quarta-feira, junho 09, 2010

Koldo Ameztoy narra el mito de Aracne

El narrador vasco Koldo Ameztoy presenta un nuevo espectáculo de narración sobre el mito de Aracne, junto a diversos músicos y una acróbata. La narración vasca tiene en Koldo su representante más innovador.

Arachnée... sur la toile

Voilà qui était tentant : mettre Arachnée sur la toile...
C'était à l'automne dans le cadre des Rencontres en Vasconie qui réunissaient la Compagnie Lagunarte et le collectif ça-i, avec Koldo Amestoy, Serges Mahourat et de nombreux musiciens. Koldo racontait la légende d'Arachnée... Avec lui, suspendue à sa corde-fil, la trapéziste Laetitia Vieceli. Le décor projeté est de Coline Hateau.
Photos : collectif ça-i





terça-feira, junho 08, 2010

Somos lo que escuchamos


“¿Puede alguien de vosotros contar una historia?”. Los narradores de la noche. Rafik Schami

Somos lo que contamos, pero, sobre todo, somos lo que cuentan. Y un hombre perdió la palabra. De repente, no salía ninguna palabra de su boca. Decía que el sueño le robó la palabra. Que se quedaron en los sueños, sin poder salir de allí, eso pensaba. Creía que tuvo una pesadilla. O que había hablado demasiado y las palabras se cansaron, perezosas para despertarse. Quizás el roncar tendría algo que ver. Alguna vez oyó decir que los ronquidos rompían las palabras, que por eso muchas veces, al despertar, las palabras salían torpes. Eso le ocurría muchas veces, pero luego se recuperaba. En esta ocasión, en cambio, se perdieron completamente, en algún atajo del sueño. Y lo peor era que no sabía si la enfermedad duraría un tiempo o se quedaría así para siempre. Mientras tanto, tendría que acostumbrarse a vivir sin decir palabra. Y descubrió nuevos mundos. Escucho sonidos desconocidos hasta entonces. Los ecos de los pasos de la gente. El reventar de las gotas de lluvia en las calles. Los murmullos de la gente en los rincones. Sus pasos. Su respiración. Aprendió también a mirar. Los gestos de los amigos, los detalles de sus andares. Desde que perdió la palabra descubrió nuevos territorios fantásticos, en casa y en la calle.

Recuerdo que de pequeño, me despertaba el eco de los tacones de una mujer que descendía, apresurada, camino del trabajo, por la cuesta de Galtzaraborda. Y esos tacones presurosos me recordaban el tiempo que me quedaba para ir a la escuela. Un poco más tarde, bajo la ventana, un coche se ponía en marcha. Todavía el día no había comenzado y el tener aún tiempo para dormir hacía que me envolviese más gustosamente en las sábanas. Todavía hoy, el lugar del reloj lo ocupan distintos sonidos madrugadores. Son ruidos nocturnos. El camión de la basura, sobre las dos. Hacia las cinco, la radio de la furgoneta del repartidor de pan. Más tarde, hacia las seis, el maldito ruido de la maldita máquina barredora. Y a partir de aquí distintos ruidos y sonidos se van uniendo al nuevo día. Hay, en cambio, sonidos que pasan si que nos demos cuenta. Que los ruidos de la ciudad, o los nuestros, nos impiden oírlos. Sonidos comunes, sin importancia, humildes, pero que nos ayudan en nuestra cotidianeidad. El sonido de las llaves, cuando estamos deseosos de llegar a casa y bailan en nuestras manos. Serían anunciadores de nuestro descanso, si les prestásemos atención. El ritmo de la respiración del amigo cuando habla, que, quizás, nos indica otra intención en lo que nos cuenta. Cuando caminamos por la calle, el sonido de la música que sale de una casa, mostrando la intención socializadora de quien o quienes la habitan. Cuando llueve, el sonido del tremolar de las gotas que caen de los tejados. Nuestras calles, y nosotros mismos, estamos hechos de pequeños sonidos y ruidos, que nos acompañan durante toda la vida, como una banda sonora no buscada de nuestra vida.

Y por la ventana llegan las notas de un violín. Sentado en un banco de la calle, un hombre juega con los sonidos que hace surgir de las cuatro cuerdas. Son composiciones conocidas, pero con un alma propia. La música, como muchas acciones humanas, es juego, y ese juego es lo que nos atrae. Delante suyo hay una pequeña caja de cartón, para quien lo desee deposite unas monedas. No parece una situación extraordinaria, sino bastante común, como muchas que ocurren en nuestras calles. Los transeúntes van de un lado a otro. Alguien detiene su marcha unos segundos para depositar unas monedas. El músico se lo agradece sin dejar de interpretar la pieza.

Y el granizo golpea rítmicamente los tejados y las calles, creando gran estruendo. Todo se para durantes unos instantes. La gente busca refugio. Esta caída celestial está en boca de todos. Y cuando cesa, se puede escuchar el ruido de los trozos de hielo al romperse bajo los zapatos, y el chapotear en los charcos. Cuántos pequeños ruidos, y sonidos, y ecos de vida no perderemos en nuestros pueblos y ciudades. Andamos a prisa, recogidos en nosotros mismos, sin poner atención en los pasos del otro, al sonido y al ritmo de sus palabras. Como el corazón, la ciudad tiene sus latidos, señal de que está viva. Silenciarlos es como silenciar su corazón. Silenciarse no es, simplemente, callarse, quedarse sin decir nada, o sin saber qué decir; callarse es también dar descanso a la mente. Como en la música, al hablar el silencio también tiene su valor, dándole ritmo al significado del discurso. Como el corazón con sus latidos expresa nuestro ritmo de vida, los silencios en el discurso expresan el ritmo de nuestros pensamientos. De todas maneras, como el corazón, los discursos también pueden estar afectados de arritmia, o al borde del infarto. A pesar de ello, tendríamos que saber diferenciar cuando callamos y cuando nos mandan callar, cuando nos niegan la palabra. Si no sabemos la diferencia es inútil; entonces no escucharemos los sonidos de nuestras calles, y los mundos maravillosos que ofertan no crecerán en nosotros.

