, la única documentación era el idioma, ya que la
existencia no estaba en un número de un documento de identificación.
Dejemos estas cosas y sepamos qué le ha
ocurrido a la joven, la que hemos dejado acercándose a la cabaña del anciano.
El anciano estaba sentado a la puerta
de su cabaña, plácidamente. Ha visto acercarse a la joven. Al llegar a su lado,
se han saludado. El hombre invita a la joven a sentarse y le pregunta qué le ha
llevado hasta aquel apartado lugar. La joven le responde: “Estoy haciendo un viaje para saber dónde acaba el mundo”. El
hombre, después de un silencio vuelve a preguntar: “¿Por qué?”. “No sé, por
curiosidad quizás; pero querría conocer lo que existe más allá”. “Yo –dijo el anciano-, no conozco más que estos lugares. Esta
cabaña mía, los prados de alrededor, el bosque y esos montes. Ese es mi mundo,
pero me gusta sentarme aquí, tranquilamente y observar, descubrir a cada
momento nuevos detalles, el constante cambio de la naturaleza. Y conocer cada
día algo nuevo o alguien. Tú, por ejemplo. Seguramente el mundo será extenso,
inabarcable para mi imaginación, la pregunta en cambio es: ¿qué lugar tengo yo
en ese mundo? ¿Tú has encontrado tu lugar en el mundo haciendo ese viaje?”
La joven no supo qué responder. Sentada
al lado del anciano observó los alrededores, los prados, el bosque, los montes,
escuchó sus sonidos, miró el riachuelo.
¿Qué estará haciendo el niño que hemos
dejado dibujando una raya? Veamos. En el parque cercano a su casa comenzó a
pintar una raya; fue continuando esa línea hasta darle la forma de una casa. Al
final había dibujado una preciosa residencia. Después se colocó dentro y dijo: “Esta es mi casa”. Alguien, seguramente
una persona adulta, le dijo: “Pero no le
has puesto puerta a tu casa, sólo el hueco, si te descuidas entrarán los
ladrones”. Entonces el niño respondió: “La
casa no tiene puerta para que venga de visita quien lo desee; una casa sin
amigos ni visitas es una casa triste y aburrida”.
E cric cric
Mon conte es finit
E cric crac
Mon conte es acabat
Passi per mon prat
Ambe una culhèra de favas que m’n donat.
Escrito leído en los Encontres Literaris 2penents. Rencontres litéraires des deux versants pyrénéens, celebrados en Pau (Bearn-Occitania), con el lema "Fronteras"
http://www.hestivoc.com/Rencontres_Litteraires.99.2.html
http://www.hestivoc.com/Rencontres_Litteraires.99.2.html
terça-feira, janeiro 10, 2012
El hombre que perdió la memoria
La memoria es un barco que navega. Entre tormentas y mares en calma. Y cuando arriba a un puerto recuerda la navegación.
Y aquel hombre perdió la memoria.
Era un náufrago en la vida. No recordaba nada de lo que vivió, por lo que inventó su vida. Y contaba todos lo que ocurrió sin haber ocurrido.
Un buen día llegó un joven que lo reconoció. Conocía sus recuerdos olvidados y su memoria perdida. Y se la contó.
El hombre que había perdido su memoria pensó. Valoró su vida anterior. Valoró sus recuerdos traídos por aquel joven. Y decidió.
El hombre que perdió su memoria decidió prescindir de ella. No amaba navegar por mares procelosos ni océanos interminables. Prefirió aquel puerto donde un día atracó.
Y el hombre murió. Y aquel joven recordó su memoria. Pero nadie le creyó.
Y aquel hombre perdió la memoria.
Era un náufrago en la vida. No recordaba nada de lo que vivió, por lo que inventó su vida. Y contaba todos lo que ocurrió sin haber ocurrido.
Un buen día llegó un joven que lo reconoció. Conocía sus recuerdos olvidados y su memoria perdida. Y se la contó.