sábado, junho 05, 2010

Libros viajeros


Hay en Colombia un maestro que acompañado de su burro, se dirige hasta las comunidades del entorno donde vive. Con el burro de las riendas, viaja por los caminos. Hace una gran burrada este maestro con estas salidas. A los lados de las alforjas del burro está anunciado: Biblioburro. La imagen más extendida de la incultura, la metáfora universal de la insensatez, el embrutecimiento hecho carne, el burro, viaja por los caminos cargado de libros, contra la incultura, sensatamente, dando aliento a la ternura. Esperan mayores y niños. Bajo el árbol, el maestro extiende los libros, para que, quien lo desee escoja uno. Mientras tanto habla de lo que ocultan y descubren los libros. Después de unas horas, carga de nuevo el burro y regresa a casa el maestro caminador, acompañando a su Biblioburro. En casa lo esperan cientos de libros apilados en cajas, esperando conocer esos caminos. No esperaran mucho; pronto subirán al burro, desperdigando palabras por los caminos.

En un banco de un parque hay un libro solitario. Quizás olvidado. No hay nadie en los alrededores. Llega un paseante y se sienta. Mira por encima el libro, curioso. Por pasar el tiempo, acaso, comienza a ojearlo. Al poco tiempo se encuentra totalmente atrapado en la narración. Tiene que regresar a casa y se lleva con él el libro, ya que no puede abandonar aquel libro sin conocer su última página. A los dos días lo deposita en el mismo banco. Se aleja. Llega una andarina. Se apercibe del libro. Lo mira por encima. Lo ojea.

El escritor Santiago Alba comentaba, en un desayuno-encuentro realizado en la Asociación Cultural Mikelazulo, que “estamos perdiendo el valor de las cosas”. Desechamos enseguida las cosas, sin darles tiempo a envejecer. No les damos tiempo para hacerlas nuestras, parte de nuestras vidas. Lo viejo está condenado; clasificamos, compramos y desechamos las vestimentas por temporadas; sin darle tiempo a tomar la forma de nuestro trasero, despreciamos la silla por pasada de moda. Y los libros escasamente duran un mes en los escaparates. Sustituimos el papel por la pantalla en aras de la novedad. El libro es una cosa que ocupa demasiado lugar y acumula demasiado polvo. Y las bibliotecas se tornan estudiatecas en época de exámenes.

Los libros, no obstante, no son, simplemente, un objeto; son las guaridas del pensamiento humano, y solo adquieren sentido cuando otra persona los lee. Los libros son expresión humana, buena o mala; para bien o para mal. El libro nos pone en comunicación intelectual con otra persona. Y el pensamiento necesita tiempo. El remojo del tiempo. Una biblioteca no puede ser un simple almacén. Un apilar de objetos. Tiene que ser la viajera de los caminos encima de un burro. El libro olvidado que enciende la curiosidad de los paseantes. La casa que le da tiempo al tiempo. El albañil que libera al pensamiento de sus cuatro paredes.

segunda-feira, maio 17, 2010

Hacer Cuentacuentos

"¿Esta semana tienes que hacer un cuentacuentos, no?", me recordaba por teléfono una periodista, antes de proponerme una pequeña entrevista en torno a la sesión de narración. Con la sonrisa en los labios, cercano a la carcajada; y con una potente imagen en la mente, estuve tentado de responder otra cosa, pero me contuve y le confirmé la actuación. En este oficio de palabras, palabras que construyen imaginarios, a veces absurdos, mas con una gran carga significativa, el calificar una sesión de narración oral como hacer un cuentacuentos, no puede sino ahondar en esa construcción de imágenes imborrables, haciéndonos, al mismo tiempo, reflexionar sobre la, cuando menos, torpe utilización del idioma, así como al continuo vaciamiento de contenido que hacemos de palabras y expresiones, fruto no tanto de una evolución y transformación enriquecedora del idioma, sino de la cada vez más notoria falta de reflexión tanto sobre lo que decimos como en nuestras vidas mismas.
Volvamos con la periodista. Después de su pregunta, lo primero que se me vino a la cabeza fue la imagen de pedir una voluntaria entre el público asistente, ya que yo había ido allí para hacer un cuentacuentos, tal y como anunciaron en la radio. Después comenzaron a cruzar por mi mente distintas situaciones sugeridas por la cuestión. Me imaginaba en casa de mis padres, diciéndoles, entre bocado y bocado de merluza en salsa verde: "Bihar ipuin kontalari bat egin behar dut Bilbon" (Mañana tengo que hacer un cuentacuentos en Bilbao). Después mi madre comentaría con sus compañeras jubiladas del coro que su hijo se dedicaba a hacer cuentacuentos. Casi al mismo tiempo, otra situación absurda me desbordaba la mente. Me veo hablando con una amiga y preguntándole: "Nahi duzu nirekin etorri?, arratsaldean ipuin kontalari bat egin behar dut" (¿Quieres venir conmigo? Tengo que hacer un cuentacuentos esta tarde). Solo por ver la cara, tanto de mis padres como de la colega, merecería la pena hacer realidad esas situaciones imaginadas.
Pero no pongamos en la picota a la pobre periodista, ya que no es una expresión que se haya inventado ella. Una y otra vez escucho a personas que narran, de manera más o menos continuada, así como a otras personas que se dedican a organizar este tipo de actos, la expresión "tengo un cuentacuentos" . Da la impresión de que dicha manera de definir una sesión de narración oral se está estandarizando de manera alarmante. Es por eso que conviene recordar el asunto. Hacer un cuentacuentos tiene que ver con la reproducción de una especie, en este caso de gente que cuenta cuentos. Llevar a cabo una sesión de narración oral es otra cosa, no necesariamente sexual.
No me encuentro entre las personas capacitadas para dar lecciones filológicas, y menos en castellano, pero aún no siendo así, pienso que la preocupación por mejorar y enriquecer el idioma, es mejorar y enriquecer la misma narración. Algo que nunca está de sobra.
Y ahora que lo pienso, ¿no tendría alguna intención sugerente la periodista? Nunca me entero de nada.

sexta-feira, abril 30, 2010

Budapest 1944. Mentiras que salvaron vidas

de Alessandra Rombolà y Marina Sanfilippo


Espectáculo en el que la narración de hechos reales en la Hungría ocupada por los nazis se realiza a través de la palabra y de la música (texto oral de Marina Sanfilippo, música de Alessandra Rombolà, G. Kurtag, Ervin Shulhoff y tradicional sefardí).

La narración, que reconstruye la aventura del italiano Giorgio Perlasca que se fingió diplomático español y gracias a sus mentiras logró salvar la vida a más de cinco mil judíos se basa en distintas fuentes (el mismo Perlasca, Arendt, Deaglio, Hilberg, Horthy, Kertesz, Levi, Pressburger, etc.).

Fecha y horario: 7 de mayo de 2010

Lugar: Biblioteca “Rafael Alberti” (C/ Sangenjo 35, metro Herrera Oria)

Entrada: libre hasta completar aforo

quinta-feira, abril 29, 2010

Un barco que navega

A veces, por alguna extraña razón, las ideas toman forma. Y se convierten en palabras. Y ocurre también que las palabras se convierten en ilustraciones. Y suceden cosas como esta. Sobre todo gracias a la maravillosa imaginación de la pintora venezolana Mariana Sellanes.








domingo, abril 25, 2010

El territorio libre del idioma

El poeta Joseba Sarrionandia escribió que el euskara es nuestro único territorio libre. El idioma como territorio de libertad. Aún no siendo una idea original, siempre nos hace reflexionar sobre la importancia de esa creación humana tan etérea, y al mismo tiempo, tan telúrica, como es el lenguaje. La lengua como lugar donde se desarrollan nuestras vidas. Instrumento de expresión y creación, que surge de increíbles y desconocidas conexiones neuronales, corrientes eléctricas que surcan nuestro cerebro, construyendo, o colaborando al menos, en ser lo que vamos siendo.
Las personas que nos dedicamos al oficio de relatar historias nos adentramos en ese territorio libre, donde todo es posible. Al construir mundos imposibles, entrando en esas conexiones neuronales de quien escucha nuestras historias, supone una responsabilidad extraordinaria, primero para con nosotros mismos. Imaginar lo que acontece en un relato es imaginar lo que podría ser; por lo tanto es imprescindible que al abordar una narración seamos capaces de imaginar ese territorio libre que habita en las palabras; ¿cómo, sino, podremos trasladar todo ello a la imaginación de quienes nos escuchan? Pero ese viajar por el territorio tan familiar y, al mismo tiempo, desconocido del lenguaje exige investigar, estudiar, conocer los recovecos del idioma. Del mismo modo que la capacidad de andar no nos asegura por si misma el poder correr un maratón, no es suficiente con pensar que por el mero hecho de hablar un idioma la capacidad para contar cuentos viene dada. Si de verdad queremos transitar por ese único territorio libre que, parece ser, nos queda, será necesario conocerlo, descubrirlo, hacerlo nuestro; para saber por donde pisamos; para imaginar hacia donde queremos ir; para descubrir nuevos caminos; para jugar con las palabras, que es jugar con nosotros mismos y con los demás. Para, en definitiva, disfrutar compartiendo ese maravilloso territorio.

quinta-feira, abril 08, 2010

Vaciar la palabra




Visitar el Museo Oteiza no es solamente disfrutar con las creaciones de uno de los escultores más significativos del s.XX; es, además, adentrarse en las reflexiones en torno a la creación artística y su sentido en relación con la existencia humana. Tanto su figura discutida y discutidora, como sus creaciones y reflexiones, siguen siendo hoy en día fuente de reflexiones diversas. El museo emplazado en la última morada del escultor vasco en la localidad navarra de Alzuza, nos invita, además de contemplar un estupendo recorrido por su mundo creativo, a reflexionar sobre el hecho mismo de los procesos creativos y su sentido. Sus reflexiones sobre el vacío y su plasmación, tanto en sus obras escultóricas como en sus escritos, reflejan un profundo interés en entender el ser humano y el sentido de su existencia. El vacío como creación, como búsqueda de una dialéctica con la persona humana. La escultura como aquello que queda cuando se desocupa el espacio. No es la escultura los elementos que conforman la pieza, sino esos materiales son los que nos enseñan, nos emplazan el vacío. Los apóstoles del friso del santuario de Aranzazu en Oiñati, Gipuzkoa, son figuras vaciadas, sin entrañas, en las que se muestra el ser humano en sí mismo, sin nada que ocultar. La contemplación de esas figuras no es simplemente contemplar algo bello, es pensar sobre ello.
Pero, ¿es aplicable esa concepción del vacío a otros caminos creativos? ¿Puede la narración oral adentrarse en esas reflexiones en torno a la desocupación del espacio?Quizás sean reflexiones demasiado influidas por una visita museística; pero, en definitiva, eso debería ser lo interesante, que la obra de un artista suscite reflexiones en torno a distintas cuestiones. Y la narración oral no creo que deba estar ajena a cuestiones diversas que ayuden a su desarrollo y evolución, al mismo tiempo que nos hagan entender el hecho creativo humano, su razón de ser.
Y la cuestión del descubrimiento del espacio vacío como lugar de reflexión creativo en la búsqueda de entendimiento del ser humano, cuando menos, es una interesante propuesta. Si consideramos que los cuentos en boca del narrador surgen de algo tan intangible como es su mente creativa, podremos colegir que en realidad surgen de la nada, de una nada que toma cuerpo en cuanto se la rodea de unas formas que llamamos palabras. Las palabras vendrían a ser esas formas concretas, ese material que nos señala esa intangibilidad del pensamiento y la imaginación. Las palabras son sonido en boca del narrador, como en la escultura son piedra o metal. Esos sonidos demarcan la narración, señalándonos la esencia de lo que encierra el cuento. La importancia de la narración no sería entonces la forma, sino lo que esa forma esconde, lo que el narrador nos quiere contar, aquellas cuestiones de la existencia humana que habitan en su mente. La adecuada utilización y colocación de las formas, las palabras, harán posible que surja entre narrador y oyente la necesaria relación para una dialéctica narrativa, siendo ahí donde radica su importancia. Pero de la misma manera que existe una dialéctica entre narrador y oyente, existe la dialéctica entre lenguaje y pensamiento. Esta relación dinámica nos debe empujar a una continua reflexión sobre el hecho narrativo y su relación con la persona humana y su devenir existencial.
La narración, al igual que otras actividades creativas, es reflexionar, buscar, preguntar. Es quitar material, material que no nos deja ver la esencia de lo que se esconde detrás, en el interior. Buscar esa nada, donde puede que este todo, y a partir de ahí ir planteando nuevas preguntas. Y exponerlas al exterior, de forma bella, atractiva, pero planteando a quien escucha una historia, una dialéctica consigo mismo y el mundo que le rodea; mundo lleno de personas como ella, como él. Quizás, en realidad, lo que Oteiza nos quiere contar a través de sus esculturas son cuentos escondidos en sus cajas metafísicas.