El hombre que había perdido su memoria pensó. Valoró su vida anterior. Valoró sus recuerdos traídos por aquel joven. Y decidió.
El hombre que perdió su memoria decidió prescindir de ella. No amaba navegar por mares procelosos ni océanos interminables. Prefirió aquel puerto donde un día atracó.
Y el hombre murió. Y aquel joven recordó su memoria. Pero nadie le creyó.
quarta-feira, dezembro 28, 2011
Inocente
Un
cuento tradicional nos explica la procedencia del dicho “la verdad de Getaria”
(en castellano algo así como “verdad de perogrullo”). Esperando no levantar
demasiadas iras entre los getariarras, la expondré por encima siquiera.
Parece
ser que en Getaria (Gipuzkoa) no conocían la verdad y teniendo la necesidad de
ella enviaron a tres personas a Iruñea (Pamplona), con el encargo de pedírsela
al obispo. Al llegar a la ciudad tres estudiantes tunantes viendo en ellos la
oportunidad de sacar unos cuartos para la merienda de ese día, les engañaron
convenciéndoles que ellos trabajaban para el obispo y que se la pedirían en su
nombre. Al cabo de un rato y tras el pago de unas monedas, les entregaron una
sopera tapada, diciéndoles que allí dentro se encontraba la verdad del obispo,
pero que no abrieran el recipiente hasta llegar al pueblo. Y los tres paisanos
tomaron el camino de regreso. Al llegar al pueblo, todos los habitantes se
agolpaban en el salón de la casa consistorial, ávidos de conocer la verdad.
Cuando depositaron la sopera enseguida se percataron de la pestilencia que
surgía de aquel recipiente. El alcalde, queriendo comprobar si el gusto se
complementaba con el olor, introdujo un dedo en la sopera y después de
llevárselo a los labios, exclamó: “¡Esto es mierda!”. Se acercó el cura y,
efectuando la misma operación, confirmó: “¡Es verdad!”. Y en Getaria todo fue
alegría y alborozo.
Son
muchos los relatos populares a lo largo del mundo que nos hablan de la búsqueda
de la verdad. La misma Biblia nos presenta a Dios como la única y verdadera
Verdad. La búsqueda de la verdad es un camino interminable para las personas
humanas; y en nombre de esa verdad se han dicho grandes mentiras y cometido
atrocidades enormes. Pero a quien todo lo cree lo tenemos por una persona
inocente; en cambio, al mentiroso lo tomaremos por lúcido, despreciable acaso,
pero alguien que sabrá abrirse camino en la vida. Habrá quien se ría a costa de
los de Getaria por ser tan inocentes, sin caer en la cuenta que no es más que
un cuento, y, quizás, sin percatarse de que sus verdades están envueltas en la
pestilencia de sus mentiras.
Publicado originalmente en euskara en: http://www.gara.net/paperezkoa/20111227/311961/eu/Inuxente
sexta-feira, dezembro 16, 2011
El teatro desnudo
“Puedo tomar cualquier espacio vacío y
llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio vacío mientras
otro lo observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto
teatral. Sin embargo, cuando hablamos de teatro no queremos decir exactamente
eso”[i].
Con estas palabras abre Peter Brook su conocido ensayo “El espacio vacío”.
Por supuesto esto no es más que el principio, a partir de aquí nos ofrece una
hermosa lección sobre el arte teatral. Pero por ahora quedémonos con esa
reflexión, es decir, ¿de qué hablamos cuando hablamos de teatro? Comencemos por
la simplicidad, por el hecho teatral en su concepción básica, como hicieron
Eugenio Arozena y Xabier Lete en su trabajo dramático “Antzerkia deuseztik izatera” (El teatro de la nada a la
existencia”, obra escrita para el grupo teatral Intxixu. En este trabajo
escénico planteaban un recorrido por distintas expresiones escénicas y
teatrales desde las representaciones prehistóricas hasta la época
contemporánea.