sexta-feira, fevereiro 19, 2010

La Madre Bachué

Cuando un o una colega viaja lejos, o cerca, y te trae un regalo, es maravilloso. Porque quiere decir que en algún lugar del mundo, durante un instante, alguien se ha acordado de ti. Y si te regala algo que vas a guardar como un tesoro, entonces sientes que se ha acordado de tu pensamiento. Y me han regalado un par de libros de cuentos, traídos directamente de Ecuador. Cuentos tradicionales del páramo y de los andes. Cuentos ecuatorianos, venezolanos, colombianos. Algunos escritos en castellano y kichwa. Y ¿qué es un regalo si no se comparte, si lo condenas a la inexistencia?
Y ahora sé otro cuento. El cuento de la Madre Bachué. Relato corto, pero no por ello menos maravilloso. Y en pocas palabras resume muchas cosas de la historia americana. Yo sé un cuento:

La Madre Bachué

En un principio, la madre Bachué vivía aquí,; había tenido un hijo.
Ellos, los indios chichas, vivían todos aquí...y luego, los llegaron a bautizar los españoles y ellos no se dejaban bautizar... y tal vez la madre Bachué se volvió serpiente por no dejarse bautizar.

Dicen que el hijo está en la laguna del Cazadero y en la de San Pedro está ella.

Belsamina Pineda. San Pedro de Iguaque. Colombia

Entre Nieblas. Mitos y Leyendas del Páramo.
A. Vásquez, L.D. Lambí, M. Susana Ruggiero, P. Mena Vásconez y T. Calle (Eds)
EcoCiencia y Editorial Abya Yala. 2009 Quito- Ecuador

Kallaripika...

Mama Bachuemi kaypi kausaryan, shuk churitapash charishkami.
Kaypimi tukuylla Chibcha shuti runakuna kausarka... kipallami millma shimi mishukunaka wawakunata shutichinkapak chayamurka, shinapash paykunaka mana sakirkachu, chaymantami mama Bachueka amaruman tikrarka, mana shutichichun sakishkamanta...

Wawaka Cazadero kuchapimi kutin payka San Pedro kuchapimi, ninkuna.

quarta-feira, fevereiro 17, 2010

Ciencia y narración oral

La narración de un cuento es un momento, un instante fantástico en el cual la realidad toma unos derroteros alejados de la lógica enciclopédica y científica con la que, parece, estamos obligados a entender el mundo y hasta a nosotros mismos. De todas maneras esa idea, quizás, no sea tan correcta. El narrar un cuento no es un alejamiento gratuito de la realidad para imbuirse en mundos extraños y distantes; al contrario, nos adentran en los recovecos de nuestras propias existencias, como si nos convirtiésemos en investigadores inconscientes de aquellas cosas que no comprendemos y encienden nuestra curiosidad. La ciencia misma primero imagina lo que puede ser para, a continuación, tratar de darle existencia concreta. Las preguntas de la ciencia y las que surgen tras escuchar una historia parten de la misma curiosidad humana. La concreción de los resultados es lo que hace parecer estas dos visiones de la realidad humana como alejadas y, muchas veces, incompatibles.
Imaginemos por un momento un hombre del Neolítico mirando al cielo, preguntándose por la razón de su existencia en ese universo y tratando de comprender el lugar que ocupa entre todas las cosas extraordinarias que le envuelven. ¿Cuáles son las preguntas? ¿Cuáles las respuestas? Imaginémonos ahora un filósofo griego en la misma situación, especulando sobre la razón del ser y el existir. ¿Serán muy diferentes sus preguntas? ¿Y las respuestas? Sigamos imaginándonos la historia humana. Pongámonos en la situación de un astrónomo árabe o un teólogo cristiano. ¿Qué preguntas les abruman? ¿Serán sus respuestas las adecuadas? Y avancemos hasta la teoría de la relatividad, la cuántica, el big-bang, los agujeros negros... ¿No son acaso, todas ellas fruto de miradas externas que intentan responder a preguntas internas de la humanidad?
Del mismo modo, los cuentos plantean miradas hacia el interior de las personas humanas, ofreciéndonos una visión fantástica de las realidades que vivimos. Al igual que el científico imagina teorías para tratar de responder a inquietudes milenarias, el narrador imagina mundos fantásticos para plantear cuestiones que nos acompañan desde la misma existencia del ser humano. Dos caminos que, más que entrar en competencia, se complementan para entender, en definitiva, nuestro lugar en el mundo.
Tanto los narradores como los científicos deberían adentrarse en los caminos de unos y otros, ya que la ciencia es incomprensible sin mundos imaginarios, y la narración sin pensamiento científico. Allí donde termina la lógica, la fantasía complementa nuestras vidas. Y viceversa.

quarta-feira, fevereiro 10, 2010

VI trobades de narradores i narradors


(Una entrada, qué por despite no la había "pegado", pero ahora la coloco aquí, aún a sabiendas
de que llega tarde; mas con la certeza de que todo lo que llega, trae algo dentro de la botella)

A finales de Enero celebramos los sextos encuentros de narradores y narradoras, VI Trobades, en Lliria, Pais Valenciá. Salimos de Euskal Herria con un tiempo de perros y llegamos a Valencia haciendo el ridículo con nuestras vestimentas casi polares. La luz mediterránea es de lo poco que nos falta para que, ¡por fin!, el País Vasco sea perfecto. Y si eso fuera poco, la luna llena nos proporcionó una luz narrativa. En euskara a la luna llena se le denomina ilargi zaharra "luna vieja", y dicen que bajo ella los contrabandistas cruzan fronteras invisibles, reivindicando así su existencia, ellos, los condenados a la invisibilidad. Y a la manera de contrabandistas de la palabra, nos auto-convocamos para intentar cruzar fronteras inexistentes.

En el terreno lúdico, no podemos dejar de mencionar la maravillosa, entrañable, fantástica, mística, jocosa, nocturna, desternillante y desafiante procesión en honor a santa Sherezade, patrona, desde esos días, de los palabreros o, como definiría Alfonso Sastre, parlantes. Los espacios en blanco relajaron las neuronas y llenaron los estómagos. El cabaret y el concierto hicieron del contrabando nocturno un acto liberador y los nanonosequé, demostraron que el dinero no es más que papel de reciclaje.
Lo más interesante, en mi opinión, se reveló en las distintas mesas redondas y en el debate por grupos en torno a la profesionalidad. Después de seis encuentros y debates en la red, siento que el movimiento narrativo va centrando cada vez más los puntos de interés a la hora de debatir; así como la necesidad de reflexionar desde posiciones más maduradas, para poder encontrar caminos comunes que nos sean válidos a la hora de desarrollar la narración oral como actividad artística y creativa. Por supuesto que estos debates no están exentos de polémicas, desencuentros y malentendidos, pero el mero hecho de ser conscientes de ello y tratar de que se clarifiquen las cosas de la mejor manera posible, hace que, por mi parte, vea con optimismo el futuro. La proliferación de distintas asociaciones muestra la necesidad de organizarse para acometer distintos retos con una voz común. Como en los cuentos, las decisiones son difíciles, pero inevitables, no sabremos cual es el camino adecuado, pero sabemos que tenemos que avanzar. Y esto es lo que más claro he podido ver en estos encuentros. En nuestras manos está saber avanzar, sin botas de siete leguas, pero en agradable compañía. Y demostrar, que, como los contrabandistas, mientras haya palabras que llevar de una lado a otro, siempre habrá contrabando parlante. A la luz de la luna vieja.

terça-feira, janeiro 12, 2010

Contes al Harlem. Barcelona


Dins la programació de contesicuentos al Harlem Jazz Club de Barcelona,

aquest dissabte a les 20:30 Táàdem.

Podeu mirar la programació i més coses: www.contesicuentos.com


16 de gener

Tàándem
NARRACIÓ DE CONTES PER A DUES VEUS EN ECO LLIURE

Dues veus que narren en etapes successives, gairebé simultànies, el mateix conte,

com un eco: una veu traça el dibuix i l’altra afegeix el color, una veu canta i l’altra balla,

una fa les sopes i l’altra se les menja totes; tot convocant al públic en un escenari exòtic i semiòtic,

oferint-li un tast semàntic i un xic simbòlic de personatges desconeguts encara per conèixer...

Susana Tornero. Figueres, 1973. Col·lecciona i narra contes
de tradició oral de molt diverses parts del món.
www.susanatornero.com
Ignasi Potrony. Barcelona, 1954. Fa de narrador de contes de tant en tant.


segunda-feira, novembro 30, 2009

El arte de escribir

Llueve a mares. El viento parece enfadado con el mundo. No puedo respirar por la nariz, y los pañuelos de papel se amontonan en la mesa. Y tengo que escribir un artículo. Para la revista del pueblo. "El articulo", trimestral. Sobre lo que me parezca. Sobre lo que se me ocurra. Sobre lo que vea, sienta o piense. Sobre el mundo, o sobre mi mundo. Sobre todo, que lo escriba. ¿Por donde comienzo? ¿Pensando el titulo, cual bomba fantástica a la manera de Rodari? O quizás debiera pensar el tema. Sí, un tema interesante, atractivo, atrayente. Un tema que enganche desde la primera frase. Aunque tampoco es una mala opción, a la manera dadaista, plantearme la escritura automática, es decir, comenzar a juntar letras sin un objetivo concreto, según vengan a la mente mientras escribo. Tampoco es descartable el copiar un artículo enviado hace un par de años, y enviarlo de nuevo; hasta Cela repitió discurso en la entrega del Cervantes. Además, ¿quién se acordará de aquel?; y en caso de que alguien se de cuenta, siempre puedes alegar lo del traspapeleo. No, mejor dejar de lado esta opción, seguro que la descubriría una noche de cervezas, en un absurdo monólogo sobre literatura y periodismo con alguien a quien le importase el tema un pimiento.
Tengo que escribir un artículo, un artículo corto, sin pretensiones, de usar y tirar. Y no consigo pasar de una frase. Pienso en aquellas personas que escriben cientos de páginas, y sobre todo en quien las leen. No es cosa fácil el escribir. Buscar, investigar, probar, errar... No es cosa fácil el escribir. Como no lo es el leer. La escritura y la lectura, dos actividades que se necesitan mutuamente. Y quien escribe sabe que lo importante no es ese ayuntamiento, sino encontrar la verdadera razón por la cual merece la pena ofrecer el pensamiento propio a través de una serie de signos convencionales.
Y sigue lloviendo, sigue el viento cabreado. Y no queda sitio en la mesa para tanto papel arrugado.