Esa
concepción vacía de la acción teatral que plantea Brook quizás pueda
entroncarse con aquellas representaciones prehistóricas, cuando aquella
simplicidad era suficiente para expresar las preocupaciones y reflexiones sobre
la existencia humana y su lugar en el mundo. Con la evolución de la Historia,
el teatro evolucionó también. Se fue llenando aquel espacio vacío. El escenario
se cubrió con un edificio. Ese edificio se convirtió en un espacio elegante. Y
con ello, el hombre que cruzaba el escenario perdió importancia en beneficio
del continente. Asistir al teatro se convirtió acudir a una estructura
arquitectónica. Aun espacio lleno, lleno de cosas. “Decimos que el cine mata al teatro tal como era cuando nació el cine,
un teatro de taquilla, salón de descanso, asientos con bisagra para permitir
libremente el paso del público, candilejas, cambios de decorado, entreactos,
música, como si el teatro fuera por propia definición esto y poco más”.
Ya
hace años que el escritor inglés publicó ese importante trabajo y propuesta
teatral. Hace años, también que la pareja Arozena-Lete propusieron ese viaje
escénico para salir de la inexistencia. En estos momentos que presentan los
presupuestos institucionales se vislumbran también viajes de retorno, hacia la
nada, el vacío. El teatro se está convirtiendo en un escenario vacío. Ahí están
los edificios, con sus ventanillas, asientos reclinables, telones y decorados;
pero si uno se coloca en mitad de la platea no escuchará los pasos del hombre
que cruza el escenario. Ni el juego parateatral de Xelemon. Percibirá el teatro desnudo, ya que los actores están en
la calle, fuera del edificio, representando la nada.
Artículo publicado originalmente en euskara en la revista ARGIA: http://www.argia.com/argia-astekaria/2302/antzerki-biluzia
terça-feira, dezembro 13, 2011
¿Qué contar? ¿Cómo?
“¿Las
personas hacen la sociedad, o la sociedad las personas?”, se preguntaron hace
tiempo en la sociología. Al contar cuentos suelen aparecer de vez en cuando
reflexiones y dudas del estilo, es decir, ¿Es el cuento el transmisor de ideas,
actitudes o valores, o lo es el narrador? En ello estábamos Bea y yo, charlando
sobre el tratamiento de la mujer en los cuentos tradicionales. Discusión tan
vieja como enredada, ya que, añadido a las reflexiones y discusiones que
podamos tener los narradores y narradoras sobre el tema, hay que tomar en
cuenta la acogida y respuesta por parte del público en relación al tema que nos
ocupa. ¿Contar los cuentos tradicionales tal y como los recibimos o cambiarlos?
¿La creación en función de las ideas, o las ideas en función de la creación? Del
mismo que Brecht puso a un obrero preguntándose ante la historia, los
narradores y narradoras, como sujetos creadores, tendremos que hacernos
preguntas ante los cuentos.
Los
cuentos tradicionales me encantan y soy un ferviente defensor de ellos. Los
cuentos de tradición oral, a diferencia de los escritos, no son relatos
acabados, fijos, estáticos; por el contrario, son relatos comunitarios que viven
en constante transformación. Son creaciones que han ido adaptándose a través de
los tiempos y culturas. ¿Qué se puede, entonces, cambiar y qué dejar? He ahí la
cuestión. Para responder, o intentarlo al menos, a tal cuestión es
imprescindible y necesario conocer los cuentos tradicionales, así como sus
evoluciones temporales y culturales. El narrador, la narradora, tendrá que
reflexionar sobre ello, pero, al mismo tiempo, reflexionar en torno a la
sociedad que habita, sus posiciones, actitudes, contradicciones. Quien cuenta
cuentos no puede ser un creador que viva aparte de la sociedad. Pero, ¿sólo los
narradores?
Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20111213/309451/eu/Ze-ipuin-kontatu-eta-nola
Publicado originalmente en euskara en el diario GARA: http://www.gara.net/paperezkoa/20111213/309451/eu/Ze-ipuin-kontatu-eta-nola
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