segunda-feira, novembro 23, 2009

Habitantes de la Hojarasca

Habitantes que surgís de entre la hojarasca,
¿qué os asusta?
Quizás os escondáis
¿De qué, entonces? ¿De quién?

Descendientes de los que miraron los ojos prohibidos
¿Permanecéis, acaso, espectantes a lo que sucederá? o,
simplemente, esperáis a que el manto vegetal os retorne
a vuestro ser primigenio,
aquel en el que el tiempo transcurría inmóvil,
lejos de estos pasos que os rodean
os miran
os inquieren.

Habitantes de la hojarasca
vosotros que habitáis la paciencia
contadnos vuestra historia.

segunda-feira, novembro 09, 2009

Una niña que pregunta a la orilla del mar

¿A dónde va el agua cuando se retira el mar?- preguntó la niña.
Al otro lado del mundo- respondió su tío con la sabiduría del adulto.
¿Y dónde está el otro lado del mundo?- insistió la niña.
Pues al otro lado del mar-respondió con seguridad el adulto.
¿Y, por qué va hasta allí? -continuó la niña- ¿No le gusta estar aquí?
No es eso. Lo que ocurre es que le gusta viajar; no le gusta estar siempre en el mismo sitio.
Entonces, ¿hará las maletas no?
El mar no necesita maletas.
Entonces, ¿cómo se cambiará de ropa? Si va siempre con la misma ropa andará hecho un guarro.
Pero como es de agua, siempre está limpio.
Entonces, la porquería que está en el agua, ¿de quién es?
¡Ay! Esa porquería la echamos las personas.
¿Las personas del otro lado del mundo también?
Sí, las de todos los lados.
Entonces, las personas somos sucias, y mi madre dice que no tenemos que ser sucios.
Sí, así es.
Entonces, el mar no se va porque le guste viajar, sino para huir de nosotros.
El tío le pregunta si quiere comer un helado.
Sí, de chocolate.

segunda-feira, novembro 02, 2009

Idea para un cuento

La inspiración es como el oleaje marino, que va y viene. Ese continuo movimiento, al igual que las llamas del fuego, nos atrapa volcándonos en nosotros mismos, recorriendo los rincones de nuestro imaginario. ¡Ay!, pero cuán difícil es retener todo ese mecer fantástico desarrollándolo y fijándolo en una creación artística. Todas las personas tenemos la capacidad de imaginar, esto no es privativo de mentes privilegiadas, ni siquiera de la infancia. Mas la capacidad de concretarlo en una creación no pasa tanto por dicha capacidad como por la constancia y el trabajo de buscar la forma de darlo a conocer a los demás, como resultado de un proceso creativo.
Y así ocurre que muchas veces, nos viene al entendimiento los retales de lo que podría ser una buena historia, pero después de tratar de casar y coser dichos trozos de imaginación, no alcanzamos a diseñar ese vestido que muestre tal maravillosa historia con una estética (y, por qué no, una ética) que le haga justicia. Y entonces, la almacenamos en algún lugar de nuestra memoria, con la esperanza de que alguna vez surja con todo su potencial narrativo.
Como la historia de ese Icaro moderno, despedido de su trabajo. Desde la adolescencia trabajando en la misma fábrica, esperando a lo largo de los años la jubilación para poder seguir viviendo sin la preocupación de tener que vender su fuerza de trabajo para ello. Pero, ahora se encuentra en la calle, despedido, abandonado a las reglas de un mercado que no entiende. Y se encuentra que su vida ha perdido su sentido, no sabe hacia dónde caminar, la vida misma se le hace extraña. Sentado en un banco de un parque de un barrio proletario, se imagina que vuela sobre esa ciudad que supone conocer. Descubre su ciudad como una mar de oleaje rojizo y gris, imaginando sus habitantes como peces que surcan esas turbias aguas sin destino conocido. Con una memoria de diez segundos, simplemente nadan entre corrientes que los llevan de un lado para otro. Pero en esa pesimista imagen de sus vidas, descubre algo que le hará ver la belleza y el sentido de ese mar humano. Y sonríe en su vuelo.
Intuyo que puede ser una buena historia. Aunque, quizás, no alcance a encontrar ese camino que la convierta en eso que es dado llamar, creación artística. Puede que alg

sexta-feira, outubro 30, 2009

Noche Negra

Hace ya unos años me llamaron para contar cuentos en Mutriku, pequeño pueblo costero de Gipuzkoa. La razón de la propuesta era que ese año habían comenzado a celebrar la noche de difuntos con una serie de actos relacionados con la muerte. A la fiesta la denominaron "Gaba Beltza", la Noche Negra. Acepté encantado, por una parte por el tema en si mismo, y por otro lado porque me encantan este tipo de celebraciones que organizan colectivos con el único afán de organizar eventos de carácter popular. como emblema de la fiesta adaptaron la calabaza sonriente. Este hecho les supuso algunas críticas, ya que mucha gente lo identificaba con eso que han denominado Halloween, fiesta que los estadounidenses han sabido exportar maravillosamente, sobre todo en su vertiente consumista. Pero ellos se defendieron diciendo que, en realidad, lo de la calabaza sonriente y luminosa era una tradición que se llevaba acabo no hacía tantos años en el pueblo, ya que algunos mayores les comentaron que solían robar calabazas de los huertos (no valía si no se robaba je je je), y después de vaciarla y hacerle una cara, para después iluminarla interiormente con una candela, salían a las oscuras calles del pueblo a dar sustos a la gente. Me asombré con esta revelación, ya que yo pensaba lo mismo que los críticos. Pero mi sorpresa fue mayor cuando se lo comenté a mi madre y ella me dijo que ellos de pequeños también hacían lo mismo. Y confirmé esto cuando otra señora mayor de mi pueblo, volvió a repetirme la misma tradición.
Todo esto hizo que me preocupará, aún más, en torno a la cuestión de cómo abandonamos unas costumbres y festejos populares, con sus bagajes de mitos, imágenes, tradiciones, en pos de una supuesta modernidad, para adoptar otros que nos imponen sibilinamente, los mercados culturales. Grandes centros comerciales, medios de comunicación, películas y demás dinamizadores mercantiles, terminan por hacernos creer que lo que ellos promocionan es lo último y más moderno, sin lo cual viviríamos en la antigüedad, desconocedores de los últimos adelantos festivos.
La globalización cultural y la promoción de valores basados en el consumo es hoy en uno de los problemas más acuciantes ante los que nos enfrentamos, ya que nos educan desde niños por caminos donde la imaginación y la fiesta pasa por caja. La recuperación y revalorización de las tradiciones no tiene por qué ser una vuelta al pasado, ni una reivindicación de la idea que "antiguamente se vivía mejor", con todas sus connotaciones conservadoras; sino, un trabajo de vuelta a la evolución y transmisión de la cultura desde unos parámetros no consumistas, sino que entronquen con la realidad de las gentes y con una sociedad que se reconozca en sí misma, y no en el espejo del consumo.
Por eso me lo pasé estupendamente en la "Noche Negra". Y por todo ello aborrezco de este "Halloween" de mercadotécnia.

sexta-feira, outubro 23, 2009

La felicidad contada

Me propone Jaione dar una charla en el local de jubilados de mi barrio, Galtzaraborda. Me comenta que a los jubilados normalmente se les proponen charlas relacionadas con la salud y cosas de "mayores". En esta ocasión se le ha ocurrido, en cambio, proponerles una charla-sesión de cuentos, y hasta ha pensado en el tema: La felicidad.
Me entusiasma la idea. Le hablo de una tema que hace tiempo me ronda en la cabeza, la memoria. Es curiosa la memoria humana. Existe la memoria negada y la memoria recordada, pero también la memoria olvidada. En estos tiempos se habla también de la memoria histórica, tema apasionante (en mi caso por lo menos). La memoria olvidada en cambio, tendría que ver con la cultura que cada persona adquirimos, consciente o inconscientemente, y que está entroncada con nuestras vivencias, así como en nuestra relación con la comunidad que habitamos. La idea me vino a la mente al escuchar a mi madre como recordaba los cuentos y las historias que les contaban sus padres. Diferenciaba los relatos de la madre, cuentos más "clásicos", como Cenicienta y Kukubiltxo, con los de mi abuelo, los cuales no eran cuentos sino hechos reales, relacionados con las brujas y otros sucesos fantásticos, muchos de ellos hoy en día evolucionados en leyendas urbanas. Todo esto me lo contaba, y lo recuerda todavía de vez en cuando, después de comenzar yo a dedicarme a la narración oral. Yo no recordaba que nos hubiese contado nunca este tipo de cuentos (aunque la capacidad narradora de mi madre es infinita). Muchas de las cosas que suele comentar las conocía yo de haber leído compilaciones de cuentos vascos. Es el caso de Kukubiltxo, un relato que yo conocía de leerlo, y al escuchárselo a mi madre la mandíbula se me cayó al suelo ante la sorpresa de que lo conociese; es lo que tiene no preguntar. Algo parecido me paso con las Kutunak. Una kutuna, o Kuttuna, es un amuleto que se le pone a los niños para protegerles de los males de ojo. Eso lo aprendí yo leyendo a Jose Miguel de Barandiaran, y cuando le pregunté a mi madre si sabía lo que eran, me contestó: "Pues claro; yo os lo ponía en el pañal, una medalla de la virgen". De repente, con todas estas informaciones, que yo buscaba fuera y resulta que las tenía en casa, me dí cuenta que tanto yo como mi madre pertenecíamos a una suerte de mundo mágico del que no éramos totalmente conscientes. Con lo que me contaba mi madre me asaltó la idea de la memoria abandonada en torno al bagaje cultural que la generación de nuestros padres recibieron, y arrinconaron en algún lugar de la mente, con la idea, consciente o inconsciente, de que eso eran cuentos viejos ("Kontu Zaharrak" se dice en euskara), de otra época; los cuales, ante la nueva sociedad "moderna", en la que los "estudios" eran lo verdaderamente culto e importante, no tenían casi ningún valor. Este descubrimiento me hizo reflexionar sobre la necesidad, no tanto de la labor de recuperar esas historias, sino en la importancia de reivindicar esa memoria abandonada por la generación de nuestros padres, una memoria que nos entronca con una tradición cultural desarrollada y enriquecida a lo largo del tiempo. La importancia radica en que esa generación, y las venideras, dé valor a ese bagaje cultural, que se reconozcan en sí mismos como propietarios y transmisores de un tesoro cultural que ha llegado hasta nuestros tiempos, "por encima de las zarzas y por debajo de las nubes" (como reza la fórmula de las brujas vascas, y otros lugares pirenaicos, para salir volando).
Por eso me entusiasmo la propuesta de Jaione. Tener la oportunidad de tratar el tema ante gente de esa generación, aprender de ellos y ellas, y al mismo tiempo disfrutar contando yescucahndo historias, es algo que no se puede dejar pasar. Además, siendo un barrio de emigrantes venidos en los años sesenta desde distantes puntos de la península, principalmente Extremadura y Castilla, me da la oportunidad de viajar fantásticamente tanto por geografías como culturas distintas a la mía. Y la propuesta del tema "La Felicidad" enraiza maravillosamente con el espíritu narrativo, ya que ¿no es la fantasía una manera de buscar la felicidad? Una generación marcada por la guerra y la posguerra, encontraría en los relatos contados una manera de imaginar un mundo mejor. Eso es lo que supongo y lo que me gustaría descubrir en ese encuentro.
Recuperar esa memoria abandonada quizás sea una manera de recuperar los caminos hacia la felicidad; confiar en que la humanidad no es ese ente lleno de envidias y maldad que nos quieren hacer creer, sino una comunidad que evoluciona buscando e imaginando un mundo más justo, donde todas las personas puedan disfrutar de su existencia; a pesar de aquellos que piensan que la vida es aquello que se cuantifica en tasas de interés bancario.

Quarta dos contos


O narrador espanhol Carles Garcia Domingo é o convidado deste mês da Contos da Carochinha para a Quarta dos Contos.
Narrador por tradição familiar.Carles Garcia vem de uma larga tradição de Buhoneros ( vendedores ambulantes e transmissores de notícias) o último seu avó.
Em sua bagagem de contos existem contos maravilhosos e de humor, contos com duplo sentido ( ou triplo..) sempre com um ponto de acidez.
Histórias carregadas de ironia e sabedoria tradicional.
É um dos mais respeitados e conhecidos narradores da Europa! Com única apresentação no Porto.

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Carles Garcia
Narrador por tradição familiar. Em 1982 cria o COLECTIVO FÁBULA, um dos grupos pioneiros em Espanha pela recuperação da oralidade. Durante anos tem trabalhado de economista matutino e contador vespertino, ou seja, contava contos pela manhã e outros pela tarde. Há três anos que se dedica exclusivamente a "viver do conto".Do conto honesto.
Os contos que narra são basicamente contos tradicionais, ainda que em alguma ocasião utilize contos de autores contemporâneos ou contos próprios. É programador e responsável da" Cuentos de la Luna" noite de contos para adultos que acontece no" El Cafe de La Luna " em Logroño, Espanha e que têm 13 anos de actividades com 32 sessões de contos por ano com os mais respeitados narradores de Espanha e do mundo.
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Data: 28 de Outubro
Hora Prevista.
22h30
Bilhete:
4 euros
Local:Tertúlia Castelense
R. Augusto Nogueira da Silva, 779 Castêlo da Maia 4475-615 Avioso (Stª Maria)
+351 22 982 9425

Público Adulto

Reservas e informações: info@tertuliacastelense.com

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Quarta dos Contos

Noite de contos coordenada e idealizada pela contadora de histórias Clara Haddad.
Essa iniciativa visa promover e difundir ainda mais a narração oral e os contadores de histórias, bem como, seus diversos estilos de narrativa.

Uma vez por mês o público terá oportunidade de ouvir contos em ambiente de bar .Uma óptima alternativa para as noites de quarta-feira no Porto!
Os narradores convidados são profissionais da oralidade (de Portugal e estrangeiros) todos eles com repertórios variados e dinâmicos.Os contos não são lidos nem dramatizados, são narrados oralmente como na época dos antigos serões de contos porém com uma abordagem contemporânea.
Se quer receber a programação desta noite de contos ou a programação de cursos sobre esta arte escreva para:
quartadoscontos@gmail.com

quinta-feira, outubro 22, 2009

Quien cuenta su mal espanta

"Quien canta su mal espanta", reza el refrán, mas ¿quien cuenta que males espanta?, ¿espanta alguno?, es más ¿qué pretende quien cuenta?. Una vez me llamaron para contar en un pequeño pueblo de navarra, Arano. Dicen que es el único pueblo de Navarra desde el que se divisa la mar. Pero quizás lo más importante es que en ese pueblo nació y se crió mi abuelo, hecho que, tal vez, no sea tan determinante para la humanidad, pero sí para mi imaginario. Diminuto pueblo enclavado en un alto a mitad de camino entre Hernani y Goizueta, y a unas tres horas de caminata desde mi pueblo, atravesando un maravilloso bosque de hayas, robles y castaños. Pueblo rodeado de montes y cromlechs (construcción funeraria megalítica, inspiradora de la teoría del vacío en Oteiza). El caso es que me llamaron para contar cuentos. Sesión entrañable para mí ya que iba a contar historias allí desde donde surgieron muchas historias familiares. Disfruté de la sesión, pero unas semanas después una narradora amiga me contó. Ella estuvo contando después de pasar yo y, claro, le comentaron mi presencia, pero le contaron algo más. Una mujer mayor recién enviudada decidió asistir con una amiga a mi sesión, para de esta forma olvidarse de su pena escuchando cuentos. No esperaba que alguna historia tratase el tema de los cementerios y la muerte. Pobre mujer. ¿Qué pensamientos y sentimientos circularían por su ser escuchando tal historia? ¿A qué lugar se trasladaría sin el conocimiento del narrador? ¿A donde viaja la palabra en el entendimiento del que escucha?
El narrador que avienta palabras, ¿hacia dónde navega? ¿Qué mares invita a transitar? Quién cuenta debería saber que las historias no pertenecen a si mismo, sino a quien las embarca en su nave, pero para ello el narrador también habrá de embarcar.
¿Quien cuenta su mal espanta? Complicada respuesta, aunque puede ser que la encontremos en ese lugar común que es la comunicación humana.